Charles Taylor: los problemas y promesas de una edad secular (II)

•11/07/2009 • Deja un comentario

Sigamos explorando algunas ideas en torno a A secular age. Podría decirse, entonces, que nuestra época está teniendo, contra el supuesto de Marx, un giro hacia lo religioso o para ponerlo en palabras de la reseña un “spiritual turn” y claro, esto no es descubrir la pólvora. Si bien es cierto que las religiones institucionales no tienen la fuerza de antes, ello no quita que siempre haya una profunda inclinación humana por lo espiritual, mágico, religioso. Como digo, no hago más que describir, no es ninguna novedad. Ahora bien, de hecho hay posiciones de parte en esto y algunos, como Habermas, por ejemplo, pueden decirnos cosas como estas (sin ser él un pensador religioso): “la tesis de que una orientación religiosa hacia una realidad trascendente puede mostrar ella sola una modernidad contrita y el camino de salida de este impasse está ganando adherentes nuevamente” (Between Naturalism and Religion). Así, McLennan piensa que Taylor, con A secular age, se coloca entre ese grupo. Según él, uno de los principales logros de Taylor aquí es desafiar la idea de la hegemonía del ateísmo, la pretendida idea de que estamos en una época donde ya no se cree. Esta es una idea que critica con razón ya que está muy difundida en los círculos académicos e intelectuales y de allí es mucho más fácil extenderla hacia otros campos. En buena cuenta, veremos, para McLennan este es un libro con confesión de parte: Taylor pretendería aquí tomar posición abiertamente por el camino contrario y revalidar la experiencia de apertura a la trascendencia.

En ese sentido, como Kant lo hiciera en ¿Qué es la Ilustración?, Taylor sostiene que estamos en una época en la cual han ocurrido increíbles cambios respecto de como era el hombre en el pasado: vivimos ya en una edad secular, pero no en una de secularismo (recordando la conocida frase kantiana de que vivimos en una época de ilustración pero no ilustrada aún). Así, Taylor distinguiría entre tres modos de secularidad. Secularity 1, implica que Dios ha sido retirado de la esfera pública u oficial (aunque habría que pensar si eso sucede en el Perú, vean lo que ha comentado Gonzalo Gamio al respecto) lo cual es compatible con la mayoría de las confesiones religiosas y, diríamos no representa un problema mayor. Me gustaría trabajar más estas ideas, lo haré en algunas semanas.

Secularity 2, refiere al actual declinar de la creencia y de las prácticas devocionales, fundamentalmente en Europa Occidental. Este otro buen tema para explorar. Yo tengo a mano algunas estadísticas y constante información sobre el particular. Conviene darle una mirada a esta cuestión porque hay que repensar las dimensiones de este problema y si sólo se trata de un fenómeno Europeo. Hace como un año conversaba con Gustavo Gutiérrez de esto, ya que el respalda la tesis de que América Latina es el “continente de la esperanza”; pero yo tengo dudas sobre ese asunto. Es decir, sí: AL es un continente donde el declinar de la fe no se ha dado ni por asomo como en Europa y se podría decir, incluso, que esta ha crecido (necesitaría documentos, es sólo una impresión). Pero si esto es correcto, vienen dos preguntas fundamentales: a) ¿Es sólo una cuestión de tiempo? Hay quienes creen que este fenómeno llegará tarde o temprano también a nuestra región (como cuando esperamos una semanas más para que estrenen una película…¿cuál sería el género de esta?), como Lucho Bacigalupo. Yo he conversado de esto con él y mi impresión es que podría estar en lo correcto. Al menos es una intuición incial que comparto. Junto a eso está b): ¿por qué AL tiene fe?, ¿por qué es un continente pobre, menos desarrollado?. Esta es una vieja tesis marxista, como sabemos. “La religión es el opio del pueblo” no es otra cosa que la idea de que se da religión a las masas cuando no se les puede dar pan. Pero, como se imaginarán, yo me siento muy distante de esa posición. La pregunta sería, entonces, ¿somos diferentes?, ¿tenemos mayor disposición a la apertura hacia la fe? Este es un camino que hay que explorar, creo que Gutiérrez es la fuente ideal para ello. Lo haremos pronto.

Finalmente, está Secularity 3, que es la que más interesa a Taylor. Se refiere a las condiciones que subyacen a la creencia: “el modo en que las preguntas ontológicas y morales son aprehendidas y negociadas” (141). Nuestra época muestra una característica distinta a otras: “la fe, incluso para el más incondicional de los creyentes, es una entre otras posibilidades”. Así, “lo secular no tiene nada que ver con la disminución de la religión, por el contrario, ‘lo secular’ ahora se expande para incluir ‘todo un contexto de comprensión en el cual nuestra experiencia y búsqueda moral, espiritual o religiosa toma lugar. Creer y no creer no han de ser consideradas como ‘teorías rivales’, sino como ‘vías alternativas de vivir nuestra vida moral/espiritual’ “(Ibid.). Me detengo aquí, ya me he extendido demasiado por ahora, así que volveré sobre esta última cuestión en una entrada posterior, pero creo que hay varias cosas relevantes que decir.

Charles Taylor: los problemas y promesas de una edad secular (I)

•10/07/2009 • Deja un comentario

Me disculpo por la demora con este artículo, particularmente con mi amigo Gonzalo Gamio a quien le di un aviso muy optimista suponieno que estaría publicado hace un par de días. Como dije en la entrada sobre Obama del día martes, quiero dedicar algunas líneas a hablar de la última obra monumental de Charles Taylor, “A secular age”. Aviso, sin embargo, que dada la inmensa extensión de la misma sólo le he dado una ojeada por ahora, así que voy a comentarla a partir de una interesante reseña que apareció hace más o menos un año en la revista The New Left Review (pueden revisarla en la hemeroteca PUCP). Lo que haré, entonces, es una presentación de las tesis centrales del texto a modo de ofrecerles algunas ideas sobre de qué trata este libro. Ya con el tiempo, cuando termine de leerlo, me dedicaré a hacer una exposición más detallada y crítica del mismo en sendos posts temáticos.

Mi interés por Taylor tiene varios frentes. Es un autor que no conocí en mi paso por el pregrado de filosofía, sino en mi labor de docencia en los EEGGLL de la PUCP, por lo mismo me fui familiarizando tanto como pude con él para compensar mi desconocimiento inicial. Básicamente me acerqué a él por Gonzalo Gamio quien me lo fue presentando para trabajarlo juntos en el dictado de clases. Me pareció desde el comienzo un autor muy interesante, con propuestas sugerentes y con un análisis fenomenológico honesto de la historia, como me dijo durante mi sustentación de grado, Ciro Alegría (con algo de ironía, sospecho). Tengo mis reservas sobre algunas posiciones suyas, pero quizá sea por mi falta de conocimiento profundo y no por faltas suyas. En todo caso, Taylor me interesa por su lectura actualizada de Aristóteles y la vuelta sobre la idea de la articulación de la vida buena. Pero, además, Taylor es un conocedor de la obra de William James, que como saben es un autor que tiene mucha atención de mi parte y que es, incluso, la base de mi tesis de maestría. Taylor publica en el 2002, cien años después de las conferencias Gifford de James en la Universidad de Edimburgo, “Las variedades de la experiencia religiosa hoy”. Una revisión del famoso texto de James en la que ofrece una serie de pautas bastante importantes, quizá comente ese texto más adelante. En tercer lugar, siempre he sido un interesado por la teoría política y Taylor es uno de los íconos de dicha discusión en el mundo americano, como parte de los llamados “comunitaristas”, críticos básicamente de la posición liberal de John Rawls. Sobre ellos también publicaré textos en algún tiempo. Para vincular todo de modo articulado: Taylor me interesa porque es un pensador interesante en tanto vincula su reflexión teórica en política con su aproximación a la religión desde la premisa de la importancia de la auto-realización humana, el valor de la libertad y el sentido de la pertenencia. En ese sentido, el tema de la secularización parace volverse la idea que atraviesa estas cuestiones. Sobre ella ya había hablado Taylor, pero en esta nueva obra lo hace de modo detallado y contundente. Pasemos a dar una mirada a la misma.

La reseña de Goerge McLennan se denomina “Among the unbelievers” que es un título bastante interesante para inicar el examen de este texto. Parece ser que esta es una época carente de fe, que nos encontramos entre un mundo de gente que ya no cree. Por ello, me parece importante que McLennan comience hablando de Marx (traduciré algunas partes del texto): “De acuerdo con Marx, hacia 1844 la crítica a la religión -la premisa de toda crítica social- estaba, en lo esencial, completa” (139). Yo me he dedicado al tema de la crítica de Marx a la religión, por lo que considero pertinente colgar algo al respecto para dar más contexto: lo haré en los próximos días. En todo caso, se refiere McLennan a un breve pero determinante texto de Marx, aquel de la famosa frase “la religión es el opio del pueblo”: Introducción a la “Crítica de la Filosofía del Derecho” de Hegel. Prometo que examinaremos ese texto con detalle después, pero lo que me interesa es que el autor de la reseña parte de esa afirmación de Marx para poner en tela de juicio la idea de que esta es, sin más, una época sin religión o sin fe. De hecho, no parece ser ese el caso. Como dice McLennan más adelante: “el problema más profundo con la teoría crítica social ha sido el presuponer la verdad e inevitabilidad del humanismo secularizado, especialmente el del tipo que sobreestima la ciencia” (139). Esta frase, sin duda le cae a Marx, a su maestro Feuerbach, a Nietzsche y varias vertientes del positivismo del XIX y del siglo pasado. La experiencia, sostiene el autor, nos va demostrando que ese humanismo sin base trascendente ha tenido ciertas dificultades. En todo caso, más allá de eso, no ha sido de ningún modo una propuesta hegemónica y excluyente. La secularización, entonces, no tiene por qué implicar una época de ausencia de fe; sino una serie de cuestiones fundamentales que iremos examinando.

He’s Barack Obama

•08/07/2009 • Deja un comentario

¿Qué les parece este Obama?

•08/07/2009 • Deja un comentario

Ya, ahora sí, ¿qué dijo Mr. Obama? (II)

•08/07/2009 • Deja un comentario

Así, cierra Obama el comentario sobre la carta del doctor: “Because when we do that – when we open up our hearts and our minds to those who may not think precisely like we do or believe precisely what we believe – that’s when we discover at least the possibility of common ground”. Es la apertura del corazón la que nos permite encontrar un suelo común para trazar un destino conjunto. Así, aunque estemos en contra del aborto, deberíamos ser capaces de entender las razones profundad del corazón de una mujer cuando ella considera esta opción y no sólo juzgarle por lo que vemos como un pecado o un mal. Obama, inteligente como es, volcó esta reflexión sobre ND: “Open hearts. Open minds. Fair-minded words. It’s a way of life that has always been the Notre Dame tradition”. Esto de lo que hablamos, esta tolerancia del corazón bien intencionado, representa el espíritu de la UND. La ovación fue inevitable. Obama aprovechaba para reiterar lo que ya había anunciado el padre Jenkins: aquí lo recibimos justamente por eso, porque más allá de las diferencias, ND cree en ese suelo común que se crea a través de la apertura del corazón. Nuevamente, en sus propias palabras: “A lighthouse that stands apart, shining with the wisdom of the Catholic tradition, while the crossroads is where “differences of culture and religion and conviction can coexist with friendship, civility, hospitality, and especially love.” And I want to join him and Father John (Jenkins) in saying how inspired I am by the maturity and responsibility with which this class has approached the debate surrounding today’s ceremony. You are an example of what Notre Dame is about”.

Pero hubo algo más interesante, aunque claro en la línea de lo dicho hasta aquí. Obama se dio la libertad de hablar un poco más en concreto sobre la religión. En una versión que lo acerca mucho a la reflexión filosófica deconstructivista de la misma, lo que llamamos con Derrida la “religión sin religión” para referirnos al valor humano maravilloso detrás de las esferas de poder y las imposiciones cerradas (que no son la forma de vivir la religión de la mayoría, felizmente). Obama hizo referencia a que el no creció en un hogar fuertemente confesional, ni mucho menos; sin embargo, fue criado en una familia que lo invitó siempre a la preocupación por el otro, a la empatía. Quizá de allí, el mismo sugiere, surgió su deseo de trabajar como organizador comunitario después de haberse graduado de la universidad. Así conoció a varias organizaciones religiosas que lo ayudaron a trabajar por los vecindarios menos favorecidos de Chicago. Fue en ese contexto que la fe de Obama fue despertándose: “And something else happened during the time I spent in these neighborhoods – perhaps because the church folks I worked with were so welcoming and understanding; perhaps because they invited me to their services and sang with me from their hymnals; perhaps because I was really broke and they fed me. Perhaps because I witnessed all of the good works their faith inspired them to perform, I found myself drawn not just to the work with the church; I was drawn to be in the church. It was through this service that I was brought to Christ”. Una fe que emerge del contacto con el otro, del servicio, en la más genuina tradición cristiana. Me hace pensar en el valor fundamental de la teología de la liberación de Gustavo Gutiérrez como un énfasis fuerte en esa tradición que a veces se deja de lado. Hay frases realmente intensas en el discurso de Obama que merecen leerse ellas solas: “And at the time, Cardinal Joseph Bernardin was the Archbishop of Chicago. For those of you too young to have known him or known of him, he was a kind and good and wise man. A saintly man. I can still remember him speaking at one of the first organizing meetings I attended on the South Side. He stood as both a lighthouse and a crossroads – unafraid to speak his mind on moral issues ranging from poverty and AIDS and abortion to the death penalty and nuclear war. And yet, he was congenial and gentle in his persuasion, always trying to bring people together, always trying to find common ground. Just before he died, a reporter asked Cardinal Bernardin about this approach to his ministry. And he said, “You can’t really get on with preaching the Gospel until you’ve touched hearts and minds”. Obispo que quizá nos recuerde a gente tan valiosa como aquellos hombres de fe de Puebla y Medellín que tan preocupados estaban por el rostro humano que necesita y padece. La invitación a que los hombres de fe sean luz y a la vez un lugar en el cual los caminos se encuentren es muy clara y creo que Obama tiene toda la razón.

Y ya hacia el final, poco después del pasaje que citaba, Obama recuerda algo que yo he tratado de trabajar constantemente en el blog y que trabajo ahora en mi tesis de maestría. El pasaje es largo, pero vale la pena: Remember, too, that the ultimate irony of faith is that it necessarily admits doubt. It’s the belief in things not seen. It’s beyond our capacity as human beings to know with certainty what God has planned for us or what He asks of us. And those of us who believe must trust that His wisdom is greater than our own. And this doubt should not push us away our faith. But it should humble us. It should temper our passions, cause us to be wary of too much self-righteousness. It should compel us to remain open and curious and eager to continue the spiritual and moral debate that began for so many of you within the walls of Notre Dame. And within our vast democracy, this doubt should remind us even as we cling to our faith to persuade through reason, through an appeal whenever we can to universal rather than parochial principles, and most of all through an abiding example of good works and charity and kindness and service that moves hearts and minds. For if there is one law that we can be most certain of, it is the law that binds people of all faiths and no faith together. It’s no coincidence that it exists in Christianity and Judaism; in Islam and Hinduism; in Buddhism and humanism. It is, of course, the Golden Rule – the call to treat one another as we wish to be treated. The call to love. The call to serve. To do what we can to make a difference in the lives of those with whom we share the same brief moment on this Earth.

La ironía de la fe radica en la duda que tiene a la base. Yo he tratado de recordar esto muchas veces y de diversos modos, ya que creo que es el modo más sano y fructífero de aproximarse a la religión. Ser conscientes de que no hay certezas, de que no hay modo de probar la existencia de Dios, de que no hay modo de decir de modo probatorio que esta o aquella doctrina sobre el mundo es la mejor, es la mejor manera de creer. Eso nos da una creencia más auténtica ya que no es el facilismo de lo seguro sino la aventura de lo incierto, pero en esa aventura radica la dicha: como sugiere el texto bíblico, hagamos como el justo que cierra los ojos y se deja llevar por la fe. Pero he allí la paradoja, cuando cierra los ojos debe confiar, no “saber”. Esa es la virtud del justo que cree por la fe. Es por estas razones que Obama invita a la tolerancia y al respeto mutuo. Porque a la larga la ausencia de garantías epistemológicas nos termina diciendo algo sobre el ser humano y sobre las religiones: que al no haber certezas, lo que debe primar el la regla del amor, la regla de la mutua escucha y de la tolerancia sincera.

Ya, ahora sí: ¿qué dijo Mr. Obama? (I)

•08/07/2009 • Deja un comentario

Esta es una deuda con los lectores. Varios de ellos amigos míos que me han andado diciendo que no cumplo con el tan anunciado comentario del discurso en Notre Dame. Bueno, he de presentar antes mis excusas. En este último mes he estado dedicado a fondo a la sustentación de mi grado de Licenciado en la PUCP, razón por la cual no me he dedicado más que casi exclusivamente a eso. Me di un tiempito para colgar unas imágenes que trajeron buena polémica, pero nada más. Ahora, después de haber obtenido el grado, quiero volver con algunos textos que me parecen de interés. Empiezo, entonces, terminando con aquellas ideas que dejé a medias sobre el discurso de Obama. Lo que faltaba desarrollar son sus perspectivas sobre la cuestión religiosa, que eran las que más interesaban allí. Luego de concluir con estas reflexiones quisiera pasar a hacer algunos comentarios sobre el nuevo libro de Charles Taylor (A secular age, 2007). Me parece que será interesante abrir un curso nuevo de reflexión en el blog sobre el tema de la secularización. Pasemos a Obama, entonces.

La última vez nos habíamos detenido a hablar de la invitación a la tolerancia de parte de Obama y andábamos ya hacia la mitad del discurso. Permítanme dar un paso hacia atrás. Quiero dedicar unas breves líneas al padre Jenkins, presidente de la UND. Lo hago por dos cosas: primero porque fue Jenkins quien introdujo a Obama antes de que este iniciase su discurso y, segundo, porque no se imaginan la cantidad de precisión que recibió de parte de las altas esferas del clero y del poder político. Invitar a Obama a hacer ese discurso en ND no parecía una idea políticamente correcta, pero Jenkins se comió el pleito y creo que lo hizo con valentía y con buen juicio a la luz de lo que Obama diría después.

Una de las primeras cosas que planteó Jenkins a la numerosa audiencia fue el evidente problema de haber invitado a Obama. Sin embargo, un hombre inteligente como es (profesor de filosofía en UND, dicho sea de paso), decidió darle vuelta al problema y preguntar: ¿por qué el presidente Obama aceptó venir? Jenkins fue muy claro: no estamos de acuerdo con el presidente Obama en su posición frente a la investigación genética ni frente al aborto (que fue el gran tema de alboroto en los EEUU: ¿cómo una Universidad católica puede condecorar a un pro-aborto?). La pregunta es, con una distancia tan frontal, ¿por qué decidió venir? Nuevamente, Jenkins fue muy preciso: porque el presidente Obama no le rehúye a las diferencias. Y luego sentencio con un comentario que se llevó la ovación del público: “Señor Presidente, este es un principio que compartimos”. Debo confesar que me llené de emoción con esas palabras. Así, concluyó diciendo, la UND  invitó al presidente Obama por todo lo que los EEUU vio en él y que ND también ve: esperanza, honestidad, esfuerzo, etc. Me parece que las palabras de Jenkins muestran la reflexión de un sacerdote maduro e inteligente, capaz de tender puentes para la construcción de un destino común y no sólo uno de esos curas osificados que ven en la crítica cerrada e intolerante la defensa digna de la fe.

Ok, ahora retomemos la pauta y volvamos a lo que dijo Obama. Después de invitar a los graduados al esfuerzo conjunto para superar las diferencias y buscar la reconciliación, el presidente tuvo aún más decisivas palabras. Miren lo que dijo poco después: “The soldier and the lawyer may both love this country with equal passion, and yet reach very different conclusions on the specific steps needed to protect us from harm. The gay activist and the evangelical pastor may both deplore the ravages of HIV/AIDS, but find themselves unable to bridge the cultural divide that might unite their efforts. Those who speak out against stem cell research may be rooted in an admirable conviction about the sacredness of life, but so are the parents of a child with juvenile diabetes who are convinced that their son’s or daughter’s hardships can be relieved”. Creo que el mensaje es profundo y muy claro. Obama no estaba apelando en ND a la confrontación ni mucho menos a que cada uno renuncie a su vocación religiosa ni a los fundamentos tradicionales con los cuales valora el mundo. Lo que pedía el presidente era la vocación sincera para poder brevemente de lado las diferencias para buscar soluciones conjuntas. O, quizá más modesto aún, tan solo no juzgar el corazón de los demás cuyas opciones pueden estar fundadas en los más nobles deseos, como en el caso último de los padres que buscan alivio para su pequeña o pequeño. Una de las cosas que más me entristece e indigna del mundo de hoy es la facilidad con la que se juzga los motivos del corazón de cada persona. Lo más duro, además, es que esos juicios severos suelen venir de personas que se consideran religiosas, en una clara contradicción con el evangelio: Jesús comía con prostitutas, andaba con pecadores, se alojaba con el recaudador Zaqueo. Qué poco ha aprendido mucha gente del mensaje evangélico, qué poco amor hay en esa severidad del juicio. Este blog, en buena cuenta, es un esfuerzo por reactualizar esa convicción cristiana muchas veces olvidada. 

Obama cuenta, incluso, que él mismo se fue dando cuenta mejor de esto. Un doctor escribió a la página de su campaña criticando una frase que había aparecido a nombre del entonces candidato: “I would fight right-wing ideologues who want to take away a woman’s right to choose”. El doctor en un ánimo tolerante, pero justamente crítico, le dijo a Obama que esa era una acusación injusta ya que pertenecer a alguna posición ideológica no lo descalificaba para el diálogo ni para promover la libertad de elección. Censuraba en Obama pretender que una persona que se oponía al aborto era un mero ideologizado de derecha. Le decía el doctor que él lo apoyaba y quería que fuese presidente, a pesar que sabía sobre su posición frente al aborto. No le pedía que retroceda con ello, sólo le pedía palabras más meditadas, más justamente meditadas para los que pensaban diferentes ya que quizá no entendía la profundidad de sus convicciones. Nuevamente, un momento muy emocionante del discurso. Obama reconocía cuánto le enseñó la breve misiva del doctor y cómo ayudo a que fuese más claro sobre su propia posición.

[...]

Imágenes de tolerancia

•24/06/2009 • Deja un comentario

Hace algunas semanas que no colgaba nada por aquí…lamentablemente preparar posts toma alguito de tiempo, como se imaginarán y ando en mil cosas en este momento.

De todos modos, hace unas horas mi buen amigo http://castorexmachina.wordpress.com/ me pasó vía twitter (el mío es @zegmed, porsiaca) un link fenomenal, del cual provienen la serie de imágenes que he colocado hace unos minutos. Se trata de una iniciativa de la United Church of Canada que saludo por su vocación de diálogo y apertura. Como se ve en las imágenes, geniales a mi parecer, la idea es convocar a los interesados a discutir sobre temas controversiales en materia religiosa: matrimonio gay, paternidad y anticoncepción, modos de espiritualidad, sexualidad, etc. Las imágenes son provocadoras y no se tiene que estar de acuerdo con ellas, claro; sin embargo, la iniciativa merece bastante crédito en tanto al confrontarnos con algo tan intenso como una imagen que puede afectar nuestra sensibilidad nos anima a pensar y a dialogar con los que opinan de modo distinto. Una excelente propuesta!

Vean las imágenes y si se interesan, pues en todas aparece la web para el contacto!

PD: Sé que tengo pendiente lo de Obama…pronto termino con eso, lo prometo: hay varias cosas interesantes por decir!

¿Otros modos de espiritualidad?

•24/06/2009 • 2 comentarios

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¿La religión anula el placer?

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¿Fundametalismo vs. libertad de pensamiento?

•24/06/2009 • 2 comentarios

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