Comentario de Lucas 16, 1-8 (13)

Hoy la liturgia nos propone este texto, aunque algo mutilado, solo hasta el versículo 8. He añadido algunos versículos para que su sentido esté completo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: “¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando.” Se dijo a sí mismo el administrador: “¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.” Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi señor?” Respondió: “Cien medidas de aceite.” Él le dijo: “Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.” Después dijo a otro: “Tú, ¿cuánto debes?” Contestó: “Cien cargas de trigo.” Dícele: “Toma tu recibo y escribe ochenta.” El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz. Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien? Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No puede servir a Dios y al Dinero».

Creo que este pasaje es bastante intrigante y, por lo mismo, merece algún comentario. De hecho yo mismo no me siento del todo seguro respecto de su sentido, pero así suele ser la Biblia muchas veces, desafiante, incluso a partir de lo que parece contradictorio. La figura del señor, en la Biblia, siempre es analógica respecto de la de Dios, en ese sentido, creo que podemos asumir sin problemas que el comentario final del señor tiene el rol de señalarnos la voluntad del Padre. ¿Qué nos propone Jesús, entonces? ¿Nos está invitando a la deshonestidad, al uso de la racionalidad para nuestro propio beneficio? Se trata, pues, como recuerda Gustavo Gutiérrez (Compartir la palabra, 322-323), de un texto que genera perplejidad. Seguiremos parcialmente su lectura.

Creo que resulta claro que Jesús no está proponiendo que actuemos deshonestamente, eso iría en contra del sentido todo del evangelio. Luego, tiene que haber algo escondido en el pasaje. Lo que se nos pide, no sin cierta ironía, es que imitemos a este administrador injusto en su creatividad y rapidez para dar solución al problema que se le presentó. Se dice en el pasaje, además, que hay que tratar de ser como él que es un astuto hijo de este mundo, contraponiendo su actuar al de los hijos de la luz. Es una abierta censura al proceder de algunos cristianos cuya torpeza dificulta su caminar y puede terminar por dificultar el de otros. Al pedirle al hijo de la luz que tenga la astucia del administrador injusto, Jesús cuestiona esa tendencia de muchos cristianos por “evadir el mundo”, la famosa fuga mundi de los medievales. Es una invitación a atender nuestro presente y, en él, dar testimonio del seguimiento de Jesús sin dogmatismos vacíos, rigorismos absurdos y juicios de valor apresurados y moralistas sobre el otro. Cristianos como estos sobran y Jesús nos invita a comportarnos de otro modo, con flexibilidad, con ironía, hasta con maña. El seguimiento de Cristo no es una invitación a ser “lorna”, todo lo contrario.

Quisiera añadir, sin embargo, algunas cuestiones que pueden ampliar un poco esta idea mediante el examen de algunos versículos. Fíjense, por ejemplo, que el inicio de este asunto está basado en un rumor. Bien podría ser cierto que nos encontremos ante una mentira, una suerte de persecución llevada a cabo contra el administrador por alguna venganza u ojeriza. En ese sentido, el administrador podría verse como un tipo que, dadas las circunstancias, se ve forzado a actuar del modo en que lo hizo. Nuevamente, no se invita a la deshonestidad, pero se señala que ante situaciones extremas hay que saber adaptarse con inteligencia. El tema de la maña aquí resulta otra vez muy ilustrativo.

Otra línea de interpretación relevante viene de la idea del “dinero de la injusticia”. No tengo el texto en griego a la mano para precisar algunas cosas, así que propongo una lectura un poquito menos exegética: podría tratarse también de que la astucia del administrador consista en exonerar a los demás de sus pagos porque sus deudas habían sido generadas de modo injusto. En ese sentido, podemos hablar de un dinero de la injusticia no como uno que se hizo injusto por obra del administrador, sino por la obra del dueño que cobraba de modo injusto. Si es así, se abre otro camino hermenéutico, aquel según el cual el administrador es deshonesto ante el dueño, pero “honesto” ante Dios en tanto libera de la deuda injusta al hermano. Evidentemente requiero de más respaldo exegético aquí, pero la idea no es descabellada ni está demasiado lejos del sentido de otros pasajes del mensaje evangélico. Siguiendo mi lectura, creo que también tiene más sentido el cierre: no se puede servir a dos señores y, cuando estos entran en conflicto, hay que optar por uno aunque se traicione al otro. Hay pues, aunque sea vía la “deshonestidad”, que ser fieles al único Señor.  Si las reglas de este mundo nos lo impiden, sobre todo las del dinero, quizá haya que romperlas, a riesgo de parecer injustos o deshonestos. Aprender a romper ciertas reglas, vía la astucia incluso, es señal de fidelidad. Si aprendemos a quebrarlas, cuando estas colisionan con el mensaje del Reino, luego seremos también fieles en lo mucho.

Esta ha sido una interpretación complicada pues el pasaje es bien complicado. He tratado de dar algunas luces y de ofrecer una imagen global más o menos coherente. Me resulta claro que eso no es del todo posible por la complejidad del texto. Hay pasajes que no se condicen tan bien con otros; sin embargo, como todo texto, su poder es vocativo: nos invita, nos llama, nos desafía. La mía no es ni lejanamente una lectura cerrada, siempre hay que seguir pensando y viviendo la Palabra. Con lo que sí me quedo es con ganas de leer algunos exégetas. Voy a ver qué encuentro y les aviso.

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