Gustavo Benavides: El discurso de la teología de la liberación en perspectiva

Las líneas que siguen están dedicadas a hacer una breve síntesis de los argumentos centrales del artículo de Gustavo Benavides (aquí una lista de sus principales publicaciones) que titula, aunque traducido, este post. Agradezco, además, la gentileza de Benavides quien, sin conocerme, tuvo a bien hacerme llegar buena parte de sus textos después de que lo contactara tras verlo en una excelente entrevista con Marco Aurelio Dengri hace ya algunos años. El artículo que revisaré, para quienes deseen buscarlo, es un texto breve, pero muy interesante que vale la pena comentar en varios niveles. El mismo data de 1985 y fue publicado originalmente en Darrol Bryant/Mataragnon (eds.) The Many Faces of Religion, NY: Parangon. Paso, pues, al tratamiento del texto.

Una primera cuestión importante es que según Benavides, la teología cristiana debe entenderse como un elemento superestructural, esto es, como una ideología respecto del cristianismo que es uno de los componentes clave de la estructura inherente de toda sociedad que se considere cristiana. La teología cristiana es, pues, una reflexión de segundo orden sobre un sistema de valores que conforma el centro de una cultura dada, en el caso de la teología de la liberación, con sus variantes, la cultura cristiana latinoamericana (123). Esto, me parece, no supone gran novedad, aunque sí alguna, si se tiene en cuenta la diferenciación de Gutiérrez –que aparece en más de una de sus obras– entre acto primero y acto segundo: la teología siempre ha sido para él una cuestión de segundo orden respecto de la experiencia de fe, aun cuando la consideración ideológica no sería compartida, sospecho.

Ahora bien, el centro del argumento de Benavides radica en el hecho de que siendo un constructo ideológico, la teología de la liberación pretende reclamar para sí autonomía histórica (123). La contradicción estaría entre el surgir espontáneo de la reflexión teológica y, de otro lado, su condicionamiento histórico, asunto que es permanentemente recordado por Gutiérrrez. En palabras de Benavides: “La ambigüedad fundamental de la posición de Gutiérrez se debe a la imposible tarea que el se ha trazado para sí mismo: mantener el fundamento transhistórico de su fe y, al mismo tiempo, tratar de situar esa fe en la concreción de la América Latina contemporánea” (124).

Benavides piensa, y se basa en ejemplos históricos, que ninguna teología que pretenda ser “ortodoxa” puede cuestionar los valores estructurales de una sociedad sin perder con ello su legitimidad en el proceso. Cuando hay un cuestionamiento tal, señala el autor, varios caminos son los que se desarrollan según lo ha probado la historia: en algunos casos los miembros del nuevo sistema crítico son eliminados o forzados al suicidio; en otros casos se fuerza al nuevo sistema de tal suerte que termine “domesticado” e integrado dentro del cuerpo ideológico vigente; una tercera alternativa es la de la “espiritualización” del nuevo sistema crítico: el nuevo movimiento, inicialmente peligroso, es revestido por la ideología dominante de un aura solamente espiritual y se le despoja así de toda su fuerza crítica (124). Es posible, finalmente, que el nuevo movimiento escape de todo esto y logre encontrar una nueva estructura política que lo legitime y que, a la vez, encuentre su legitimidad en el movimiento.

¿Cómo se sitúa la TL en este contexto? Bueno, la vía de la aniquilación de hecho fue practicada: los casos de Monseñor Romero, Camilo Torres, Ellacuría y los demás jesuitas así lo atestiguan, aunque hubo diferencias entre ellos, claro. La domesticación también trató de ponerse en práctica, siendo el cardenal Alfonso López Trujillo uno de los más serios críticos. La vía de la espiritualización también tuvo lugar, sobre todo del lado de Buenaventura Kloppenburg. En resumen, para Benavides, ante un contexto tal la TL solo tuvo dos opciones reales: volverse más radical e independizarse de la autoridad de la Iglesia Católica (algo que EDLJ siempre me dice) o acomodarse como un ala “radical” más o menos tolerable dentro del establishment teológico. Esto último, por supuesto, supone también un reacomodo de la perspectiva de la ideología teológica dominante (125).

Para el autor del ensayo, si lo leo bien, la teología de la liberación, al menos en el caso de Gutiérrez (lo cual aplica también para Bartolomé de Las Casas (130), habría recorrido, fundamentalmente, el segundo camino. Esta habría sido absorbida por la fuerza de la ideología dominante, habría hecho importantes concesiones —el establishment también, aunque menores, claro— y habría terminado por convertirse en una forma de legitimación del sistema de creencias dominante. Es, se me permita el juego, como cuando en Matrix 3 se le confirma al elegido que, en realidad, este era una anomalía prevista por el sistema, cuya función nunca fue la de cambiar las cosas, sino la de dar a este un suerte de respiro frente a la severidad de los problemas y la crítica: la gente se entusiasma con el movimiento rebelde, se une a él, inicia la lucha, pero con el tiempo se da cuenta de la inmensidad del sistema contra el que se opone y termina o por desistir o por integrarse como una facción crítica, mas irrelevante para el cambio en tanto siempre fue prevista y su acción, desde el inicio, controlada.

Así vistas las cosas, afirma Benavides, la teología de la liberación puede ser vista como un ejercicio interno para preparar el camino ante un eventual cambio o desarrollo de América Latina, un cambio en el cual la Iglesia aún pueda sentirse cómoda y vigente. El hecho, nos dice, de que la mayoría de los católicos viva en países donde prima la pobreza hace necesario que la Iglesia, en búsqueda de su acomodo y supervivencia– desarrolle una interpretación teológica que la legitime en el caso de la venida de cambios sociales radicales (130).

Esta interpretación, concluyo, me parece muy discutible. Creo que Benavides pierde de vista muchos factores relativos al modo en que esta experiencia teológica surgió y se mantiene viva, al modo en que se hace verdad en la gente de las comunidades de base, en los religiosos, religiosas y sacerdotes comprometidos con una transformación de la sociedad desde una perspectiva evangélica. Gutiérrez siempre señala que su proyecto teológico no es más que una lectura atenta del evangelio y del modo en que el Señor opta prioritariamente por los que sufren despojo y abandono. Es desde ese contexto y, claro, desde la pobreza de nuestra gente, que Gutiérrez gesta su teología; mas no se trata de un ejercicio meramente socio-político, como parece sugerir Benavides, sino de un acto genuinamente cristiano basado en una profunda espiritualidad. Siendo todo esto cierto, no obstante, no puedo dejar de decir que este texto de Benavides, a pesar de su brevedad, debe ser una de las cosas más interesantes que he leído en perspectiva crítica sobre la TL. Recomiendo altamente su lectura y me comprometo a seguir revisando su trabajo y compartiéndolo por esta vía.


Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente: ponencia en el VII Simposio de Estudiantes de Filosofía

En la foto: Daniel, Vjk y yo (primera fila, de derecha a izquierda); en la fila siguiente, el maestro Guillermo Rochabrún (camisa a cuadros) y el maestro Ciro Alegría (abrigo negro). Foto por cortesía de Cécile.

Mi buen amigo Daniel está en una faceta de profuso entusiasmo grabador-colgador de audios. Su nueva vocación me ha permitido, como lo recuerdan, colgar el audio de mi sustentación de tesis (presentación y debate) y hoy me permite compartir con ustedes mi ponencia en el reciente VII Simposio de Estudiantes de Filosofía de la PUCP. Se trató de una mesa super interesante que compartí con él y con Eduardo (Daniel ya ha colgado su presentación y la mía, así que sospecho que pronto colgará la de Eduardo. Estén atentos).

La ponencia salió bastante bien, disfruté mucho las risotadas del público. Según Eduardo he mejorado mucho mis bromas en auditorio, así que eso les garantiza un audio entretenido jaja! Fuera de eso, creo que también se dicen algunas cosas importantes en relación a la teología, espero que les guste.

http://erichluna.wordpress.com/2011/09/13/hablar-de-dios-desde-el-sufrimiento-del-inocente-un-dialogo-entre-las-teologias-de-slavoj-zizek-y-gustavo-gutierrez/


Dos conferencias

He visto que algunos de mis amigos usan el blog para compartir también sus conferencias públicas y creo que es una muy buena idea, así que aprovecho esta plataforma para invitarlos a dos conferencias que daré esta semana.

La primera de ellas tendrá lugar en el auditorio del Centro Cultural Británico, en el marco del ciclo de conferencias “JOSÉ MARÍA ARGUEDAS: 100 AÑOS. Entre la ruptura y la continuidad”. Las conferencias van desde el día de ayer y concluyen el día viernes de esta semana. La que yo presentaré lleva como título “Arguedas y Gutiérrez: los ríos profundos del pobre” y es la versión oral de un texto que fue publicado por la Revista Páginas el año pasado y en este mismo blog en una versión preliminar. La conferencia es este jueves 8 de septiembre a las 7.30 pm. El local, por si no lo conocen, queda en Jr. Bellavista 531/Malecón Balta 740, Miraflores. Esta es la sumilla de la conferencia:

La ponencia tiene como finalidad poner en diálogo el imaginario religioso de la obra de José María Arguedas con algunas ideas centrales de la teología de la liberación de Gustavo Gutiérrez. La exposición tratará de mostrar que, a pesar del abierto ateísmo del autor de Los ríos profundos, el mismo desarrolló un tipo narrativa religiosa en profunda sintonía con el proyecto de la liberación delineado por Gutiérrez, a saber, la búsqueda de la transformación de la situación de pobreza presente, pobreza que se entiende como un fenómeno complejo que supera la mera precariedad económica. En ese sentido, el propósito central de la ponencia será el de mostrar cómo la estructura de la narrativa literaria arguediana abre paso, en el medio de su severa crítica de la complicidad de la religión con el sufrimiento causado a los pobres por los poderes de turno, a la esperanza de un futuro nuevo en el cual el indio, paradigma del marginado, pueda ser parte igualitaria de una sociedad verdaderamente hermanada. Tal esperanza, y esto es lo central, es perfectamente compatible con la idea del Dios liberador de la teología de Gutiérrez, como el propio Arguedas intuyó hacia el final de su vida, y como trataremos de demostrar más allá de la intuición a través de la presentación de algunos pasajes cardinales de ambos autores.

La otra es al día siguiente, este viernes 9 de septiembre, en el Auditorio de Humanidades de la PUCP a las 3.45 pm.  La he titulado “Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Un diálogo entre las teologías de Slavoj Žižek y Gustavo Gutiérrez”. Se trata de un texto inédito, aunque tiene como base, en parte, los posts (1 y 2) que dediqué a la visita de Žižek a Lima en el mes de marzo de este año. Se trata, además, de una mesa muy especial porque la compartiré con tres de mis más queridos amigos: Eduardo, Daniel y Vjk (quien modera la mesa). Como decimos entre nosotros, muy feeling!. Esta es la sumilla de la conferencia, dicho sea de paso:

La ponencia plantea una doble labor teniendo como hilo conductor el problema del rol de Dios en el mundo y la particular versión del mismo ofrecida en el libro de Job, pieza maestra de la literatura sapiencial del Antiguo Testamento. En primer lugar, haré una presentación general del modo en que Slavoj Žižek concibe la relación entre ideologías y violencia, para lo cual convendrá explicar el rol social de la vigencia, aunque sea tácita, de las primeras (§1). Luego de ello, pasaremos a examinar el rol de la divinidad a este respecto para mostrar en qué medida el libro de Job se constituye, según este filósofo, en el primer ejercicio de crítica ideológica del concepto de Dios. Desarrolladas estas ideas, daremos un paso más para examinar cómo esta crítica se radicaliza en la tradición cristiana a través de la muerte explícita de Dios en la cruz. Veremos, finalmente, cómo, a partir de lo expuesto, Žižek reinterpreta la relevancia de la tradición cristiana al resignificar el concepto de Espíritu Santo dándole el sentido secularizado de acción común, sobre todo de solidaridad con el otro (§2). Habiendo presentado la posición de Žižek, pasaremos a la revisión de algunas ideas centrales del conocido estudio de Gutiérrez sobre el libro de Job —concretamente la relación entre el lenguaje profético y el de la contemplación— (§3) con el objeto, finalmente, de ofrecer un balance de ambos proyectos en atención a la problemática de la solidaridad con el sufrimiento del inocente (§4).

Será un gusto contar con su asistencia o, al menos, con su gentil publicidad jaja! Saludos.


Sustentación de tesis de maestría: el debate de la tesis

Mi buen amigo, Daniel Luna ha tenido a bien hacer algo que yo no pude lograr, a saber, colgar la segunda parte de mi sustentación de tesis: el momento de las preguntas y respuestas, lo que podríamos llamar, propiamente, el debate o la defensa de la tesis. En mi experiencia (licenciatura en filosofía, conferencias, clases, etc.), se trató de uno de los debates académicos más interesantes que he tenido y, por ende, creo que vale la pena compartirlo. Las preguntas tuvieron una gran agudeza y ellas me permitieron hacer desarrollos de cosas que no logré decir con tanta claridad en la tesis o que, simplemente, no dije. Espero que disfruten el intercambio tanto como lo hice yo.

Aquí el link a los audios: http://erichluna.wordpress.com/2011/09/02/minimalismo-teologico-pragmatista-sustentacion-de-raul-zegarra/


Comentario de Marcos 6, 17-29

En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

En estos días he estado releyendo el impostergable Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente de Gustavo Gutiérrez y al leer sobre la muerte de Juan no pude sino pensar en la importancia y exigencia del hablar profético sobre Dios. El profeta, como lo muestra con claridad la Biblia, con quizá exceso de crudeza en este pasaje, tiene una misión muy desafiante y muy valiosa: la de predicar el Reino de Dios, normalmente en contextos sumamente adversos. Los contextos son adversos, además, porque el profeta, de algún modo, los crea para sí: al denunciar la injusticia, la indiferencia, la falta de amor entre nosotros que es el reflejo de la falta de amor hacia Dios, al hacer todo ello, el profeta se condena a ser una figura incómoda y generadora de odios. Lo vive con particular dureza Juan, quien es degollado en un acto particularmente infame. No es poca cosa que el relato bíblico nos indique la superficialidad de los motivos que lo llevan a la muerte. Evidentemente, Juan no muere por la promesa de Herodes, solamente, sino porque era una figura sumamente incómoda por su denuncia del pecado; no obstante, que la cabeza de Juan sea entregada en una bandeja como consecuencia de la promesa de Herodes ante el baile de la hija de Herodías no hace sino señalar con contundencia el desprecio por la vida, la capacidad de hacer del otro un instrumento de satisfacción, de hacer del ser humano, literalmente, un trofeo. Sin duda la perversidad de la madre y la complicidad de la hija son despreciables, pero lo es también la actitud de Herodes. No solo por darle más importancia a su palabra que a la vida humana; sino por permitirse, en un acto de inmensa y perversa frivolidad prometer que daría lo que sea que la muchacha quisiera. Herodes juega a ser Dios, juega con el destino de todo lo que está a su alcance, juega con la vida con una frialdad que espanta.

Si algo, entre muchas cosas, nos enseña este pasaje, es a comprometernos como el profeta a hablar de Dios con nitidez, aproclamar su amor y a luchar en contra de aquello que se le opone. Ese hablar de Dios, como en el caso de Juan o en el del mismo Jesús (que en el evangelio de ayer ha reprendido a Pedro por tratar de alejarlo, aunque con la mejor intención, de su misión), puede conducirnos a la persecución, a recibir insultos, agravios y muchas veces hasta la muerte. No se trata de que el amor de Dios requiera la sangre, no hay cosa más macabra que pensar eso: se trata de que el amor por los hermanos (que es el reflejo del amor de Dios), cuando se lleva hasta el extremo, puede costarla. El pasaje de hoy nos muestra con imperiosa necesidad cómo es que debemos hablar de Dios, con más fuerza aún si es que vemos caer a los testigos de su amor. Su martirio es siempre un signo de los tiempos. Hay que recordar, sin embargo, que el lenguaje de la denuncia profética debe estar siempre acompañado y profundizado por el de la contemplación. Solo en el ver cara a cara a Dios es posible resituar y redimensionar el dolor de los hermanos y el propio dolor del que se compromete como el profeta con ellos. La cruz de Cristo, pues, debe iluminar siempre la experiencia cristiana y ayudarnos a configurar un lenguaje, cuando compete, de protesta esperanzada, pero también de silencio admirado por un amor y un misterio que nos supera.


Las principales fuentes de la teología de Gustavo Gutiérrez (II)

Los protagonistas del debate

Henri de Lubac (1896-1991)

Su trabajo –Catolicismo– destaca el modo en el que el cristianismo cambia la concepción del tiempo: el Dios de la Biblia es también el Dios de la historia que se encarna en el tiempo. De allí que corresponda una teología de la historia. De algún modo, la Biblia contiene la historia del mundo y corresponde profundizar en ella para ahondar en nuestro destino histórico como humanidad, aunque esto no quita el valor de la dimensión personal del cristianismo: fraternidad universal a partir del valor absoluto de cada ser humano (198). En la misma obra se pone énfasis también en lo que De Lubac llamaba las “actualizaciones” (tema en el que también suele poner énfasis Gutiérrez). Se trata de reaccionar desde una perspectiva cristiana frente a las demandas de cada época, actualizar el mensaje para que –en virtud de su universalidad– siga hablando en cada contexto.

Se destaca también Sobrenatural –texto que Gutiérrez cita cuando desarrolla su noción de “una sola historia” en la presentación de su trabajo para obtener el grado de doctor en Lyon–. La idea central es que “el hombre es atraído por Dios, es deseo de ver a Dios, es deseo natural del sobrenatural” (201). Espíritu infinito abierto al infinito. Esta idea lleva a De Lubac a criticar aquellas teorías que defendían que la dimensión natural y la sobrenatural corrían de modo paralelo, supondrían una dualidad de deseos y de fines. El autor defiende la idea de que no se trata de órdenes paralelos, sino que se mezclan efectivamente a partir de la capacidad de Dios inserta en el corazón del hombre por Dios mismo (202). Esto le permite una recomprensión de la historia de la salvación así como de la antropología cristiana.

Jean Daniélou (1905-1974)

Se le considera, junto a Chenu, la cabeza de lanza de la nouvelle theologie. Como a Chenu, le toco también ser víctima de numerosas censuras y acusaciones de herejía. Se destaca su trabajo en relación a la historia en su Ensayo sobre el misterio de la historia (1953). Allí destaca las peculiaridades de la concepción de la historia del cristianismo, respecto del mundo griego, hebreo y moderno: el cambio central tiene que ver con el acontecimiento de la encarnación que transforma el sentido del devenir temporal, a lo que se une una cierta idea de progreso en la historia, el mismo que se despliega orientado por un telos, por una finalidad, la salvación (206). Así, al estar el cristianismo en la historia, de alguna manera la historia sagrada se desenvuelve en la historia profana o, visto de otro modo, la historia profana entra en la historia sagrada. Esta compenetración de las historias tiene como eje el acontecimiento central del cristianismo, la encarnación, el “acontecimiento Cristo”, como lo llama también Badiou en su San Pablo. En Cristo se presenta la “historia total” (207). Esto da sustento a muchas de las ideas de Gutiérrez en TL, aunque no he encontrado cita expresa de Daniélou en el texto (quizá por un énfasis mayor y un poco dualista de Daniélou en la historia sagrada, p. 209). Esta reflexión histórica hace al autor particularmente sensible a la relación entre marxismo y cristianismo. Para él se trata de visiones de la historia que se enfrentan, una suerte de confrontación entre una historia material y otra sacramental. Cabe mencionar, contra las acusaciones interesadas, que Gutiérrez rechaza expresamente la antropología marxista y señala que en sus análisis de TL se apropia solo de algunos elementos críticos (cf. La verdad los hará libres, p. 55).

Marie-Dominique Chenu (1895-1990, en la foto)

Uno de los grandes intereses de Chenu fue el de, como Tomás y Alberto Magno, hacer que la teología entre en diálogo con las ciencias humanas de la época, aunque era consciente del enorme desafío que esto suponía (214). En ese sentido, para Chenu era central combina en el saber teológico dos cuestiones centrales: el estudio científico y la presencia mística de la fe. Su inspiración era la obra de Tomás; desviada, sin embargo, por la escolástica y vuelta una ciencia de conclusiones cada vez más desconectada de la fe (215). Resalta también su involucramiento con el movimiento de curas obreros en Francia, el mismo que apoyó y a quien dirigió también su elaboración teológica. Esto, evidentemente levantó sospechas y censuras, aun cuando su Para una teología del trabajo (1955) fuera bien recibida y citada años después por Pablo VI en la Populorum progressio (1968). Su percepción de la historia como un lugar teológico (idea que también recoge Gutiérrez) se nota en su Evangelio en el tiempo (1964). Allí el autor señala los principales lugares teológicos de la época, los lugares de la presencia del evangelio en el tiempo: “materia, progreso técnico, sociedad e historia” (217). Nuevamente el hilo conductor de estas reflexiones es el énfasis en la encarnación. Por eso es que se considera a Chenu uno de los precursores de la llamada teología de los signos de los tiempos, expresión que luego es recogida por Vaticano II por influencia directa del teólogo francés. Nuevamente, hablando de los “lugares teológicos in actu –enumera Chenu–: las nuevas dimensiones del mundo en la época post-colonial; el pluralismo de las civilizaciones humanas; el problema de la recuperación de las riquezas espirituales de oriente […]; el movimiento ecuménico; el ascenso de las masas y el fermento social; el compromiso de los laicos en una iglesia militante”. Y añade, en un fragmento que cita Gutiérrez en TL: “Malos teólogos, los que, encerrados en sus infolios y sus disputas escolásticas, no estén abiertos a esos espectáculos [se refiere al compromiso en los movimientos sociales], no sólo en el piadoso fervor de su corazón, sino formalmente en su ciencia; dato teológico en pleno rendimiento, en presencia del espíritu” (218). Según me ha dicho abiertamente el propio Gutiérrez, Chenu fue uno de los teólogos que más influenció su trabajo. Siempre encontró en él, además de un amigo, a un hombre que hizo siempre teología a partir de una espiritualidad vivida.

Yves Congar (1904-1995)

 Los aportes centrales de la teología de Congar se encuentran en el terreno de la eclesiología. La categoría central de su pensamiento es la de “pueblo de Dios” y se trata, evidentemente, de un énfasis significativo: la reflexión se centra en el pueblo que camina y vive la fe. De hecho, para Congar, junto al ecumenismo, la eclesiología del pueblo de Dios es uno de los dos temas centrales derivados del Concilio (221). Para Congar, la categoría pueblo de Dios tiene múltiple valor: a) histórico: subraya la continuidad con el pueblo de Israel y comprende a la Iglesia de modo dinámico, que camina de modo vivo a la meta fijada por Dios; b) antropológico: la Iglesia no es una unidad abstracta, está formada por hombres y mujeres convertidos al evangelio; c) ecuménico y misionero: facilita el diálogo con las demás iglesias que desconfían de la institución; d) dialógico: permite la confrontación con las filosofías de la historia (222-223). A pesar de lo dicho, Congar sostiene que esta categoría debe ser iluminada a partir de la de cuerpo de Cristo, que representa la nueva alianza, representada por las promesas derivadas de la encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo. Esto se conecta, además, con la concepción del pueblo de Dios como un pueblo mesiánico, comprometido con el proyecto de salvación del Dios liberador (Congar cita expresamente a Gutiérrez) (223). Lo que acabamos de mencionar supone un cambio del rol del laico en la Iglesia. Congar recupera su rol apostólico y enfatiza su compromiso en las estructuras del mundo y en el orden temporal. Tal como lo indica el Concilio por influencia de Congar, el laico está llamado a santificar los aspectos seculares de la vida, a animar la realidad temporal (224). Como puede verse, hay aquí una clara consonancia con el trabajo de la TL.

 Detengo aquí mis consideraciones, aún cuando podrían tenerse en cuenta algunas otras influencias en el pensamiento de Gutiérrez. Queda pendiente, por ejemplo, alguna mención del llamado “giro antropológico” de la teología de Karl Rahner, así como algunas consideraciones en torno al movimiento de teología kerygmática que lo precedió. Igualmente, aunque de modo más indirecto, sería interesante tener en cuanto algo del trabajo de Romano Guardini con la literatura secular y las reflexiones de Hans Urs von Balthasar. Espero que en otro momento podamos dedicarnos a ello.


Sustentación de tesis de maestría: la presentación de la tesis

 MINIMALISMO TEOLÓGICO PRAGMATISTA

LOS APORTES DE WILLIAM JAMES Y GUSTAVO GUTIÉRREZ A LA REFLEXIÓN TEOLÓGICA CONTEMPORÁNEA

Hace algunas horas sustenté en la PUCP mi tesis de maestría, cuyo título encabeza estas breves líneas. Dado que la tecnología se ha vuelto nuestra cómplice cotidiana y gracias al entusiasmo de mi buen amigo Daniel Luna, tengo a la mano una grabación de mi presentación, la misma que coloco aquí para quien pueda estar interesado. Con Daniel hemos empezado a pensar, además, que el formato de audio es uno en el que podríamos incursionar algunas veces en lugar del escrito. Quizá eso puedo darle mayor dinamismo a nuestros respectivos blogs. Es una cosa que valdría la pena explorar.


Las principales fuentes de la teología de Gustavo Gutiérrez (I)

Gutiérrez no es un pensador aislado, sino parte de una corriente de pensamiento teológico que atraviesa, por lo menos, todo el siglo XX. Algunos referentes, sin embargo, son más claros, ya sea por el reconocimiento abierto por parte del teólogo peruano, ya sea por lo que puede uno notar en su obra. A continuación desarrollaré una breve referencia a las figuras más representativas en el imaginario de nuestro autor, aunque, antes de eso, presentaré una aún más breve contextualización. La mayor parte de estas reflexiones provienen del ilustrativo libro La teología del siglo XX de Rosino Gibellini.

Antecedentes

La controversia modernista

Posiblemente el giro más importante que ha dado la teología católica desde la época de Tomás de Aquino haya acontecido en el s. XX y, probablemente, el eje del mismo esté, precisamente, en la toma de distancia progresiva de la escolástica. El surgimiento de la modernidad, con sus demandas de racionalidad, autonomía y libertad, fue el principal motor de este giro en la teología. Esta disciplina tenía que responder a las demandas modernas que ya se habían instaurado en la cultura y que requerían alguna respuesta teológica. En ese sentido, desde la tribuna católica el primer renovador de la teología fue Alfred Loisy (1857-1940), quien busca una refundición del pensamiento cristiano a partir de la atención a los estudios histórico-críticos sobre la biblia y lo que estos podían decir sobre su relación con la tradición de la Iglesia. Loisy recibió el rechazo del Vaticano (fue excomulgado en 1908) y, en general, su obra fue recibida con aspereza; sin embargo, sus intuiciones iniciales generaron una serie de reacciones que transformaron la teología católica que vendría.

Maurice Blondel (1861-1949)

Una de sus obras centrales, La acción, ahonda en la relación entre el orden natural y el sobrenatural, tema central para la teología. La idea central consiste en destacar la insuficiencia del orden natural (humano) para resaltar la necesidad del orden sobrenatural, orden divino que es el único capaz de consumar la acción humana. Esto a su vez conecta con la tesis de que el orden sobrenatural nos resulta inaccesible, pero que, sin embargo, se nos entrega como don en la revelación cristiana (173). Esto conduce, además, a ver la relación entre revelación y acción humana y constatar si la primera es capaz de responder a las demandas más profundas del ser humano (173). Esto recuerda al método de correlación de Tracy.

Blondel busca las huellas de lo sobrenatural en lo natural y para ello la revelación histórica del cristianismo es central, se trata de la “necesidad de la realidad concreta del verbo” (174). En este marco, al autor le preocupan dos posturas antagónicas: a) los dogmas de fe se ven como revelados por la divinidad y no se cuestiona su contenido; b) se pone demasiado énfasis en la reconstrucción histórica y se pierde la perspectiva sagrada (175). La respuesta que da Blondel consiste en revalorar el rol de la Tradición como síntesis viviente que articula historia y revelación (176). Como se ve, progresivamente se va introduciendo el rol determinante de la historia y su dinamismo, de la acción en la reflexión teológica, situación que va dando marco a las motivaciones de la teología de la liberación.

La «nouvelle theologie»

Aquí inicia nuestro camino de más directa relación con Gutiérrez, aún cuando Blondel es citado por el teólogo peruano cuando este delinea las condiciones generales que han dado el contexto para el surgimiento de la teología de la liberación (TL, 77). La llamada «nouvelle theologie» tuvo una notoria influencia en nuestro autor, particularmente a partir de dos figuras con las que Gutiérrez estuvo en contacto directo: Chenu y Congar, ambos teólogos dominicos de la célebre escuela de Le Saulchoir. Indiquemos primero, sin embargo, algunas características centrales de Le Saulchoir para pasar luego a las figuras centrales de la renovación teológica francesa.

Le Saulchoir

Escuela teológica dominica y uno de los centros de renovación teológica más importante del catolicismo del s. XX. Su primer rector fue Ambroise Gardeil (1859-1931), quien marcó la pauta de su orientación. Esta escuela tuvo una serie de ideas fuerza que rigieron su desarrollo: a) la primacía del dato revelado (i.e., vuelta sobre las fuentes bíblicas), sobre la base del cual se hace la elaboración teológica; b) relevancia de la crítica bíblica e histórica: para adherirse más plenamente al dato revelado en tanto revelado en el tiempo, en la historia; c) rol especulativo de la teología: pero no entendido este como repetición de las fórmulas previas ni como un ejercicio escolástico de deducciones (179). La teología debe elaborarse con apego a las fuentes, pero también a la experiencia pastoral de la Iglesia y, más aún, del pueblo cristiano, afirmaba Chenu (180); d) una fe solidaria con el tiempo: de ahí que la teología deba estar abierta al propio tiempo, a la experiencia actual de la cristiandad. Por ello Chenu habla de lugares teológicos en acto.  Todo esto nos debería ayudar a entender el contexto a partir del cual Gutiérrez habla de la teología como una “reflexión crítica sobre la praxis histórica a la luz de la Palabra” (TL, 85). Frase que, para los gustan de escandalizarse, es perfectamente intercambiable por la de “inteligencia de la fe” (TL, 67). La reflexión crítica sobre la praxis no es otra cosa que el acto de recibir de modo crítico, inteligir, nuestra fe. La fe, nuestra vivencia del don de Dios, acontece en la historia y es sobre este acontecimiento –la encarnación del Señor en nuestra vida—que hace reflexión la teología. Es una reflexión, además, que se hace a la luz de la Palabra: presupone el dato revelado y es a partir de él que se construye. La revelación ilumina la praxis del creyente ya sea para la ejecución cotidiana del mensaje cristiano, así como, ya en el contexto de la teología, para su reflexión teórica. Quizá una formulación un poco más explícita sea la siguiente: “reflexión crítica sobre el dato revelado en tanto encarnado en la praxis histórica”. Pero se trata solo de matices, la idea de fondo permanece. Allá quienes ven en estas fórmulas horizontalismo o marxismo.

 Lyon-Fouvière

Escuela jesuita en la que se destacan las figuras de Henri de Lubac y Jean Daniélou. Sus autores destacaban los problemas que había abierto la crisis modernista: la ruptura entre teología y vida (182). Se proponía como alternativa: a) retorno a las fuentes (la Biblia, los Padres de la Iglesia); b) contacto con las corrientes del pensamiento contemporáneo (para enriquecer y ensanchar la visión); c) contacto con la vida (tener en cuenta las necesidades de las almas). Se demanda, en resumen, una mayor atención por la historicidad de la experiencia de fe, así como por su dimensión subjetiva. Ambas habrían sido descuidadas por la teología escolástica y correspondía recuperarlas (183).

*Imagen tomada de http://fr.topic-topos.com/le-saulchoir-etiolles


Comentario de Mt 18, 1-5.10.12-14

Inicio, siendo el texto breve, citándolo in extenso:

En aquel tiempo se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?» Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. «Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños.

Averiguar quién es el mayor, el primero, es recurrente entre los discípulos. Así como la pregunta es frecuente, la respuesta de Jesús es siempre sostenida: el mayor es aquel que opta por el hermano más pequeño, más insignificante. Hay que recordar aquí que el niño no es sólo el literalmente pequeño, sino que es, en sentido estricto, insignificante, no-persona (en la mentalidad judía el infante era un ser humano incompleto). En ese sentido, la respuesta de Jesús es doblemente impactante. No se trata de un mero gesto de ternura por los niños, se trata, como en otros casos, de un desafío rotundo a la mentalidad imperante entre los judíos. Es, además, un claro signo de la opción preferencial por el pobre que siempre ha defendido Gutiérrez y que se encuentra de modo patente en pasajes como este.

Ahora bien, el pedido de Jesús es el de “hacerse como ellos”, lo que nos conduce a un movimiento espiritual significativo. Es un pedido de conversión para los discípulos, un pedido que trastoca el sentido mismo de la pregunta, como el lavado de pies en la última cena. Ser el primero es hacerse último, último como lo es el niño: visto como menor, como no-persona. Lo que se pide es ponerse en sintonía con ellos, hacerse como ellos: desprenderse de toda prerrogativa y entrar en el mundo del que sufre, del postergado. Como el pobre, que nada tiene más que su esperanza en Dios, Jesús nos pide que nos volvamos pobres espirituales, que confiemos en el amor de Dios que salva y que hagamos vida ese amor orientando nuestro amor para dar vida al que sufre.

La referencia a la oveja descarriada no es otra cosa que la imagen final de esta clara reflexión: el amor de Dios, si bien es universal, es también preferente. Se opta por el que está en situación de necesidad, aunque todo el resto menos uno se encuentre saciado y en paz. Uno se pregunta, después de leer estos pasajes cómo se puede hablar de “formas desviadas” de interpretar estos pasajes cuando se pone el énfasis en la opción preferente de Dios por los últimos de la historia. ¿Le parece a usted, lector, que esto es puro marxismo? Permítame discrepar, es puro evangelio, la buena noticia del Señor.


“Que no haya más pobres”, 41 Curso de Teología organizado por el Instituto Bartolomé de Las Casas

La semana que acaba de concluir estuve en el curso de teología del IBC, cuyo nombre titula este post. El mismo fue dictado por Gustavo Gutiérrez, con el apoyo de varios otros teólogos amigos que trabajan hace décadas desde la perspectiva de la teología de la liberación. Esta es la segunda vez que asisto a un curso como este, pero, sin demérito de mi experiencia anterior, esta fue particularmente provechosa en términos intelectuales y personales. Ha sido una semana intensa de trabajo y reflexión, con sesiones plenarias, sesiones por comisiones, visiones de conjunto presentadas por Gutiérrez y momentos de compartir más distendidos. Una experiencia sumamente rica que es, además, un esfuerzo del Bartolomé de Las Casas que tuvo en esta su versión número 41, todo un mérito en relación a la sostenibilidad de un proyecto de este tipo.

Quisiera, brevemente, hacer un comentario general sobre la temática del curso, con el objetivo de anunciar algunos posts que vendrán en los días próximos. La intención del curso fue trabajar, desde una perspectiva bíblica, los fundamentos de la perspectiva de la liberación que Gutiérrez ha elaborado y profundizado desde finales de los años sesenta. En ese sentido, se trata de un curso particularmente importante en la medida en que ilumina el proyecto teológico de Gutiérrez, dándole vigencia y acallando las críticas desinformadas que acusaban su trabajo de ser una mera “sociología religiosa”.

El curso se dividió en 4 ejes centrales, en torno a los cuales se agruparon algunas series de textos bíblicos. El primero, titulado “El don de la vida”, se enfocó en el tema de la gratuidad. El interés de Gutiérrez fue mostrar cómo la opción preferencia por el pobre (OPP) está basada en el amor gratuito de Dios, tal como este se revela en el texto bíblico. Es a partir de ese amor gratuito que el ser humano está invitado a amar del mismo modo. El segundo eje, “Proclamar la liberación del oprimido”, estuvo centrado en los conceptos de liberación y justicia. La misión fue explorar el sentido de la relación entre ambos conceptos a partir del marco teórico de la obra de Gutiérrez y fundamentar el mismo en la evidencia textual que se encuentra en la Escritura. El tercer eje, “Salir al encuentro del otro”, tuvo como tema central la práctica cristiana. Allí se trabajó, a partir de una iluminadora relectura de la parábola del samaritano, el sentido bíblico del concepto de prójimo y como éste marca la OPP. Finalmente, el cuarto eje, “Reconocer los rostros de Cristo”, estuvo basado en el rol del encuentro como opuesto al pecado (i. e. ruptura de la comunión con Dios y el prójimo). Se trató de una aproximación que sintetizó todo lo elaborado previamente  poniendo énfasis en la identificación del prójimo, principalmente en el rostro del que sufre.

Los posts que siguen tratarán de entrar en algunas cuestiones de cada uno de los ejes. Mi intención no es hacer un resumen de todo el curso, sino presentar algunas de las ideas que me resultaron más interesantes, así como las referencias bíblicas más sugerentes en términos de la OPP. Al final de esas presentaciones, las mismas que no serán consecutivas necesariamente, trataré de entablar, a modo de cierre, una breve “polémica” con un texto crítico que encontré hace algunos años sobre la teología de la liberación que, sin embargo, por esas cosas de la vida, no discutí en su momento. Creo que el contexto de este curso constituye un buen momento para hacer aquello y mostrar cómo la crítica interesada y falaz puede aprovecharse del lector poco informado confundiéndolo y llenándolo gratuitamente de recelos injustificados.


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