Marshall McLuhan: el medio es el mensaje (III)
Publicado: 29/07/2009 Archivado en: Lo sagrado y los medios de comunicación, Marshall McLuhan | Tags: Arte, Marshall McLuhan, Mass media, Medios de comunicación, Walter Benjamin 2 Comentarios »
Justamente es el artista quien puede ayudar en una transición que se mueva cautelosa entre ambos terrenos. Así, dice McLuhan:
“En palabras de Wyndham Lewis: «El artista siempre se encuentra escribiendo una detallada historia del futuro porque es el único consciente de la naturaleza del presente». […].
Es antiquísima la facultad del artista para esquivar el mazazo de una nueva tecnología en cualquier época y contener esa violencia con pleno conocimiento. […].
El artista es aquel que, en cualquier campo, científico o humanístico, capta las implicaciones de sus acciones y de los nuevos conocimientos de su tiempo. Es un hombre de conciencia integral.
El artista puede corregir las proporciones de los sentidos antes de que el golpe de una nueva tecnología haya entumecido los procedimientos conscientes”[1].
Se le entiende aquí como el gran experimentador, con aquel que juega con la experiencia y anticipa la profundidad de los cambios. Al estar más profundamente conectado con el presente es capaz de prever el futuro, de percibir más tempranamente su advenimiento. La cuestión yace en su capacidad refinada para la percepción, para la intuición de lo que está pasando. En ese sentido, podemos volver sobre Benjamin y pensar en este artista paradigmático como aquel en el cual nuestro autor depositaba su esperanza. Un sujeto capaz de apropiarse de lo nuevo antes de que su impacto crudo entumezca, pero capaz de estar con nosotros para mostrárnoslo, al menos sugerirlo. Él adapta oportunamente sus sentidos, propone significados e ideas nuevas, colapsa con suavidad nuestras categorías previas, sutilmente nos conduce a la nueva etapa. La ventaja del arte es su pequeña escala, su limitado rango inicial. Es verdad que estamos en la época de su reproductibilidad técnica, pero el arte surge en la experiencia del artista, luego puede extenderse. Es ese primer nivel de pequeñez e intimidad el que nos interesa, porque es allí donde se amortigua originariamente el cambio. Luego puede desplegarse masivamente, pero ya mediado por esa inicial intimidad que le permite probar y, así, contribuir a la transición. No todo juego de experiencias derivará en una obra que recoja lo que aquí McLuhan espera, evidentemente; pero el juego en sí mismo es el que abre esa posibilidad. Quizá el propio Benjamin es un buen ejemplo, quizá haya que pensarlo a él como un artista de la palabra.
[1] McLuhan, M. Op. Cit. p. 86.
Marshall McLuhan: el medio es el mensaje (II)
Publicado: 27/07/2009 Archivado en: Lo sagrado y los medios de comunicación, Marshall McLuhan | Tags: Arte, Imágenes de pensamiento, Marshall McLuhan, Mass media, Medios de comunicación, Tecnología, Walter Benjamin Deja un comentario »Si estas afirmaciones son correctas, tenemos ya algunas herramientas para analizar de mejor modo ciertos problemas con los que Benjamin se enfrentaba. Me parece que esta precisión mcluhaniana sobre la necesidad de no escindir el medio del mensaje es algo que está ya supuesto en la idea de imagen que desarrolla Benjamin. Al presentarnos la decadencia del aura, Benjamin nos aproxima también a un nuevo método para notar ese proceso. En esto radica lo paradójico e interesante de su postura: él quiere ofrecernos un montaje que permita una mirada crítica de la fantasmagoría, pero lo hace, justamente desde la estructura de un modo de pensar ya marcado fantasmagóricamente. No digo aquí que Benjamin fuera un pensador que se acercaba a la realidad en clave cosificante o mercantilista, lo que sostengo es que ante la presencia masiva de ese modo de ser desprovisto de profundidad y sólo capaz de lo homogéneo, Benjamin se esmera en romper con la linealidad del discurso para ofrecer pequeños destellos que despierten la capacidad crítica de la masa. Así, contra la actitud irreflexiva y desatenta, su pensamiento se vuelve fragmentario, plantea su crítica desde la sugerencia borrosa, a través de la nubosidad de la imagen de pensamiento. Cuando se han terminado las palabras, cuando el discurso ya no cala más en la masa que ha sido anestesiada por la mercancía y por la uniformización de todo valor, cuando son así las cosas, se vuelve necesario ofrecer otro acceso que cautive de un modo que lo previo ya no logra hacerlo. Benjamin no termina siendo otra cosa que el vivo testimonio de que el medio es el mensaje y de que los nuevos medios ya estaba reconfigurando su propia forma de pensar.
Pero, junto a esto, creo que podemos añadir otra distinción interesante de McLuhan. El pensador canadiense distingue entre dos tipos de medios: los fríos y los calientes. Así, explica:
“Un medio caliente es aquel que extiende en «alta definición» un único sentido. La alta definición es una manera de ser, rebosante de información. […]. Así, pues, los medios calientes son bajos en participación, y los fríos, altos en participación o compleción por parte del público”[1].
Me parece que esta idea es útil en tanto amplía un poco más las intuiciones que podemos suponer detrás del tipo de reflexión de Benjamin, en particular, y del Libro de los pasajes, en general. Lo que parece haber en Benjamin es la conciencia de que no puede procederse vía un medio caliente a la presentación crítica de la fantasmagoría. En ese sentido, lo que conviene es un discurso que, más bien, deje los suficientes espacios para que surja en él la vocación por la atención y la reflexión, la inventiva, la creación propia. Un discurso sumamente articulado y claramente definido implicaría un exceso de información que, quizá como la propaganda nazi, terminaría por insensibilizar a las masas. En tanto la intención de Benjamin era radicalmente distinta, el medio de difusión de su pensamiento debía ser también distinto: fragmentario, mostrativo. Recordemos que es posible hablar de Benjamin más como un teórico de la percepción que de las bellas artes y si esa hipótesis es correcta su teoría del arte en la época de la reproductibilidad técnica tiene que ser vista desde su intento por ofrecernos un tipo de percepción que, en el nuevo contexto, sea capaz de recuperar algo de la experiencia aurática perdida. No olvidemos que el medio es el mensaje.
Quiero detenerme ahora sobre el modo en que McLuhan considera al artista y al arte en este entramado conceptual. Me interesa esto porque, finalmente, la reflexión de Benjamin es una mirada sobre el papel del arte ante los nuevos medios de reproducción; en ese sentido, hay que examinar, entonces, cómo es que puede quedar situado este. Lo interesante es que McLuhan no es para nada una suerte de utópico de los nuevos medios, él cree que ellos implican cambios complejos que traen beneficios y también dificultades. Lo que está claro es que, a la larga, los nuevos medios reconfiguran nuestra experiencia, aunque a veces lo hacen de modos dolorosos. Allí es donde entra el arte, porque McLuhan cree que el artista puede convertirse en un punto de apoyo fundamental para la transición, de modo que contribuya a evitar que esta sea destructiva. La idea es preguntarse cómo podríamos hacer una transición tal que nos permita incorporar los elementos de nuestra cultura sin que estos sean avasallados por las nuevas tecnologías, que, como sabemos, era también el deseo de Benjamin. Aquí hay un doble nivel de ideas que vale la pena remarcar. Por un lado está la cautela evidente de una reflexión que, de hecho, no tiene asidero real, ya que especulamos aquí sobre las nuevas tecnologías y los cambios que estas generarán, futuro. En tanto hablamos de un tiempo por venir, sólo podemos imaginarnos cómo proceder, no dar una respuesta definitiva. Por el otro, tenemos que estar prevenidos de que esta primera cuestión no nos conduzca a la postura inversa, la de amurallarnos en la forma de vida presente y resistirnos a los cambios que a esta pueden ofrecerse por temor a lo desconocido[2].
[1] Ibid. pp. 43-44.
[2] Una distinción importante, sobre todo en su primer nivel. Cf. Marisca, E. Lenguajes experimentales.
Marshall McLuhan: el medio es el mensaje (I)
Publicado: 25/07/2009 Archivado en: Lo sagrado y los medios de comunicación, Marshall McLuhan | Tags: Arte, Marshall McLuhan, Mass media, Medios de comunicación, Tecnología, Walter Benjamin 7 Comentarios »
A partir de todo lo visto, me interesa hacer una serie de conexiones importantes con la obra de Marshall McLuhan, Comprender los medios de comunicación[1]. Quiero enlazar con ella los aspectos prometedores del pensamiento de Benjamin, sin perder de vista los de orden crítico, claro. Por un lado, me interesa examinar la potencialidad del cambio en nuestra subjetividad que se gesta con los nuevos medios. Esto implicará también ver el cambio en nuestra relación con los objetos y, por supuesto, en nuestro relaciones con los demás. En otras palabras quiero ver qué se puede sacar de positivo de la aproximación más bien crítica de Benjamin a lo fantasmagórico. Además, deseo volver sobre la sugerencia escondida en el Libro de los pasajes, aquella de que la división de forma y contenido es inconducente para entender los propósitos de la crítica de Benjamin. Ello nos conducirá a un tema capital en la obra de McLuhan. Finalmente, quiero ver cómo quedan el arte y el artista después de examinar estas ideas.
El libro de McLuhan al que hacemos referencia inicia con una ya muy conocida afirmación:
“En una cultura como la nuestra, con una larga tradición de fraccionar y dividir para controlar, puede ser un choque que le recuerden a uno que, operativa y prácticamente, el medio es el mensaje. Esto significa simplemente que las consecuencias individuales y sociales de cualquier medio, es decir, de cualquiera de nuestras extensiones, resultan de la nueva escala que introduce en nuestros asuntos cualquier extensión o tecnología nueva”[2].
Vale la pena detenernos a comentarla. Quizá decir que se trata de una cultura con una suerte de tradición por el control sea una afirmación gruesa, pero no quiero detenerme en ese detalle. Lo que interesa aquí es la tesis con la que se le contrapone: el medio es el mensaje. Esta idea es muy fina, simple y a la vez compleja. Lo que aquí supone nuestro autor es que la escisión entre forma y contenido, el medio y el mensaje que en él se manifiesta, es inconducente. El modo de presentación de algo configura ya el modo en que ese algo es comprendido a tal punto que son indiferenciables. La cuestión radica en dejar de ver a los medios de comunicación como meros vehículos de contenidos, como pensaba Locke del lenguaje, por ejemplo, y empezar a verlos como extensiones nuestras, como nuevos modos de asimilar el mundo. Así, los nuevos medios constituyen transiciones profundas en nuestra forma de estar en el mundo y de aprehenderlo. Estas ideas de McLuhan nos deberían conectar nuevamente con la problemática tratada por Benjamin. Mi impresión es que él empezaba a percibir de cierto modo este nivel de la reflexión, a ello he hecho referencia varias veces cuando hablaba de menciones sugerentes pero poco desarrolladas. Creo que Benjamin, como he dicho, tiene una posición ambigua con los nuevos medios y con la técnica moderna, ve en ellos potencialidades que, sin embargo, la fantasmagoría oculta. Sin embargo, sabe que hay una dimensión de tránsito con estas nuevas tecnologías, que se está configurando, en cierto sentido, una nueva humanidad. El problema con él es que, por las condiciones de la época, pone el énfasis en la parte negativa del proceso. Lo que hace McLuhan es analizar su potencial revolucionario, pero de modo positivo. No se concentrará ya en pensar si quizá el cine u otros medios pueden ser útiles para la crítica social; la revolución que él identifica yace en el modo en que estos pueden reestructurar nuestra experiencia del mundo. Como se ve, estamos ante un motivo claramente benjaminiano, aunque revitalizado por el ojo de McLuhan.
Un ejemplo que le gusta a McLuhan es el de la aparición de la imprenta. Esta fue una tecnología que cambió para siempre el mundo medieval en que vivía la Europa de la época. Como sabemos se trató de un proceso de grandes dimensiones que terminó por cambiar a la larga el rostro de la humanidad toda. Como catalizador de procesos sociales, la imprenta permitió, entre muchas otras cosas, un notorio descentramiento del poder, una postura crítica ante la posesión de la verdad y la posibilidad de afianzar al individuo como entidad independiente de la colectividad. Esto, como ya mencioné en referencia a Taylor, fue uno de los elementos decisivos en el proceso de secularización que vive Occidente. Ahora, como toda promesa, esta también implicó dificultades relativas al desmembramiento social, un individualismo exacerbado, la insubordinación y su contraparte: su uso como instrumento de uniformización, de igualación de las masas. Tensiones, todo nuevo medio trae mensajes nuevos que subvierten el orden y nos exponen ante posibilidades enormes y enormes conflictos.
[1] McLuhan, M. Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano. Barcelona: Paidós, 1996. Agradezco a Eduardo Marisca la ayuda con algunos de estos temas permitiéndome la lectura de un par de interesantes ensayos suyos que se acercan bastante, por otras vías, a lo que yo he tratado de elaborar aquí.
[2] Ibid. p. 29.