Algunos apuntes sobre el expresivismo bíblico (IV)

Para terminar, agrego la parte final del ensayo:

Dicho esto, creo que es pertinente volver a las preguntas con las que inauguramos esta parte del ensayo. ¿Qué sucede aquí con las nociones de contexto, comunicación y sentido? Sospecho que ya puede intuirse la respuesta. Derrida no tiene como enemigo a Austin, probablemente lo encasilla dentro del marco de la filosofía analítica que lleva la impronta de la concepción lockeana de lo mental. En ese sentido, lo que objeta Derrida no son ni el «sentido», ni el «contexto» ni la noción de «comunicación» que hemos venido desarrollando aquí. Todo lo contrario, con matices, las avala. Lo que se recusa es una idea de comunicación que implica la reproducción de una esencia inmutable de la realidad. Se rechaza una noción de sentido asociada a la idea de significado de los analíticos como Russell, esto es, la remisión libre de toda mácula a los sense data como instancia última y garantía de lo real. Se rebate una concepción de contexto como vehículo para la perfecta manifestación de ese contenido pulcro de la conciencia. No me interesa aquí entablar una defensa argumentativa de Austin, menos de Agustín; simplemente creo que estas precisiones son importantes si es que queremos notar un hilo conductor que atraviese los temas y autores que hemos idos presentando. Es evidente, que hay distancias importantes entro estos autores. El tratamiento de la noción de contexto es distinto, hay cierta oscuridad en la idea de comunicación, etc. En ese contexto, me parece que la crítica al performativo que desarrolla Derrida se sostiene. No porque el performativo constituya una noción lingüística insuficiente, sino porque las intenciones de Derrida consideran desechable el carácter contextual. Más claro: sostengo que conviene tomar una opción media entre ambos autores ya que ofrecen más elementos enriquecedores juntos que puestos en confrontación. Ciertamente, noto en Austin un excesivo interés por la determinación del contexto. A su vez, percibo en Derrida una cierta vacuidad respecto del destino de la comunicación, que termina confiando excesivamente en la ausencia de contextos. Conviene optar por una suerte de opción armoniosa entre ambos que recoja los puntos más sugerentes. Es por ello que introduje como marco el ejemplo del texto bíblico.

El texto se escribe con una intención, la invitación a la fe a través de la lectura de los “hechos” acaecidos en la historia de Israel. ¿Se piensa en un destinatario? Inicialmente sí, el pueblo judío. Lo interesante es que hay en la Biblia toda una dinámica propia cuya masificación hace patente. El destinatario ideal se pierde en el tiempo, todos leen el texto. ¿Los escritores? Como bien indica Agustín pasan a un plano secundario, lo que importa es el mensaje. ¿Y el mensaje? Pues tampoco es uno solo; o, si lo es, es una unidad muy distinta a un monolito de saber cartesiano de la Mathesis Universalis. Todo parece indicar que el marco interpretativo que hemos tomado de Derrida, esto es, la noción de lo grafemático, nos sirve con suficiencia para explicar el fenómeno. Además, Derrida vindica la autonomía del texto, su dinamismo histórico y su presencia no-presente (lo que en el lenguaje bíblico se conoce con la idea de memorial). Si esto es así, ¿no estamos avalando una lectura que se contradice con nuestra presentación del performativo bíblico? Sostengo que no, más bien la completa. Creo que Derrida llena de una vitalidad nueva el enfoque que habíamos sugerido desde la mirada de Austin. Se concentra más en el carácter de ordenado caos que ofrece la lingüisticidad en todo su esplendor, su historicidad y su contingencia. Es una mirada fresca de un problema que convenía atender desde más de un flanco. Sin embargo, creo que es conveniente matizar la objeción al contexto que desarrolla el autor de la Gramatología. Creo que Derrida pierde un poco de consistencia cuando derriba la idea de contextualización asociándola de modo indesligable a la noción de permanencia. El error, me parece, radica en atar innecesariamente ambos conceptos. El dinamismo y la vitalidad de lo lingüístico pueden aparecer perfectamente en un contexto de manifestación porque en el fondo el texto, sea cual fuere, sí tiene un contenido. El contenido no es uno solo, varía y está sujeto a interpretación; pero las páginas que leemos están pensadas con ciertos fines y tienen ciertas oraciones y ciertas palabras que permanecen, al menos en tanto inscripciones. Hay entonces siempre ciertos marcos muy tenues y flexibles que permiten, no obstante, ese vital desarrollo de lo que se quiere comunicar. Un ejemplo claro es el de la caridad en el texto bíblico. Dicho modelo no implica el esquema presencial que Derrida objeta, es decir, un modelo de representación cognitiva y de adecuación estática; implica una pauta amplia que engloba el dinamismo ético de un texto que es parte de nuestra tradición occidental hace ya muchos siglos. Al atar el contexto a su crítica a la presencia ideacional, lo que hace nuestro autor es lastrar un elemento fundamental en nuestra constitución de mundo: la tradición. Y esa desatención a la tradición puede ser muy negativa ya que es capaz de traer de regreso al mismo problema del que escapábamos, a saber, un imperialismo conceptual que se erige por encima de la historia. El aliento vital que se transmite en la historia nos remite al carácter relativo y contextual de nuestra existencia, de nuestras verdades y de nuestra interpretación del mundo. Nos abre ante una experiencia de transitoriedad tan feliz como angustiantemente humana y ella nos entusiasma y nos aterra a la vez. El camino de lo contextual y de la tradición nos conduce por una ruta distinta a conclusiones del mismo tipo que las ofrecidas por Derrida, pero con la ventaja de poder rescatar un elemento que consideramos primordial: el humano suelo de compartir el devenir con el otro.

 

 

 

 

 

 

 

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2 respuestas a Algunos apuntes sobre el expresivismo bíblico (IV)

  1. José Augusto dijo:

    ¿Tenemos que concluir ,entonces, que el texto bíblico y su lenguaje no comunican nada?

  2. Raúl Zegarra dijo:

    Pues tendría usted que explicar qué cosa de las dichas por mí en el texto lo conduce a decir cosa tal. Mi respuesta tajante es “no, no debemos concluir lo que usted sugiere”, pero es más interesante saber por qué lo dice. Saludos.

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