¿La religión anula el placer?

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6 respuestas a ¿La religión anula el placer?

  1. Emilio Novis dijo:

    De todas las entradas, probablemente está es de las más problemáticas. Pienso que la principal razón por la que la gente abandona la Iglesia es la contrdicción que existe desde la época moderna entre la concepción que tiene la ciencia del universo y los afanes humanistas de justicia. Otra de las causas, aunque menos grave, es la corrupción que siempre ha existido en el clero y los abusos de poder. La tercera causa tiene que ver con los placeres carnales. Se obliga y se recomienda la castidad, pero no se explica con claridad -salvo error mío- las razones de esta. El problema de la homosexualidad también está emparentado con este. Algo parecido sucede con lo otros placeres asociados a los pecados capitales. El problema de fondo es pues difícil y es este: ¿Que relación existe despues de todo entre la sexualidad y la espiritualidad?¿Porque el liberalismo sexual, que es el más extremo de los placeres carnales, y todos los liberalismos asociados son contradictorios con una auténtica vida religiosa? O acaso ¿será que no son contradictorios, que son reglas que la Iglesia impone ciegamente por el simple hecho de estar sugeridas en las Escrituras? En este comentario solo pretenderé dar unas pinceladas sobre el asunto.
    Al respecto, tanto Platón como el pensamiento hindú brindan ciertas luces. Por ejemplo, según Platón, el amor, en cierto sentido, no es sino energía. Platón piensa que el hombre posee distintos tipos de energía, pero que la más valiosa de ellas es la energía suplementaria que esta asociada con la sexualidad, con el semen en caso de los varones. Esta energía suplementaria es la fuente del deseo según Platón. Piensa que una persona que ama a Dios- o en nuestro lenguaje, una persona religiosa- se caracteriza por intentar dirigir todo su deseo hacia Dios, es decir, que se cuida muy bien de no gastar esa energía suplemnetaria- fundamento de la sexualidad- en otras cosas, pues entonces lo gastado necesaria e inevitablemente se pierde y ya no se puede dirigir hacia Dios. Según Platón pues, las cosas carnales se convierten en el criterio de las cosas espirituales, de modo tal que es imposible que un ser humano que ame a Dios al mismo tiempo gaste su energía suplememtaria de manera arbitraria. Quien ama a Dios dirige su energía hacia él, en vez de arrojarla con voluptuosidad hacia afuera. Quien gasta su tesoro de energía arbitrariamente necesariamente no ama a Dios, aunque así lo crea. Quien mantiene la castidad, pues, posee un tipo de energía superior a quien no la mantiene. Si la castidad se vuelve en algo permanente, entonces la sexualidad termina muriendo -por ello eso es una característica de los santos más elevados- pero esa energía al no haberse perdido, y al no encontrarse ya al nivel sexual, se “trasnmuta”, volviéndose en energía que se dirige sólo a Dios. Siendo ese el fundamento fisiológico del amor. Es por el proceso aqui esbozado que la castidad es conveniente, y que la sexualidad- en una persona auténticamente religiosa- solo debería ser ejercida en vistas de la reproducción (así también se comprende la incompatibilidad entre la homosexualidad y la espiritualidad).
    Es realmente un proceso de arrancamiento, de dirigir el deseo de este mundo hacia el otro. Y es realmente díficil, por ello la santidad es algo inusual. En este proceso los placeres y dolores no tienen un papel predominante y son peligrosos solo si desvian la atención de Dios. Así pues aparece un criterio de discriminación. Existen placeres y dolores “inocentes”, que acompañan a los deberes y al trabajo; y dado que el deber y el trabajo honrados son compatibles con la conciencia, y la conciencia no es incompatible con Dios, esos placeres y dolores no tienen por qué ser evitados. No se puede decir aquí mucho más al respecto, pues el deber y el trabajo son propios y varian de acuerdo a los individuos. Existen pues también placeres y dolores que acompañan a acciones que son incompatibles con el amor a Dios. Estas acciones se caracterizan por un sentimiento de ilimitación, como son, por ejemplo, los que implican los llamados pecados capitales, incompatibles con la conciencia lúcida.

  2. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Es una larga e ilustrativa entrada, Emilio. Muchas gracias por los aportes. Sobre Platón hay muchas cosas que decir, se trata de un autor complejo, de obra amplia y de interpretación difícil. No quiero ahondar mucho en el tema porque no era esa la idea, pero sospecho que, en efecto, en Platón podríamos encontrar muchas respuestas para el problema que esta imagen nos presenta: la predilección por el alma, la censura de la sensación, del apetito, etc. Lo que hereda la cristiandad es una fuerte influencia de cierto judaísmo post-exílico obsesionado con la pureza y su mixtura con el pensamiento griego de impronta platónica que disminuye el valor de lo sensual. Así, lo que tenemos es este castigo al cuerpo y censura a la sexualidad que tuvo en la Edad Media sus casos más exacerbados: no olvidemos que la quema masiva de “brujas” tuvo mucho que ver el asunto del placer de las mujeres así acusadas.
    Para volver sobre el tema de la imagen…¿por qué tanto rollo con el sexo?, ¿qué es lo que se teme? Bueno mi impresión es que la Iglesia tiene ahí un cierto sentido bien intencionado: se apunta a un amor trascendente en el cual el sexo debe ser legítimo solo en tanto es parte de ese proyecto trascendente (la procreación dentro del matrimonio sacramental). Lo que se quiere evitar es una sexualidad “libertina” y desordenada, vacía dirá el clero, intrascendente. Bueno, quizá tengan razón, tampoco hay que ser mezquinos; sin embargo, eso no quita que haya un fuerte predominio de la reflexión sobre el sexo y la pureza…lo que yo pienso es que la impureza del corazón tiene mucho menos que ver con el sexo premarital que con el profundo egoísmo. Así, mejor haría la Iglesia en tener una actitud más sólida frente a temas tan graves como el abuso de poder, la discriminación, su propia corrupción interna, su cercanía a los grupos dominantes en la sociedad y su, a veces, lejanía de los pobres de Jesucristo.
    Yo en todo insisto siempre en la prudencia en el juicio: la Iglesia, al menos en principio, tiene la intención de dar buen consejo; el problema es que abusa, se extralimita y no ve que se concentra en pequeños problemas en lugar de poner el ojo en cosas más importantes. Quizá por eso su descrédito…aunque ese descrédito también es algo injusto en algunos sentidos y habría que discriminar a muchos miserables con sotana de otros curas nobles y laicos comprometidos.

  3. Emilio Novis dijo:

    Gracias estimado Raúl. Te envió una respuesta complementaria. Es cierto que la Iglesia a veces termina prestando demasiada atención a asuntos que no lo merecen y prescribiendo margenes rígidos y radicales que un fiel no debe franquear, de modo tal que la pertencia a un Iglesia (evidentemente en latinoamerica sobre todo la católica romana) es en cierto sentido muy parecido a la pertenencia a un partido político. Eso es producto inevitable del dogmatismo común. Particularme no me agradan las actitudes partidarias y pienso que la Iglesia no debería marginar a ningún ser humano, esto es, que no debería impedir la participación en los sacramentos a nadie que lo desee. Para pertenecer a la Iglesia tal como Cristo la instituyó es suficiente- pero necesario- con amarle y actuar en conformidad con ese amor, al menos así lo nota san Juan. Ese amor si es real, es eficaz. Si no es eficaz no es real. La eficacia de ese amor es la pureza tanto en el ámbito del pensamiento como de la acción. “Los reconocerás por sus frutos” es una de las sentencias fundamentales del Evangelio. De modo tal que si un religioso ,por más que haya participado en los sacramentos, está obsesionado con el poder o es un violador, etc. no pertenece al árbol de Cristo, que es la Iglesia. Así pues el pertencer de hecho a la Iglesia en tanto realidad social no implica necesariamente el pertencer a la Iglesia auténtica, que es la espiritual y viceversa. Pienso que como la única condición para ser discípulo de Cristo es amarle, esa también debería ser la única condición para el contacto ritual sacramental. Lejos de ser así, lamentablemente muchas veces la Iglesia se ha servido del tesoro de los sacramentos para manipular las cosas a su conveniencia. Una Iglesia que no ponga condiciones sociales para la participación en el ritual acabaría con todas las pretensiones de poder, pues necesariamente solo sería una servidora. No se le impediría que opine, debería opinar y dar consejos, directrices y advertencias, pero solo eso, sin jamás poder ejercer ninguna especie de totalitarismo sobre las almas.
    Me parece y me da mucha alegría, que la denominada Iglesia Católica Liberal cumple con ese ideal. No sé si has oído sobre ella. Yo no formo parte de ella, pues yo soy católico romano de nacimiento, pero honestamente pienso que de las numerosas Iglesias actuales esta es la más cercana al espíritu cristiano en su relación con los sacramentos, que en el fondo, es el corazón de la religión ritual.

  4. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Pues estoy muy de acuerdo contigo, Emilio. Me parece que no he escuchado de la Iglesia que mencionas, si tienes alguna fuente de información a la que pueda recurrir, te agradecería me la envíes. Te dejo, de todos modos, mi e-mail para poder conversar con más detenimiento e intercambiar más allá del blog: zegmed@gmail.com
    Un abrazo y muchas gracias por los valiosos comentarios!

  5. Emilio Novis dijo:

    Disculpa la demora, estimado Raúl. Te envió dos enlaces, pero si curioseas un poco en internet hallarás probablemente más información. http://www.liberalcatholics.org/ y http://www.iclmiami.com/index.htm.
    Saludos.

  6. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Gracias por el dato, Emilio. Un abrazo y te agradezco de nuevo tus importantes contribuciones!

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