Ya, ahora sí, ¿qué dijo Mr. Obama? (II)

Así, cierra Obama el comentario sobre la carta del doctor: “Because when we do that – when we open up our hearts and our minds to those who may not think precisely like we do or believe precisely what we believe – that’s when we discover at least the possibility of common ground”. Es la apertura del corazón la que nos permite encontrar un suelo común para trazar un destino conjunto. Así, aunque estemos en contra del aborto, deberíamos ser capaces de entender las razones profundad del corazón de una mujer cuando ella considera esta opción y no sólo juzgarle por lo que vemos como un pecado o un mal. Obama, inteligente como es, volcó esta reflexión sobre ND: “Open hearts. Open minds. Fair-minded words. It’s a way of life that has always been the Notre Dame tradition”. Esto de lo que hablamos, esta tolerancia del corazón bien intencionado, representa el espíritu de la UND. La ovación fue inevitable. Obama aprovechaba para reiterar lo que ya había anunciado el padre Jenkins: aquí lo recibimos justamente por eso, porque más allá de las diferencias, ND cree en ese suelo común que se crea a través de la apertura del corazón. Nuevamente, en sus propias palabras: “A lighthouse that stands apart, shining with the wisdom of the Catholic tradition, while the crossroads is where “differences of culture and religion and conviction can coexist with friendship, civility, hospitality, and especially love.” And I want to join him and Father John (Jenkins) in saying how inspired I am by the maturity and responsibility with which this class has approached the debate surrounding today’s ceremony. You are an example of what Notre Dame is about”.

Pero hubo algo más interesante, aunque claro en la línea de lo dicho hasta aquí. Obama se dio la libertad de hablar un poco más en concreto sobre la religión. En una versión que lo acerca mucho a la reflexión filosófica deconstructivista de la misma, lo que llamamos con Derrida la “religión sin religión” para referirnos al valor humano maravilloso detrás de las esferas de poder y las imposiciones cerradas (que no son la forma de vivir la religión de la mayoría, felizmente). Obama hizo referencia a que el no creció en un hogar fuertemente confesional, ni mucho menos; sin embargo, fue criado en una familia que lo invitó siempre a la preocupación por el otro, a la empatía. Quizá de allí, el mismo sugiere, surgió su deseo de trabajar como organizador comunitario después de haberse graduado de la universidad. Así conoció a varias organizaciones religiosas que lo ayudaron a trabajar por los vecindarios menos favorecidos de Chicago. Fue en ese contexto que la fe de Obama fue despertándose: “And something else happened during the time I spent in these neighborhoods – perhaps because the church folks I worked with were so welcoming and understanding; perhaps because they invited me to their services and sang with me from their hymnals; perhaps because I was really broke and they fed me. Perhaps because I witnessed all of the good works their faith inspired them to perform, I found myself drawn not just to the work with the church; I was drawn to be in the church. It was through this service that I was brought to Christ”. Una fe que emerge del contacto con el otro, del servicio, en la más genuina tradición cristiana. Me hace pensar en el valor fundamental de la teología de la liberación de Gustavo Gutiérrez como un énfasis fuerte en esa tradición que a veces se deja de lado. Hay frases realmente intensas en el discurso de Obama que merecen leerse ellas solas: “And at the time, Cardinal Joseph Bernardin was the Archbishop of Chicago. For those of you too young to have known him or known of him, he was a kind and good and wise man. A saintly man. I can still remember him speaking at one of the first organizing meetings I attended on the South Side. He stood as both a lighthouse and a crossroads – unafraid to speak his mind on moral issues ranging from poverty and AIDS and abortion to the death penalty and nuclear war. And yet, he was congenial and gentle in his persuasion, always trying to bring people together, always trying to find common ground. Just before he died, a reporter asked Cardinal Bernardin about this approach to his ministry. And he said, “You can’t really get on with preaching the Gospel until you’ve touched hearts and minds”. Obispo que quizá nos recuerde a gente tan valiosa como aquellos hombres de fe de Puebla y Medellín que tan preocupados estaban por el rostro humano que necesita y padece. La invitación a que los hombres de fe sean luz y a la vez un lugar en el cual los caminos se encuentren es muy clara y creo que Obama tiene toda la razón.

Y ya hacia el final, poco después del pasaje que citaba, Obama recuerda algo que yo he tratado de trabajar constantemente en el blog y que trabajo ahora en mi tesis de maestría. El pasaje es largo, pero vale la pena: Remember, too, that the ultimate irony of faith is that it necessarily admits doubt. It’s the belief in things not seen. It’s beyond our capacity as human beings to know with certainty what God has planned for us or what He asks of us. And those of us who believe must trust that His wisdom is greater than our own. And this doubt should not push us away our faith. But it should humble us. It should temper our passions, cause us to be wary of too much self-righteousness. It should compel us to remain open and curious and eager to continue the spiritual and moral debate that began for so many of you within the walls of Notre Dame. And within our vast democracy, this doubt should remind us even as we cling to our faith to persuade through reason, through an appeal whenever we can to universal rather than parochial principles, and most of all through an abiding example of good works and charity and kindness and service that moves hearts and minds. For if there is one law that we can be most certain of, it is the law that binds people of all faiths and no faith together. It’s no coincidence that it exists in Christianity and Judaism; in Islam and Hinduism; in Buddhism and humanism. It is, of course, the Golden Rule – the call to treat one another as we wish to be treated. The call to love. The call to serve. To do what we can to make a difference in the lives of those with whom we share the same brief moment on this Earth.

La ironía de la fe radica en la duda que tiene a la base. Yo he tratado de recordar esto muchas veces y de diversos modos, ya que creo que es el modo más sano y fructífero de aproximarse a la religión. Ser conscientes de que no hay certezas, de que no hay modo de probar la existencia de Dios, de que no hay modo de decir de modo probatorio que esta o aquella doctrina sobre el mundo es la mejor, es la mejor manera de creer. Eso nos da una creencia más auténtica ya que no es el facilismo de lo seguro sino la aventura de lo incierto, pero en esa aventura radica la dicha: como sugiere el texto bíblico, hagamos como el justo que cierra los ojos y se deja llevar por la fe. Pero he allí la paradoja, cuando cierra los ojos debe confiar, no “saber”. Esa es la virtud del justo que cree por la fe. Es por estas razones que Obama invita a la tolerancia y al respeto mutuo. Porque a la larga la ausencia de garantías epistemológicas nos termina diciendo algo sobre el ser humano y sobre las religiones: que al no haber certezas, lo que debe primar el la regla del amor, la regla de la mutua escucha y de la tolerancia sincera.

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