Ya, ahora sí: ¿qué dijo Mr. Obama? (I)

Esta es una deuda con los lectores. Varios de ellos amigos míos que me han andado diciendo que no cumplo con el tan anunciado comentario del discurso en Notre Dame. Bueno, he de presentar antes mis excusas. En este último mes he estado dedicado a fondo a la sustentación de mi grado de Licenciado en la PUCP, razón por la cual no me he dedicado más que casi exclusivamente a eso. Me di un tiempito para colgar unas imágenes que trajeron buena polémica, pero nada más. Ahora, después de haber obtenido el grado, quiero volver con algunos textos que me parecen de interés. Empiezo, entonces, terminando con aquellas ideas que dejé a medias sobre el discurso de Obama. Lo que faltaba desarrollar son sus perspectivas sobre la cuestión religiosa, que eran las que más interesaban allí. Luego de concluir con estas reflexiones quisiera pasar a hacer algunos comentarios sobre el nuevo libro de Charles Taylor (A secular age, 2007). Me parece que será interesante abrir un curso nuevo de reflexión en el blog sobre el tema de la secularización. Pasemos a Obama, entonces.

La última vez nos habíamos detenido a hablar de la invitación a la tolerancia de parte de Obama y andábamos ya hacia la mitad del discurso. Permítanme dar un paso hacia atrás. Quiero dedicar unas breves líneas al padre Jenkins, presidente de la UND. Lo hago por dos cosas: primero porque fue Jenkins quien introdujo a Obama antes de que este iniciase su discurso y, segundo, porque no se imaginan la cantidad de precisión que recibió de parte de las altas esferas del clero y del poder político. Invitar a Obama a hacer ese discurso en ND no parecía una idea políticamente correcta, pero Jenkins se comió el pleito y creo que lo hizo con valentía y con buen juicio a la luz de lo que Obama diría después.

Una de las primeras cosas que planteó Jenkins a la numerosa audiencia fue el evidente problema de haber invitado a Obama. Sin embargo, un hombre inteligente como es (profesor de filosofía en UND, dicho sea de paso), decidió darle vuelta al problema y preguntar: ¿por qué el presidente Obama aceptó venir? Jenkins fue muy claro: no estamos de acuerdo con el presidente Obama en su posición frente a la investigación genética ni frente al aborto (que fue el gran tema de alboroto en los EEUU: ¿cómo una Universidad católica puede condecorar a un pro-aborto?). La pregunta es, con una distancia tan frontal, ¿por qué decidió venir? Nuevamente, Jenkins fue muy preciso: porque el presidente Obama no le rehúye a las diferencias. Y luego sentencio con un comentario que se llevó la ovación del público: “Señor Presidente, este es un principio que compartimos”. Debo confesar que me llené de emoción con esas palabras. Así, concluyó diciendo, la UND  invitó al presidente Obama por todo lo que los EEUU vio en él y que ND también ve: esperanza, honestidad, esfuerzo, etc. Me parece que las palabras de Jenkins muestran la reflexión de un sacerdote maduro e inteligente, capaz de tender puentes para la construcción de un destino común y no sólo uno de esos curas osificados que ven en la crítica cerrada e intolerante la defensa digna de la fe.

Ok, ahora retomemos la pauta y volvamos a lo que dijo Obama. Después de invitar a los graduados al esfuerzo conjunto para superar las diferencias y buscar la reconciliación, el presidente tuvo aún más decisivas palabras. Miren lo que dijo poco después: “The soldier and the lawyer may both love this country with equal passion, and yet reach very different conclusions on the specific steps needed to protect us from harm. The gay activist and the evangelical pastor may both deplore the ravages of HIV/AIDS, but find themselves unable to bridge the cultural divide that might unite their efforts. Those who speak out against stem cell research may be rooted in an admirable conviction about the sacredness of life, but so are the parents of a child with juvenile diabetes who are convinced that their son’s or daughter’s hardships can be relieved”. Creo que el mensaje es profundo y muy claro. Obama no estaba apelando en ND a la confrontación ni mucho menos a que cada uno renuncie a su vocación religiosa ni a los fundamentos tradicionales con los cuales valora el mundo. Lo que pedía el presidente era la vocación sincera para poder brevemente de lado las diferencias para buscar soluciones conjuntas. O, quizá más modesto aún, tan solo no juzgar el corazón de los demás cuyas opciones pueden estar fundadas en los más nobles deseos, como en el caso último de los padres que buscan alivio para su pequeña o pequeño. Una de las cosas que más me entristece e indigna del mundo de hoy es la facilidad con la que se juzga los motivos del corazón de cada persona. Lo más duro, además, es que esos juicios severos suelen venir de personas que se consideran religiosas, en una clara contradicción con el evangelio: Jesús comía con prostitutas, andaba con pecadores, se alojaba con el recaudador Zaqueo. Qué poco ha aprendido mucha gente del mensaje evangélico, qué poco amor hay en esa severidad del juicio. Este blog, en buena cuenta, es un esfuerzo por reactualizar esa convicción cristiana muchas veces olvidada. 

Obama cuenta, incluso, que él mismo se fue dando cuenta mejor de esto. Un doctor escribió a la página de su campaña criticando una frase que había aparecido a nombre del entonces candidato: “I would fight right-wing ideologues who want to take away a woman’s right to choose”. El doctor en un ánimo tolerante, pero justamente crítico, le dijo a Obama que esa era una acusación injusta ya que pertenecer a alguna posición ideológica no lo descalificaba para el diálogo ni para promover la libertad de elección. Censuraba en Obama pretender que una persona que se oponía al aborto era un mero ideologizado de derecha. Le decía el doctor que él lo apoyaba y quería que fuese presidente, a pesar que sabía sobre su posición frente al aborto. No le pedía que retroceda con ello, sólo le pedía palabras más meditadas, más justamente meditadas para los que pensaban diferentes ya que quizá no entendía la profundidad de sus convicciones. Nuevamente, un momento muy emocionante del discurso. Obama reconocía cuánto le enseñó la breve misiva del doctor y cómo ayudo a que fuese más claro sobre su propia posición.

[…]

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