Charles Taylor: los problemas y promesas de una edad secular (I)

Me disculpo por la demora con este artículo, particularmente con mi amigo Gonzalo Gamio a quien le di un aviso muy optimista suponieno que estaría publicado hace un par de días. Como dije en la entrada sobre Obama del día martes, quiero dedicar algunas líneas a hablar de la última obra monumental de Charles Taylor, “A secular age”. Aviso, sin embargo, que dada la inmensa extensión de la misma sólo le he dado una ojeada por ahora, así que voy a comentarla a partir de una interesante reseña que apareció hace más o menos un año en la revista The New Left Review (pueden revisarla en la hemeroteca PUCP). Lo que haré, entonces, es una presentación de las tesis centrales del texto a modo de ofrecerles algunas ideas sobre de qué trata este libro. Ya con el tiempo, cuando termine de leerlo, me dedicaré a hacer una exposición más detallada y crítica del mismo en sendos posts temáticos.

Mi interés por Taylor tiene varios frentes. Es un autor que no conocí en mi paso por el pregrado de filosofía, sino en mi labor de docencia en los EEGGLL de la PUCP, por lo mismo me fui familiarizando tanto como pude con él para compensar mi desconocimiento inicial. Básicamente me acerqué a él por Gonzalo Gamio quien me lo fue presentando para trabajarlo juntos en el dictado de clases. Me pareció desde el comienzo un autor muy interesante, con propuestas sugerentes y con un análisis fenomenológico honesto de la historia, como me dijo durante mi sustentación de grado, Ciro Alegría (con algo de ironía, sospecho). Tengo mis reservas sobre algunas posiciones suyas, pero quizá sea por mi falta de conocimiento profundo y no por faltas suyas. En todo caso, Taylor me interesa por su lectura actualizada de Aristóteles y la vuelta sobre la idea de la articulación de la vida buena. Pero, además, Taylor es un conocedor de la obra de William James, que como saben es un autor que tiene mucha atención de mi parte y que es, incluso, la base de mi tesis de maestría. Taylor publica en el 2002, cien años después de las conferencias Gifford de James en la Universidad de Edimburgo, “Las variedades de la experiencia religiosa hoy”. Una revisión del famoso texto de James en la que ofrece una serie de pautas bastante importantes, quizá comente ese texto más adelante. En tercer lugar, siempre he sido un interesado por la teoría política y Taylor es uno de los íconos de dicha discusión en el mundo americano, como parte de los llamados “comunitaristas”, críticos básicamente de la posición liberal de John Rawls. Sobre ellos también publicaré textos en algún tiempo. Para vincular todo de modo articulado: Taylor me interesa porque es un pensador interesante en tanto vincula su reflexión teórica en política con su aproximación a la religión desde la premisa de la importancia de la auto-realización humana, el valor de la libertad y el sentido de la pertenencia. En ese sentido, el tema de la secularización parace volverse la idea que atraviesa estas cuestiones. Sobre ella ya había hablado Taylor, pero en esta nueva obra lo hace de modo detallado y contundente. Pasemos a dar una mirada a la misma.

La reseña de Goerge McLennan se denomina “Among the unbelievers” que es un título bastante interesante para inicar el examen de este texto. Parece ser que esta es una época carente de fe, que nos encontramos entre un mundo de gente que ya no cree. Por ello, me parece importante que McLennan comience hablando de Marx (traduciré algunas partes del texto): “De acuerdo con Marx, hacia 1844 la crítica a la religión -la premisa de toda crítica social- estaba, en lo esencial, completa” (139). Yo me he dedicado al tema de la crítica de Marx a la religión, por lo que considero pertinente colgar algo al respecto para dar más contexto: lo haré en los próximos días. En todo caso, se refiere McLennan a un breve pero determinante texto de Marx, aquel de la famosa frase “la religión es el opio del pueblo”: Introducción a la “Crítica de la Filosofía del Derecho” de Hegel. Prometo que examinaremos ese texto con detalle después, pero lo que me interesa es que el autor de la reseña parte de esa afirmación de Marx para poner en tela de juicio la idea de que esta es, sin más, una época sin religión o sin fe. De hecho, no parece ser ese el caso. Como dice McLennan más adelante: “el problema más profundo con la teoría crítica social ha sido el presuponer la verdad e inevitabilidad del humanismo secularizado, especialmente el del tipo que sobreestima la ciencia” (139). Esta frase, sin duda le cae a Marx, a su maestro Feuerbach, a Nietzsche y varias vertientes del positivismo del XIX y del siglo pasado. La experiencia, sostiene el autor, nos va demostrando que ese humanismo sin base trascendente ha tenido ciertas dificultades. En todo caso, más allá de eso, no ha sido de ningún modo una propuesta hegemónica y excluyente. La secularización, entonces, no tiene por qué implicar una época de ausencia de fe; sino una serie de cuestiones fundamentales que iremos examinando.

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