Charles Taylor: los problemas y promesas de una edad secular (III)

Retomemos el hilo de nuestra exposición. Nos habíamos quedado en los modos de secularización que Taylor distinguía y veíamos que el denominado Secularity 3 era el que más llamaba su atención. Esto es bastante comprensible si tenemos en cuenta que se trata de una forma que articula las otras dos de las que habíamos hablado. Si, en efecto, la secularización implica la equiparación de formas de vida que buscan caminos para el desarrollo de nuestras prácticas éticas y espirituales, esto nos lleva a algunas cuestiones. En primer término, al tema de la tolerancia religiosa: toda doctrina comprehensiva sobre el mundo (esta es la tesis liberal desarrollada por John Rawls) tiene similar valor formal, al menos. En ese sentido, la secularización aporta esta suerte de criterio de respeto formal mutuo. Pero, en segundo lugar, nos invita a pensar en el porqué de la opción por una u otra doctrina comprehensiva o por la negativa a optar por una de ellas (aunque las posturas no-religiosas igual son doctrinas sobre el mundo, se podría decir). Este es un tema muy interesante que nos lleva a la reflexión sobre los sistemas de creencias y su consistencia interna y externa. mi impresión es que el pragmatismo ha trabajado muy bien sobre el particular y que William James es una figura paradigmática al respecto. Curiosamente, he notado que, a pesar de que James es el centro de mi investigación hace algún tiempo, no he colgado mucho sobre él en el blog. Prometo pasar a un trabajo más directo sobre él en las próximas entradas. En todo caso, según McLennan, taylor parecería situarse en este grupo de “justificadores” de determinadas doctrinas comprehensivas, en particular las que podríamos llamar de impronta trascendente.

A secular age, en este contexto, hace un tránsito histórico importante para estudiar los modelos de pensamiento que han conducido al mundo en el que vivimos ahora. La idea es que ha habido una migración de un mundo “encantado”: marcado de objetos con profunda carga significativa, sucesos portentosos, espíritus, etc; a uno “desencantado”: donde prima la autosuficiencia del individuo y se mantiene los “profundos” significados del mundo al margen. Es la clásica idea de la matematización de la naturaleza que inicia fuertemente con Galileo y que no para (si es que ha parado) hasta la mitad del siglo XX. El universo marcado por un Dios lleno de amor que interviene en el curso de la historia es reemplazado por un universo causal, al que, como en Kant, nos dirigimos para pedirle respuestas. Acontece, como nunca antes, una profunda división entre las cosas de este mundo y las cosas de Dios, como lo había sugerido San Agustín en su Ciudad de Dios. Por primera vez se estaba gestando de modo concreto la escisión. Probablemente el liberalismo y sus anticipos constituyan el más vivo ejemplo de esto. Ahora, tampoco hay que ver esto con nostalgia: esta división responde a criterios históricos valiosísimos. Recuérdese que los primeros esbozos liberales surgen como reacción a las guerras de religión y a la muerte demencial de millones con la idea de defender “la religión verdadera”.

Este es el movimiento histórico que está estudiando Taylor, aunque, quizá haya que anunciarlo ya, McLennan sostiene que de modo algo parcializado dando abierta preferencia al modo “trascendentalista” de aproximarse a la realidad y con cierta nostalgia producto de este mundo desencantado. No me detengo en lo concreto de la caracterización histórica de Taylor porque se trata de un libro inmenso que no pretendo comentar ahora, espero poder hacerlo en algunos meses. El tema, más allá de eso, es que para Taylor el secularismo dejó de convertirse en una opción entre varias para ser una default option “en la cual las acciones y significados sociales no envuelven nada más allá de las relaciones intra-humanas” (142). Lo interesante es que para Taylor estas nuevas ideologías que empezaron a surgir con el Renacimiento y la Modernidad no implicaron una evacuación del suelo supra-empírico, sino su recolocación ontológica: “Previamente a la alta edad Moderna, sostiene Taylor, virtualmente, todo lo que se movía hacia lo secular era, de hecho, motivado por preocupaciones fuertemente religiosas. La Reforma, por ejemplo, fue una entre una larga serie de  rages for order, que comenzaron en la cristiandad de la edad Media tardía, mediante la cual las autoridades eclesiásticas trataban de purificar la cultura laica. El escape gradual de Dios ha sido, así, parasitario de la necesidad de hacer a Dios más presente en la vida de cada día” (Ibid.).

Esta cita me parece de lo más interesante porque nos sugiere un movimiento interno en la Iglesia Medievan que condujo, con una intencionalidad distinta, a una época bastante diferenciada de la que se quería mantener y aun centro (el ser humano) bastante distante del que había regido el mundo hasta entonces (Dios). Esta época histórica es interesantísima y Taylor hace aquí un genuino intento de hacer hisotoria filosófica de las ideas para explicarla con alguna mayor claridad. Hay que recordar, también, que en la Introducción a Liberalismo Político, Rawls también hace mención al papel fundamental de la Reforma para la consecusión de una época como en la que vivimos, que él tratará de asociar al “pruralismo razonable”. Paremos por el momento aquí y sigamos haciendo un comentario extendido de la reseña en la próxima entrada del blog.

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