Walter Benjamin y la transformación de nuestra experiencia del mundo (II)

Es en ese contexto en que nuestro autor empieza a introducir poco a poco su noción de aura, noción que ocupa un rol muy relevante en el texto. Así, dirá, por ejemplo, que “[i]ncluso en la reproducción mejor acabada falta algo: el aquí y el ahora de la obra de arte, su existencia irrepetible en el lugar en que se encuentra. […]. El aquí y el ahora del original constituye el concepto de su autenticidad”[1]. La idea de Benjamin es que hay algo de la obra de arte original que se le escapa a la reproducción, algo que no puede ser re-presentado por ella[2]. Sin embargo, la obra de arte técnicamente reproducida tiene también una serie de ventajas fundamentales. Respecto de la reproducción convencional ostenta un nivel de independencia considerable respecto del original: “[e]n la fotografía, por ejemplo, pueden resaltar aspectos del original accesibles únicamente a una lente […]”. Por otro lado, se “puede poner la copia del original en situaciones inasequibles para éste”[3]: la reproducción permite que obras quizá inaccesibles para el gran público estén ahora, de algún modo, presentes para un gran número de personas. Más allá de eso, lo que Benjamin parece proponer  es que hay una pérdida de autenticidad en la representación de la obra de arte, se percibe, pues, una suerte de nostalgia[4] en la apreciación del problema por parte de nuestro autor: “[l]a autenticidad de una cosa es la cifra de todo lo que desde el origen puede transmitirse en ella desde su duración material hasta su testificación histórica. Como esta última se funda en la primera, que a su vez se le escapa al hombre en la reproducción, por eso se tambalea en ésta la testificación histórica de la cosa. Claro que sólo ella; pero lo que se tambalea de tal suerte es su propia autoridad”. Es así que inmediatamente después Benjamin cierra el problema diciendo que “en la época de la reproducción técnica de la obra de arte lo que se atrofia es el aura de ésta” [5]. Nótense, además, los términos usados por Benjamin: él piensa el proceso como una atrofia y sus características como deficiencias.

Es en este contexto que Benjamin muestra muy poco aprecio por la masificación del arte: al llevar el arte a las masas lo que se pierde es la presencia irrepetible de la obra artística original, la tradición que la envuelve, su aquí y ahora. Si bien lo dicho, me parece, se ajusta al modo en que se presenta la cuestión en el texto, creo que hay en Benjamin un doble nivel de cosas en juego. Por un lado está la cuestión de lo que podríamos llamar la nostalgia aurática, en efecto; pero del otro tenemos una cuestión quizá mucho más relevante: el modo en que las nuevas condiciones de reproducción están transformando nuestra forma de experimentar el mundo. La realidad comienza a estructurarse desde la perspectiva de la masa y esto a su vez reconfigura el modo en que las masas operan en relación a la misma[6].

A continuación, pasa Benjamin a precisar su noción de aura en relación a los objetos de la naturaleza —esto después de hacer referencia muy sucinta al cambio temporal que acontece en nuestra percepción sensorial, que como se ha indicado ya, nos parece el eje central de su reflexión—. Así, dirá que ella es “la manifestación irrepetible de una lejanía (por cercana que pueda estar)”[7]. Con esa noción de aura ante nosotros, Benjamin pasa a explicar el porqué de su desmoronamiento actual, el cuál esta vinculando con el rol que cumplen las masas en el contexto presente. La cuestión radica en que:

“acercar espacial y humanamente las cosas es una aspiración de las masas actuales tan apasionada como su tendencia a superar la singularidad de cada dato acogiendo su reproducción. Cada día cobra una vigencia más irrecusable la necesidad de adueñarse de los objetos en la más próxima de las cercanías, en la imagen, más bien en la copia, en la reproducción. Y la reproducción, tal y como la aprestan los periódicos ilustrados se distingue inequívocamente de la imagen. En ésta, la singularidad y la perduración están imbricadas una en otra de manera tan estrecha como lo están en aquella la fugacidad y la posible repetición. Quitarle su envoltura a cada objeto, triturar su aura, es la signatura de una percepción cuyo sentido para lo igual en el mundo[8] ha crecido tanto que incluso, por medio de la reproducción, le gana terreno a lo irrepetible. Se denota así en el ámbito de lo plástico lo que en el ámbito de la teoría advertimos como un aumento de la importancia de la estadística”[9].

Creo que se trata de un pasaje en el que vale la pena detenernos. Lo que parece preocupar a Benjamin es esta tendencia al inmediatismo y a la manipulación al masificar las obras de arte.  Se quiere una copia de la cual podamos adueñarnos, algo que podamos objetivar y en ese sentido se trata de una evasión del carácter singular y único del original. Por eso Benjamin hace la distinción y se concentra en la reproducción en sentido estricto y no tanto en la imagen. Es el acto re-productivo en particular aquel que hace que se esfume lo singular y que advenga la copia capaz de ser copiada también en un ciclo interminable. Se anula esa manifestación irrepetible de una lejanía, el aura. Y el ejemplo de la estadística es lo bastante feliz como para esclarecer la cuestión: se iguala y se encuadra el fenómeno en clave positivista. Se maneja la obra de arte como un mero objeto de uso como cuando en la estadística se valora en términos numéricos, por ejemplo, la humanidad. Conviene aquí hacer algunos comentarios que nos ayuden a ver algunas cuestiones que pueden desprenderse de la reflexión que Benjamin nos ofrece.


[1] Ibid. pp. 20-21.

[2] Aunque es interesante la nota que Benjamin consigna cuando introduce esta idea. Allí habla de que la autenticidad también puede ganarse en el tiempo, esto es, que pueden existir obras de arte que sólo se vuelven auténticas cuando adquieren pleno sentido en el transcurso de los años. Mi impresión es que esto tiene que ver con lo que se plantea después en relación a la modificación de la percepción en el desarrollo de la historia. Algunas condiciones tienen que darse para que determinados fenómenos sean recibidos por el público de un modo que haga más completa y a la vez compleja nuestra aproximación a los mismos. A pesar de que se trata de una mera nota, me parece que hablamos aquí de un tema central que ha tenido amplio desarrollo en la hermenéutica de Gadamer y en la fenomenología. No sólo eso, puede tratarse de un buen pretexto para introducirnos en las nuevas tecnologías y la transformación que estas implican para nosotros y para el arte.

[3] Ibid. p. 21.

[4] Esto habría que precisarlo y lo haremos después. El tema de la aproximación nostálgica de Benjamin al aura es ambigua, como parece serlo su reflexión general sobre al respecto. Veremos esto más adelante.

[5] Ibid. p. 22.

[6] E incluso esta misma categorización se complejiza de un modo impredecible. Basta pensar, por poner solo un caso, en la forma en que evoluciona la concepción de lo masivo en los medios virtuales de comunicación. El uso, por ejemplo, de las famosas etiquetas o tags en los servicios de correo electrónico, blogs y demás, se ha vuelto con los años en una señal preponderante de que incluso medios tan modernos y sofisticados como los relacionados con la web no cayeron en la cuenta de que las masa no era una categoría fija y que se diversificaba de tal forma que pretender incluso organizar su información en categorías fijas como archivos o files, implicaba una identificación errónea de cómo la masa se dinamiza y tiene una relación muy compleja con sus fuentes de conocimiento y entretenimiento. Pienso aquí, para hacer esto mucho más concreto, en las diferencias notorias entre gmail y hotmail, wordpress y blogspot, etc. Este es un tema que merece más desarrollo, pero que está siendo motivo de reflexión cultural por parte de los media studies a los que voy teniendo acceso cada vez con mayor interés a través de Eduardo Marisca. La última parte de este trabajo estará dedicada a examinar estas cuestiones.

[7] Ibid. p. 24.

[8] Este es un fenómeno que preocupó en múltiples niveles a los pensadores de la época. Otro ejemplo claro lo encontramos en H. Arendt y su análisis de lo político como un ámbito que ha perdido su sentido griego original para convertirse en una esfera pública estandarizada y pasiva. La capacidad para lo igual ha anulado la posibilidad de que la individualidad se destaque, que, para ella, era un elemento fundamental del sentido de democracia griego. Cf. Arendt, H. La condición humana. Barcelona: Paidós, 1993. En particular el segundo capítulo: “La esfera pública y la privada”.

[9] Ibid. pp. 24-25.

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