Facebook y Twitter: una nueva forma de experimentar el mundo (I)

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He querido reservar estas últimas páginas para hacer un ejercicio de reflexión filosófica sobre dos medios de comunicación particularmente interesantes en el mundo de hoy: facebook y twitter. Para justificar esta exploración, en la que llevo ya algún tiempo, quisiera engarzarla con el resto de lo que ya he mencionado hasta aquí. En primer lugar, se trata de medios de comunicación, lo cual nos pone en la línea de lo debatido hasta aquí. No sólo eso, sino que se trata de medios manifiestamente masivos, lo cual nos conduce a uno de los tópicos más importantes detectados por Benjamin: una época donde la masa está reconfigurando la experiencia en general y al arte en particular. Además, son un claro ejemplo de la tesis de McLuhan de que los medios se convierten en una extensión de nosotros mismos. Finalmente, todo indica que están siendo bastiones contemporáneos de una transición de la subjetividad y que por su uso tan extendido merecen algún análisis.

Facebook es probablemente la red social más importante en el mundo, a tal punto que para noviembre del 2008 tenía registrados a más de 200 millones de usuarios. Queda claro que es un medio masivo, pero más interesante que su carácter global es su composición interna y una serie de peculiaridades que nos sugieren cambios fundamentales en la concepción del sujeto y de la intimidad. Una de las cuestiones más interesantes en este contexto es la aparición del News feed, una de las aplicaciones más controversiales de esta red social:

“And so he decided to modernize (se refiere al creador y CEO de Facebook, Mark Zuckerberg). He developed something he called News Feed, a built-in service that would actively broadcast changes in a user’s page to every one of his or her friends. Students would no longer need to spend their time zipping around to examine each friend’s page, checking to see if there was any new information. Instead, they would just log into Facebook, and News Feed would appear: a single page that — like a social gazette from the 18th century — delivered a long list of up-to-the-minute gossip about their friends, around the clock, all in one place. “A stream of everything that’s going on in their lives,” as Zuckerberg put it”[1].

Esta novedad del Facebook fue realmente revolucionaria en lo que atañe a la concepción de la privacidad, como es lógico. La idea de un mecanismo de información que se actualiza a velocidades asombrosas y que nos mantiene informados sobre la vida de los demás, así como a los demás de la nuestra, implicaba un serio problema que empezaba a resquebrajar los cánones de la división de lo público y lo privado. Además se trató de una innovación deliberada, no solicitada, de Zuckerberg, el creador de la plataforma. Hay que imaginar el calibre de este cambio, quizá si uno no es usuario no puede entenderlo: la posibilidad de hacer de nuestra intimidad un espectáculo se había abierto de modo expreso: “When students woke up that September morning and saw News Feed, the first reaction, generally, was one of panic. Just about every little thing you changed on your page was now instantly blasted out to hundreds of friends, including potentially mortifying bits of news — Tim and Lisa broke up; Persaud is no longer friends with Matthew — and drunken photos someone snapped, then uploaded and tagged with names”. El pánico fue inminente, las razones son obvias. Finalmente, ¿quién querría verse expuesto de esa manera? De inmediato se crearon grupos de protesta dentro de la misma red social, pidiendo que se generasen mecanismos para hacer privada esa información:

“What particularly enraged Parr (el líder del primer grupo de protesta) was that there wasn’t any way to opt out of News Feed, to “go private” and have all your information kept quiet. He created a Facebook group demanding Zuckerberg either scrap News Feed or provide privacy options. “Facebook users really think Facebook is becoming the Big Brother of the Internet, recording every single move,” a California student told […].By lunchtime of the first day, 10,000 people had joined Parr’s group, and by the next day it had 284,000”.

Lo interesante es que Zuckerberg tomó dos decisiones al respecto ante la avalancha de críticas. La primera fue, en efecto, aceptarlas e incluir un mecanismo opcional que permitiese al usuario decidir qué noticias iban al News Feed; la segunda, sin embargo, fue no hacer ningún otro cambio sustancial bajo la premisa de que “once people tried it and got over their shock, they’d like it”. Y vaya que tuvo razón:

“Within days, the tide reversed. Students began e-mailing Zuckerberg to say that via News Feed they’d learned things they would never have otherwise discovered through random surfing around Facebook. […]. Users’ worries about their privacy seemed to vanish within days, boiled away by their excitement at being so much more connected to their friends. (Very few people stopped using Facebook, and most people kept on publishing most of their information through News Feed)”.


[1] Thompson, C. “Brave New World of Digital Intimacy”. Este texto apareció originalmente en The New York Times Magazine, el 5 de septiembre del 2008. En vista de que mi acceso al texto es virtual, indico simplemente que se trata de citas del mismo, mas no la paginación ya que en dicha versión no existe. Aquí la referencia virtual:

http://www.nytimes.com/2008/09/07/magazine/07awareness-t.html

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