Facebook y Twitter: una nueva forma de experimentar el mundo (III)

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Pero no sólo se trata de la información, no sólo es asunto relativo a estar al tanto de lo que hacen mis amigos. La sospecha, creo bastante confirmada por los hechos, es que las nuevas tecnologías están generando un tránsito de importantes dimensiones en la subjetividad humana, al menos en la de quienes acceden a estos nuevos medios. No se trata, entonces, de pensar a estas nuevas tecnologías como algo escindido del ser humano, como meros artefactos útiles para tal o cual fin, sino como verdaderas extensiones nuestras. Mi intuición es que la propia experiencia de nuestra intimidad, de nuestra interioridad está empezando a ampliarse en los medios virtuales y está alterando como nunca antes el modo en que percibimos el mundo[1]. Nuestra experiencia está extendiéndose de un modo asombroso. El Facebook y el Twitter, por poner dos ejemplos que conozco bien, están ampliando y reconfigurando el sentido no sólo de categorías como público/privado. La dicotomía presencia/ausencia también está alterándose y, del mismo modo, la experiencia de la amistad, del intercambio afectivo, de las relaciones laborales, etc.:

“This is the paradox of ambient awareness. Each little update — each individual bit of social information — is insignificant on its own, even supremely mundane. But taken together, over time, the little snippets coalesce into a surprisingly sophisticated portrait of your friends’ and family members’ lives, like thousands of dots making a pointillist painting. This was never before possible, because in the real world, no friend would bother to call you up and detail the sandwiches she was eating. The ambient information becomes like “a type of E.S.P (extrasensory perception),” as Haley (una entrevistada) described it to me, an invisible dimension floating over everyday life” […].

“It can also lead to more real-life contact, because when one member of Haley’s group decides to go out to a bar or see a band and Twitters about his plans, the others see it, and some decide to drop by — ad hoc, self-organizing socializing. And when they do socialize face to face, it feels oddly as if they’ve never actually been apart. They don’t need to ask, “So, what have you been up to?” because they already know”.

En el fondo se trata de una idea de McLuhan llevada a un modo de manifestación sui generis producto del avance tecnológico. Esta especie de co-presencia no es más que una evidencia de la idea de que los medios son extensiones nuestras. No sólo eso, es la confirmación de que el medio es el mensaje. De que estas nuevas formas de la tecnología terminan por reconfigurar el modo en que experimentamos el mundo. Este tipo de presencia extendida que permiten los medios de comunicación genera la experiencia de continuidad en medio de la ruptura, en medio de la fragmentación. La persona no está con nosotros, no la tenemos al lado; pero, en cierto sentido, la conciencia de su presencia es permanente y no se siente, de modo estricto, una ausencia real. Cualquier usuario de medios de este orden pueda dar más o menos cuenta de este fenómeno. La idea de McLuhan es poderosa: al final no se trata ni siquiera del contenido del mensaje, sino del medio en que este se manifiesta. La información a la que accedemos por medio del Twitter, los mensajes de texto, el News Feed es valiosa sobre todo por la experiencia de presencia y de cercanía que generan, más allá de que en sentido estricto me interese o no que algún amigo haya salido de la ducha o esté yendo a comprar, por poner ejemplos vanos, pero frecuentes. La riqueza está, muchas veces, en el mero sentido de cotidianidad y del lazo creado o mantenido.


[1] He dejado de lado, por cuestiones de espacio, un análisis que quizá también hubiese sido pertinente: a saber, el de los nuevos medios digitales como la ‘virtual reality’ y la ‘mixed reality’. Añado sí, una nota algo extensa al respecto. Me referiré en lo que sigue a Bolter, J. (et. al.). “New Media and the Permanent Crisis of Aura”, en: Convergence: The International Journal of Research into New Media Technologies, 2006, Año 12, Nº 1, pp. 21-39. “Virtual reality (VR) provides perhaps the most compelling examples of pure virtuality. The goal of VR is to immerse the user in a world of computer-generated images and (often) computer-controlled sound. Although practical applications for VR are relatively limited, this technology still represents the next (and final?) logical step in the quest for pure virtuality”(22). De otro lado, “MR (mixed reality) designers and HCI (human-computer interaction) specialists with no explicit interest in media theory have been conducting their own critique of pure virtuality, as they design applications that acknowledge the user as an embodied creature with physical and cultural needs and desires. Such applications do not situate the user in cyberspace, but rather in the office, at home, or perhaps on a visit to a museum. This approach, which Paul Dourish calls ‘embodied interaction’, marks a significant expansion of the practical uses of digital technology as well as a changed sense of its cultural significance. The designer first examines how the user interacts with the current work or leisure environment and then how a new digital application will alter and (one hopes) improve the interaction. Unlike a VR application, which takes the user out of the world, an MR application re-presents the world to the user, by enhancing (or distorting in a creative way) the user’s physical and social space” (23). El interés de los autores de este inteligente artículo es conducirnos a una mirada más compleja del aura y de la constitución de la experiencia a través de la MR. La sugerencia detrás, aunque de modo más palpable que en el Facebook y en el Twitter, es que estos sistemas que combinan experiencias puramente virtuales con interacción en ambientes reales, actividad sensorial, etc. implican una transición en nuestro modo de aproximarnos al mundo y pueden, a la larga, ayudarnos a repensar nuestras categorías de presencia y ausencia, categorización muy ligada a la noción de aura en Benjamin.

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