Feuerbach y la esencia del cristianismo (II)

Feuerbach-Memorial

Iniciaré el examen de La esencia del cristianismo a través de sus dos prólogos. Cabe destacar que hay diferencias notables entre ambos, sobretodo respecto del fuerte influjo de Hegel en el primero; el mismo que en el segundo es corregido y pierde fuerza. No obstante, no es menester de este ensayo detallar en esta influencia hegeliana de momento, de ser el caso se harán las precisiones pertinentes más adelante. Me importa más dirigirme a las ideas que dirigen la especulación feuerbachiana. Dice Feuerbach hacia el inicio del prólogo a la primera edición:

“En este libro las imágenes no serán convertidas ni en ideas —por lo menos en el sentido de la filosofía especulativa de la religión— ni en cosas, sino serán consideradas como simples imágenes —es decir, la teología no será tratada ni como pragmatología mística (como hace la mitología cristiana), ni como ontología (como hace la filosofía especulativa de la religión), sino como patología psíquica”[1].

Y dirá una página después:

“La historia de la teología ha demostrado y confirmado a posteriori desde hace ya mucho tiempo atrás lo que en este escrito se ha demostrado, por así decir, a priori: la  antropología es el misterio de la teología”[2].

Estas dos sentencias dan, por tanto, un espectro bastante claro tanto del abordaje, como de la tesis fundamental de Feuerbach. A saber, si nos damos cuenta de que la teología (que es la forma especulativa del fenómeno religioso) no es más que antropología, podremos notar que no conviene aproximarnos al fenómeno de la religión de otro modo que  como a una patología de nuestra psique. Esta concepción temprana (1841) no cambiará en adelante, ofrecerá, sí, matices y se irá perfeccionando con el paso del tiempo; mas estas tesis generales serán las que guíen el pensamiento de nuestro autor. Un pensamiento que, además, estuvo abocado con exclusividad a estudiar la religión:

“Todos mis trabajos tienen un solo propósito, un solo designio, un solo objetivo. Este es, precisamente, la religión, la teología y todo lo que con ellas se relaciona”[3]

Este abocamiento exclusivo a la religión y sus implicancias, fue uno de los elementos que más crítica obtuvo de Marx, ya tempranamente. Sin embargo, Feuerbach desatendía los llamados de sus discípulos a aventurarse en el examen de otros temas e incluso el de acompañarlos al combate:

“Yo no curo más que los males que vienen de la cabeza o del corazón; ya sé que es del estómago de lo que sufren especialmente los hombres, y todo lo que no tienda a extirpar este mal fundamental no es más que fárrago inútil. ¿Serán mis obras completas parte de ese fárrago? ¡Ay! Sin embargo, ¿No hay males, incluso el del estómago, que provienen de la cabeza? Me he propuesto, de una vez para siempre, limitarme a los males de la cabeza y del corazón de la humanidad. Por ello lo que uno se propone lo debe realizar concienzudamente permaneciendo fiel a sí mismo”[4]

Esta última cita, revela con que convencimiento, Feuerbach, estaba dedicado al tema religioso, y como, además, sustenta su exclusiva dedicación. Considera pues que la religión debe abordarse como una patología, que la misma no es más que antropología y que el desenmarañamiento de esta cuestión será determinante para la solución de problemas de orden más directamente práctico; aunque, por ser su trabajo “concienzudo” ha de dedicarse con rigor y de modo único al estudio de la religión. Volvamos ahora a La esencia del cristianismo.

En el prólogo a la segunda edición (dos años después), Feuerbach conserva las mismas ideas, pero muestra una ruptura mucho más notoria con la influencia del maestro Hegel. Hay, pues, una claro giro hacia el mundo de lo sensible como fundamento de lo conceptual:

“Existe un mundo entre mí y esos filósofos que se arrancan los ojos de la cabeza para poder pensar mejor; tengo la necesidad de los sentidos para pensar, y sobretodo de los ojos; fundo mis pensamientos en las realidades, ya que nosotros no podemos nunca apoyarnos más que por medio de la actividad sensible; no engendro el objeto a partir del pensamiento, sino a la inversa, el pensamiento a partir del objeto: sólo es objeto aquello que sale fuera de la cabeza”[5]

Encontramos aquí otro elemento del pensamiento de nuestro filósofo respecto de la religión: la sensibilidad. Hay claramente en Feuerbach una primacía de lo sensible como el origen auténtico de lo inteligible, como la verdadera esencia de lo abstracto. Se ve en este prólogo, a diferencia del de 1841 una ruptura más radical con Hegel.


[1] Feuerbach, L. Op.cit. p.31.

[2] Ibid. p. 32.

[3] Feuerbach, L. Sämtliche werke. VIII. p. 6. Citado en McLellan, D. Op.cit. p.100.

[4] Feuerbach, L. Introducción a sus obras completas. p. 49. Citado en De Lubac, H. Op. cit. p. 38.

[5] Feuerbach, L. La esencia del cristianismo. Madrid: Trotta, 1995. Traducción de José L. Iglesias. p. 39.

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