Karl Marx: la crítica de la religión es la premisa de toda crítica (II)

Dice Marx con estremecedoras palabras que además repiten casi literalmente algunas frases de La esencia del cristianismo:

“El fundamento de toda crítica religiosa es que el hombre hace la religión, y no la religión al hombre. […] Este Estado, esta sociedad, producen la religión, una conciencia del mundo invertida, porque ellos son un mundo invertido. […] La lucha contra la religión es, por tanto, indirectamente, la lucha contra aquel mundo que tiene en la religión su arma espiritual.

La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por otra, la protesta contra la miseria real. […] La religión es el opio del pueblo”[1].

De lo que se trata en el fondo es de devolverle al hombre su verdadera esencia, pero en Marx la cuestión trasciende la devolución en el mero ámbito de la conciencia, como sí sucedería en Feuerbach, Marx busca el cambio entero de la sociedad, un cambio que la religión le impidez:

“Sobreponerse a la religión como la dicha ilusoria del pueblo es exigir para éste una dicha real. El pugnar por acabar con las ilusiones acerca de una situación, significa pedir que se acabe una situación que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es, por tanto, en germen, la crítica de este valle de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad[2].

El problema con la religión es, pues, el problema de la legitimación del status quo. Ella, con la promesa de un cielo futuro hace de la pobreza y la explotación algo común y pasajero, las vincula al sacrificio y al sufrimiento inherentes a nuestro pasar por este mundo y, por tanto, nos conforta y da consuelo en lugar de invitarnos a la acción, a la praxis transformadora. Hay pues una clara superación de los modestos alcances del maestro Feuerbach, pero sin duda la genialidad de Marx no hubiese sido posible sin que el análisis feuerbachiano de la religión no le hubiese dado a ésta un golpe de muerte. Así, la religión tiene el carácter de un estadio previo, ella no es la que interesa a Marx, su proyecto es distinto:

“La misión de la historia consiste, según esto, en descubrir la verdad más acá, una vez que se ha hecho desaparecer al más allá de la verdad. Y, ante todo, la misión de la filosofía, puesta al servicio de la historia, después de desenmascarar la forma de santidad de la autoenajenación del hombre, está en desenmascarar la autoenajenación bajo sus formas profanas. La crítica del cielo se trueca, de este modo, en la crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la política[3].


[1] Ibid.

z Para hacerle algo de justicia a la religión en este ensayo, pueden revisarse una multiplicidad de textos que se escribieron en respuesta al marxismo y sus secuelas. A mí, sin embargo, me viene a la mente un interesante libro de Ignace Lepp que aborda de un modo psicoanálitico el problema del ateísmo. Cabe advertir que la perspectiva es un poco sesgada a veces y que se reduce el valor del marxismo muchas otras, pero como contraposición a mi abordaje de este trabajo es sumamente interesante. Cfr. Lepp, I. Psicoanálisis del ateísmo moderno. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1963. Tr. de Delfín Leocadio Garasa.

[2] Ibid. p. 491-492.

[3] Ibid. p. 492.

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