Un dogma del catolicismo y algunas consecuencias de cuatro incapacidades (I)

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Creo que ya es tiempo de detener el comentario de las encuestas porque, espero, el punto que he querido remarcar debería estar suficientemente claro, a saber, que algo está pasando con la configuración de las prácticas religiosas en el tiempo en que vivimos y que eso que está pasando está directamente relacionado con cambios que se han insertado en la vida de los creyentes casi sin que se den cuenta. En el fondo, no se trata de otra cosa que de la posmodernidad. Lo que me interesa hacer ahora es ahondar un poco en este tema a través de una noción que me gustaría llamar, jugando un poco con expresiones de Quine, “un dogma del catolicismo” a la cual añado otra, esta vez jugando con Peirce, que podríamos denominar “algunas consecuencias de cuatro incapacidades”.

Yo postularía, aunque este es sólo un ensayo que me gustaría desarrollar más en otro momento, el dogma en los siguientes términos.

“El catolicismo es una confesión religiosa unitaria”

Este dogma, como cualquier postulado, tiene a la base, lo que yo quisiera llamar siguiendo al pragmatista clásico, algunas incapacidades.  A continuación presento las que siento más recurrentes para luego desarrollarlas.

  1. El catolicismo es, principalmente, la institución eclesiástica (Iglesia, en adelante)
  2. La fe que profesa el creyente es la fe dictada por la Iglesia y esta última es la garante de la verdad de la misma
  3. La fe profesada está necesariamente unida a una serie de dogmas que la Iglesia ha incorporado a lo largo del tiempo
  4. La fe tiene una dimensión nuclear y otra extendida (dogmas de la tradición) siendo ambas interdependientes y constitutivas del ser-católico

Bien, creo que con esto tenemos algo de material para iniciar nuestra reflexión. Como indiqué, el dogma postulado tiene a la base las ideas que he presentado a modo “incapacidades”. Las llamó así, porque sostengo que contienen presupuestos fuertemente discutibles que debilitan la posición y que hacen que el dogma termine por desmoronarse, justamente, por ser postulados incapaces de ver la complejidad del asunto. ¿Cuál es el propósito? Mostrar que el catolicismo no tiene por qué ser lo que las cuatro incapacidades afirman y que hay fundamentos de razón y de fe para sostener una posición distinta.

Antes de seguir, hago algunas acotaciones.  Primero, que el dogma tal como lo presento no es vinculante, es decir, no digo que este sea un dogma explicitado en la consciencia del creyente y, por ende, este podría, en principio, sentir que se trata de algo marginal que no lo interpela. Segundo, que en tanto ensayo, no estoy seguro de que así formulado recoja la centralidad de lo que quiero decir; sin embargo, creo que se acerca bastante. Tercero, que una de las finalidades de este pequeño ejercicio es criticar el sentido sedimentado de lo que se entiende por catolicismo: mi intención, claramente pragmatista, es “esclarecer nuestras ideas” (y también responder a algunos críticos). Cuarto, que preferiría usar aquí “cristianismo” para ser más englobante; no obstante, me parece que el problema teórico se presenta, al menos en una faceta inicial, de menos a más. Dado que la relación es de inclusión, prefiero atacar primero el conjunto más pequeño para luego pasar al que lo incluye (si es que esto hiciera falta).

Examinemos las 4 incapacidades. (1) y (2) presuponen una dicotomía en el nivel de la fundamentación. Esto es, que existe por un lado la Iglesia y por otro los fieles. Junto a ello se supone una relación diferenciada en la cual existe la “jerarquía eclesial” y, tomen nota del término, los “fieles”. Ahora piensen en su uso corriente del lenguaje. ¿Cuándo se habla de Iglesia, en qué se está pensando? Imagínense el uso de la palabra “Iglesia” en los medios de comunicación. ¿Cuál es su referente?, ¿son acaso los fieles católicos? La respuesta es no. Puede haber excepciones, pero el lenguaje ordinario consigna para el significante “Iglesia” el significado “jerarquía eclesial”: Cipriani, Bambarén, la Conferencia Episcopal, Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida, etc. Lo que implica que en el imaginario general hay una dicotomía seria a este respecto. Ahora, la dicotomía, podría decirse, es gratuita: la misma enseñanza de la Iglesia, señala que ella no es sólo la jerarquía, sino que es el conjunto del cuerpo de Cristo. Luego, no hay ruptura y la división es un invento. ¿Son las cosas así? Nuevamente, no. Porque, como saben los abuelos, del dicho al hecho hay mucho trecho. Creo que la ruptura está propiciada por la misma jerarquía y ello tiene que ver con (2).  El error radica en pensar que hay un continuum entre los postulados jerárquicos y sus efectos en la praxis del creyente. Como hemos visto, eso no sucede en muchos casos.

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13 respuestas a Un dogma del catolicismo y algunas consecuencias de cuatro incapacidades (I)

  1. Erich Luna dijo:

    Esta interesante. Habrá que ver el resto del desarrollo. Creo que un análisis fenomenológico y hermenéutico de los conceptos originarios y fundamentales del catolicismo haría que más de uno se lleve una gran sorpresa.

  2. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Estoy muy de acuerdo con eso. En estas entradas, sin embargo, planteo una cuestión relativa a la fundamentación, si esa tarea queda más o menos despejada el análisis de orden fenomenológico-hermenéutico será más consistente. De todos modos, como podrás sospechar, se trata de procesos paralelos

  3. Gustavo Moreno dijo:

    Me parece magistral la exposición del dogma a criticar y de las 4 ideas que lo sustentan, creo que realmente dan en el clavo de lo que profesa la Iglesia hoy en día. Con todo hay dos temas que me parecieron insuficientemente fundamentados y para los que pido una mejor explicación: 1) al decir que ese dogma (la unidad de fe en la Iglesia) no está explicitado en la conciencia de los creyentes ¿hay suficiente fundamento experimental para afirmarlo? Es decir, estamos hablando de un dato verificable o falsificable por medio de encuestas; y no creo que sea tan fácil determinar que los fieles católicos no tengan formulado que el catolicismo es una confesión religiosa unitaria, más bien, desde mi experiencia, tiendo a pensar que sí la consideran como tal… pero ya que estamos en el terreno de las percepciones personales, pediría que se dé un fundamento experimental a dicha afirmación o que se prescinda de ella en caso de no ser posible. 2) Es verdad que hoy en día existe una ruptura entre la enseñanza eclesial y lo que de hecho creen los fieles católicos; pero no es un dato universal: en muchos lugares, en muchas circunstancias y en muchas épocas históricas la unidad entre la enseñanza de los pastores y la fe de los laicos es incuestionable. Más aún, y creo que es la pregunta clave que deberíamos dilucidar ¿de dónde nace la fe de los creyentes: de una experiencia personal de Dios o de la adhesión a una predicación? Dependiendo de eso, la unidad de fe es esencial o accesoria.

  4. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Un muy interesante comentario, Tavo. Te respondo en la medida de mis posibilidades. Lo primero que diría es que el tenor de este artículo, a pesar de que lo considero una de las reflexiones más importantes que he tratado de plantear en el blog, es exploratorio (como lo afirmé al inicio). En ese sentido, las afirmaciones que planteo en él tienen como finalidad, sobre todo, que gente inteligente y con espíritu crítico (más aún si se trata de un fraile académicamente bien formado, como es tu caso) pueda aportar matices que quizá yo no haya podido ver y de ese modo pulir mis ideas. Así, creo que tienes razón en parte con lo que me dices.

    1) Quizá, por mi parte, sería mejor decir que “lo problemático del dogma no está explicitado en la mente del creyente”. Esto es, el creyente ve como un valor la unidad de su fe, pero no se da cuenta de la gravedad de plantearla como tal si se tienen en cuenta las críticas que estoy presentando. Ahora, eso no quita que la cuestión incluso en su primera versión (que es la que tú criticas) pueda tener sentido. Es decir, partiendo de mi experiencia no son demasiados los hombres y mujeres de fe que se dedican a una reflexión profunda sobre las bases de las creencias que profesan y, por tanto, la de la unidad podría ser tranquilamente un caso de esos. Eso no quita que en un momento segundo, confrontados con la pregunta, acepten que su religión es una; pero el hecho de que esto sea cierto, no invalida lo primero.

    ¿Fundamento experimental? No tengo evidencia suficientemente contundente, pero sí alguna capaz de sostener lo que digo. Estos datos se han ido presentando en varias de las entradas previas a a esta que tú comentas, dales una mirada. De todos modos, el tema no está explícitamente desarrollado, pero yo creo que sí está claramente entre las líneas. Lo cual, de hecho, me parece sumamente más interesante en términos culturales: el creyente en muchas casos vive en una tensión entre unidad y diversidad que está aprendiendo a conciliar.

    2) Creo que tienes razón y que nada de lo que dije entra en contradicción con tu precisión. Sin duda hay casos de maravillosa coincidencia que dicen muy bien de la fidelidad y de la obediencia de muchas personas; sin embargo, a pesar de esa nobleza de intenciones, mi experiencia pastoral y mi lectura me hacen pensar que no se trata de un fenómeno común entre personas con espíritu crítico. Y si tengo razón, y esta es una tesis fuerte, te estoy diciendo que esas prácticas que tú encomias (y yo también) son sólo sostenibles cuando hay poca reflexión crítica y creencias sedimentadas más por herencia que por un uso conjugado de fe y razón. Por eso “el desencuentro teoría/praxis” como lo he llamado es un indicador rotundo de que algo está pasando con la cultura y en particular con la comunidad cristiana-católica. Y aquí varias opciones: una es mirar con nostalgia y espíritu conservador el problema para tratar de volver a “ajustar el cinturón” y hacer que la gente sea más coherente; la otra, la que más me atrae a mí y la que creo que es la única respuesta sensata, es que la Iglesia aprenda a leer los signos de los tiempos (tarea para la que se ha mostrado muy torpe muchas, sino casi todas, veces).

    3) Por eso las preguntas que dejas al final son de profunda relevancia. Algo de eso pretendo responder en la próxima entrada de este mismo artículo y sobre todo en mi investigación académica. Al menos de modo indirecto mi tesis de maestría pretende dar algunas pistas para comprender mejor ese asunto.

    En serio muchas gracias, Tavo. Has comentado pocas veces en el blog, pero esta entrada ha sido muy importante para matizar.

  5. Luis Bacigalupo dijo:

    Raúl: Muy interesante el post y los comentarios. A mi me parece que para la conversación y para tu pesquisa podría ser útil diferenciar tipos de creyentes católicos. El marco para hallar las diferencias se puede plantear con la ayuda, por ejemplo, de los siguientes elementos básicos:

    Creen en todo Ct
    No creen en todo -Ct
    Obedecen todo Ot
    No obedecen todo -Ot

    Y la ayuda de la siguiente tabla combinatoria:

    1. Ct . Ot
    2. Ct . -Ot
    3. -Ct . Ot
    4. -Ct . -Ot

    En el caso 1 tenemos al creyente ideal, que cree en todos los dogmas teológicos y no-teológicos propuestos por la Iglesia y obedece todos los preceptos y disposiciones. Carece de sentido crítico frente a la autoridad eclesiástica y aspira a la santidad.
    El caso 2 es el del pobre creyente común, o CRE (creyente realmente existente), que cree todo pero no encuentra la forma de adecuar su voluntad a la obediencia plena. Si no ha caído en el cinismo, sufre una suerte de conciencia desdichada.
    El caso 3 me parece a mí el más común. Se trata del creyente ritualista, que no sólo no se pierde la misa dominical sino que participa incluso de las procesiones; pero no le preguntes en qué cree. Si le hicieras una pregunta teológica, tendrías que resetearlo para que vuelva a hablar.
    El caso 4 es el creyente posmoderno, que arma su paquete de dogmas aceptables, los reinterpreta a partir de su propio horizonte de comprensión, y sólo obedece lo que a partir de allí sigue teniendo sentido para él. Sospecho que aqui los porcentajes están en alza.
    Ojalá te sirva. Seguimos en contacto.
    Lucho

  6. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Muchas gracias, Lucho. Siempre me ha gustado esa facilidad que tienes para poner en orden las cosas. En efecto, tu tabla combinatoria es de mucha ayuda para poner la cuestión de modo más simple. Solo plantearía algunos comentarios a los tuyos, siempre con la reserva de mi impericia frente a tu experiencia.

    Tengo algo de sospecha sobre la combinación Ct. Ot. Lo que preguntaría es, ¿ideal para quién? ¿Para sí mismo?, ¿para la autoridad?, ¿para la comunidad? Creo que se trata de preguntas pertinentes si tenemos en cuenta los comentarios de las personas que han estado leyendo el artículo. Sospecho que lo dices en relación a la autoridad y me imagino que una jerarquía con fieles que acatan órdenes como en un ejército estaría bastante más que contenta. Me pregunto, sin embargo, si este modelo de creyente es, justamente eso: un modelo para los demás. En todo caso, se trata de casos atípicos y, creo que por eso, poco relevantes en términos prácticos. Eso, no obstante, no debe hacer que perdamos de vista su relevancia en la articulación teórica de estos problemas.

    Para los demás casos creo que habría que hacer una suerte de fenomenología de los modos de creencia ya que hay demasiados matices importantes que debemos tener en cuenta. Por ejemplo, el caso de la conciencia desdichada es bien interesante: ¿podríamos convencerle de que su desdicha tiene un origen ficticio?, ¿podría encontrar él elementos suficientes en sus propias creencias que lo saquen del esquema de la mala conciencia? Yo creo que sí, pero hay que explorar. En todo caso, me parece importante que lo califiques como el CRE. Creo que el caso 2 es uno de los que merece más atención.

    -Ct. Ot. es, en efecto, un caso muy común y que me parece poco llamativo por la ausencia de vitalidad. Una persona que es parte de un ritual sin sentir un verdadero vínculo con el mismo es en el fondo una que negocia con opciones muertas, como diría William James. No descalifico, pero quito importancia a ese fenómeno al menos desde lo que me interesa en estas líneas.

    El caso 4, en cambio, me parece bastante sugerente, sobre todo en tanto podemos cruzarlo con su primo hermano, el caso 2. El puente que veo entre ambos, más allá de las diferencias tiene que ver con la opción vital. A estos sujetos la fe les cuesta, los involucra, los interpela. Sólo una fe que se mantiene en ese movimiento constante es suficientemente capaz de entusiasmar corazones. Ya he hablado de esto en otros lugares, sobre todo en las entradas dedicadas a John Caputo: se trata de la dimensión trágica de la fe (una que no puede tener un lugar fijo y que, como el mismo Jesús, no tiene lugar donde recostar la cabeza). Esa creencia dinámica y versátil es la que más me interesa. Y ella, ya te imaginarás, está muy cercana a una idea tuya: la de la “creencia escéptica”. Con los años he venido a comprender mucho mejor esa tesis. Hoy la respaldo y me genera entusiasmo (aunque como bien sabes, no fue así desde el inicio :P).

    Un abrazo, querido Lucho. Gracias por el comentario.

  7. Veamos como va el otro post. Creo que podría decir algunas cosas no tan interesantes

  8. gilkacuentos dijo:

    Estoy de acuerdo con Erich Luna: sólo hay que ver y leer a Edith Stein para darse cuenta.

  9. Mauricio dijo:

    Querido Lucho
    Te has olvidado de poner al que cree en Dios reconociendo su imposibilidad de comprenderlo totalmente porque su mente finita no puede abarcar lo infinito. Lo obedece en sus preceptos porque lo ama y desea hacerlo asi; en forma libre, consciente y voluntaria; no porque se lo dice algún cura.

    Saludos,

    Mauricio

  10. Juan dijo:

    Estoy de acuerdo con Mauricio.

    hay que recordar Deuteronomio. Capítulo 13.
    “Si surge en medio de ustedes un profeta y te dice: “Vamos detrás de otros dioses para rendirles culto”, no hagas caso. Porque el Señor, su Dios, los pone a prueba para ver si ustedes lo aman. Sigan al Señor, su Dios. Témanlo y observen sus mandamientos, escuchen su voz, sírvanlo y sean fieles a él. Y ese profeta o ese intérprete de sueños deberá ser castigado con la muerte. […] Tendrás que hacerlo morir irremediablemente. Que tu mano sea la primera en levantarse contra él para quitarle la vida, y que después todo el pueblo haga lo mismo. Deberás apedrearlo hasta que muera, porque intentó apartarte del Señor. […] Pasa sin compasión al filo de la espada a los habitantes de la ciudad, y conságrala al exterminio total con todo lo que hay en ella, incluido su ganado. […] Así el Señor aplacará el ardor de su ira, se apiadará y tendrá misericordia de ti.”

    Juan J.

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