El aborto y la esfera pública (u otro asunto de incapacidades) (II)

iglesia_estado

Como indiqué en la entrada anterior, tenemos, entonces, un dato innegable: vivimos en un mundo de pluralidad de voces. Lo que quiero rastrear ahora es qué implicancias tiene esto en términos de políticas públicas para ir moviéndonos más cerca del debate sobre el aborto. Para ello, sin embargo, hay que ir fijando nuevos puntos que hagan más sólida la posición que intento defender.

Tesis 2: “La pluralidad de concepciones derivó en/de la necesaria separación de Iglesia y Estado”.

Este argumento es central. Generalmente yo dedico clases completas a explicar este proceso a mis alumnos, pero de modo resumido, la cosa es como sigue. En Occidente, y básicamente por las guerras de religión (esas en las que la gente se mataba en el nombre de Dios, sí), en un determinado momento (siglo XVII, más o menos) aparecen algunos pensadores que se empiezan a dar cuenta de que eso de “la religión del Rey es la religión del Estado” no estaba funcionando muy bien. Por el contrario, esa unidad entre religión y política estaba llevando a masacres sin fin (los cálculos estiman que las guerras de religión acabaron con el 30% de la población de Europa).

¿Matarse en el nombre de Dios? Sí pues, eso es lo que se llama “fundamentalismo religioso”.  La idea de que a “nosotros” Dios nos reveló la verdad es bastante peligrosa ya que también puede haber otro grupo que es también un “nosotros” que cree que Dios le reveló una verdad distinta. La pregunta obvia es ¿y quién tiene la razón? Ahí está, como suponen el problema –y  parte central de mi argumento en torno al aborto–.  Responder a esto con una tontería como “Jesucristo es la Verdad” no es más que una cuestión del todo inservible y nada más que un juego retórico. Lo grave es que hay gente que responde así aún hoy. Bueno, para los que creen que esa es una respuesta a conflictos públicos, la mejor forma de demostrarles su error es el del caso mencionado de las guerras de religión: católicos y hugonotes se mataban en el nombre del mismo Jesús, por si no se recuerda. Resumen: es obvio que ese no es el camino para fundamentar el problema, porque incluso el mismo Dios se puede entender de distintas maneras.

Muy bien, entonces, como la gente no se pone de acuerdo y encima se mata por razones de fe, convenía buscar un sistema político que permitiese la libertad sin condicionarla a una confesión religiosa o Iglesia determinada. Eso es lo que se vino a conocer como el liberalismo (no el neo-liberalismo de Boloña, no se confundan). El liberalismo suponía la división de poderes del Estado y, sobre todo, la división entre las esferas pública y privada. ¿Qué significaba esto? Pues que todos tenían derecho a tener la fe que quisieran, pero que cuando tocase ver cuestiones de orden público, las del famoso “bien común”, había que hacer el esfuerzo por pensar en lo que favorecerá a todos y no sólo a los que tienen mi misma fe. Esta es la tesis del “velo de la ignorancia” de John Rawls (que tiene matices y miles de cosas que podría agregar, pero recuerden que este es un post cuya argumentación pretende ser muy básica): la idea de dejar por un momento a un lado nuestras concepciones de la vida buena para tratar de llegar a un consenso.

Ahora bien, la objeción fácil a esto es la siguiente: esa postura es absurda ya que nadie se pone el disfraz de neutral cuando habla en la esfera pública y luego vuelve a ser católico conservador en la esfera privada. Además, como muchos estarán pensando, esa división entre lo público y lo privado es ficticia. A ambas cuestiones respondo “tienen razón”; sin embargo, quiero explicar por qué ese no es un problema real.

Primero, diré que una cosa es disfrazarse de neutral y otra muy distinta es ser capaz de reconocer en los demás diferencias que podemos superar para trabajar en cuestiones comunes. Nadie le está pidiendo a mis amigos de las comunidades agustinas que dejen la centralidad de su fe, lo que se les está pidiendo es: deténganse un momento, examinen de modo crítico sus posiciones y hagan un esfuerzo por dialogar con los que piensan diferente. Eso no implica un diálogo objetivo con un punto de vista neutro absoluto. Implica un diálogo hermenéutico: uno que suponga una concepción de la vida que escucha a otra distinta para hacer una síntesis que recoja lo mejor de ambas. Esa es la idea del debate público y esa es la idea de un liberalismo bien entendido.

El otro asunto es igualmente interesante. Es cierto que esta división es ficticia hasta cierto punto, pero tiene una clara razón de ser. Imaginen que existen las cosmovisiones A, B y C y que por cuestiones políticas, bélicas o económicas B termina venciendo y apoderándose del gobierno de una determinada nación. ¿Qué B sea el poder de turno justifica que el modo de gobierno esté exclusivamente marcado por cómo esta cosmovisión ve el mundo? Es obvio que no (salvo que seamos fundamentalistas). En tanto también existen A y C, la estructura normativa que está a la base del Estado debe permitir que cualquiera de las tres que llegue al poder garantice la subsistencia de las otras dos. ¿Cómo se logra esto? A través del famoso consenso por superposición de Rawls: la idea de un diálogo conjunto entre las tres que permita una base común para ver cómo se procede en lo que concierne a todos. En breve: que cuando se trate de redistribución de la recaudación fiscal se dé más al que más necesita y no sólo a los que piensan como B; que la asistencia médica sea general y no sólo para los partidarios del gobierno de turno; que las leyes no favorezcan a quien detenta el poder, sino que impliquen deberes y derechos equitativos, etc.

Se sobrentiende que esto no hace que ninguno renuncie a su propia forma de ver el mundo, religiosa o no, lo único que supone es que cuando se deciden cosas de orden común o público “todos tienen que ceder” por el bien de todos. Es la clásica visión contractual que con matices retoma Rawls o la idea de la situación ideal de habla que propone la ética del discurso de Habermas. Quizá a muchos les parezca que mis precisiones son muy elementales y sí, lo son. Sin embargo, recuerden las razones por las que escribo esta entrada: tratar de desenmarañar un problema conceptual. Luego, si estas ideas, por básicas que sean, han quedado claras, podemos hablar directamente del aborto en la próxima entrada.

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10 respuestas a El aborto y la esfera pública (u otro asunto de incapacidades) (II)

  1. frida escalante dijo:

    de acuerdo es una opción…pero hay que pensar un poco, y ese es el rol del estado, en la ausencia de politicas públicas, en la exclusión social, en la responsabilidad de este mismo estado por la debacle moral, la anomia…para los jovenes marginales el sexo es una ruleta rusa, no les importa exponerse, xq no tienen esperanzas…

  2. Althelmus dijo:

    Lo unico, quisiera que especifiques muy bien lo de la respuesta inadecuada de que “Jesucristo es la verdad”, porque a simple vista parece como que el contenido de la frase, estuviera en contra del acontecimiento Jesucristo, porque si quieres decir eso, seria el primero en discrepar que “Jesucristo – verdad” sea considerado como tonteria. (talvez es un mal entendido mio)
    Mejor vayamos al tema:
    Pues el aborto siempre ha sido un tema complejo de discutir sobre todo en nuestras sociedades que se esconden tras una falsa moral. Es necesario que la mujer recupere la decisión sobre su cuerpo que históricamente le ha sido quitada. El aborto debe ir acompañado de políticas públicas de prevención y de una nueva forma de concebir las relaciones entre las personas. Para ello considero lo siguiente:
    1) Educación sexual para decidir,
    2) anticonceptivos para no abortar,
    3) aborto legal para no morir.
    Lo ideal sería que las chicas no recurran al aborto, sin embargo, mientras existan niños y niñas que son abandonados, o vendidos, o mueren de hambre, yo prefiero saber que existe una opción, y como tal, no obliga a nadie.
    A propósito del tema del aborto estoy de acuerdo con que las mujeres tienen derecho a decidir si quieren ser madres o no, derecho a decidir sobre su cuerpo, ya que a pesar de que los anticonceptivos son muy comunes esta sociedad machista tampoco los acepta y además existen otros problemas que las personas que se las dan de moralistas no tienen en cuenta.
    Creo que no es un debate entre lo que esta bien o mal, sino de la realidad y las cosas que pasan en nuestro país, a diario se mueren mujeres y si hay alguien que pueda darles información para que no corran riesgos es de lo mejor. Súper bien que apoyen estas iniciativas, la educacion sexual que esta muy trasnochada aun.
    Nuestra realidad muestra que un gran número de mujeres mueren cada día por abortos clandestinos. El aborto es un problema grave de salud pública.
    Creo que el aborto debe ser despenalizado legal y socialmente. Lamento, por ejemplo, la decisión del presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, que niega la realidad de los 33 mil abortos que se realizan cada año en su país y da la espalda a la lucha de las mujeres y al voto mayoritario de los legisladores. Cada persona puede tener la opinión que considere mejor sobre este tema. Pero nadie puede imponer su creencia al resto de la sociedad.
    En lo personal, -como hombre con madre, hermana- considero que ninguna mujer aborta por el sólo gusto de hacerlo; es obvio que tras de tal acto existen fuertes conflictos e implicaciones primero físicas, emocionales e intelectuales; segundo individuales, familiares y comunitarias; tercero sociales, culturales e históricas; además de las políticas y económicas… razón por la cual debe haber toda una reflexión que conduzca al reconocimiento y respeto del derecho de cada mujer sobre una maternidad voluntaria, así como a la DESPENALIZACIÓN que es totalmente distinta de la burda idea de que la legalización es promover la promiscuidad y por consecuencia el aborto. Asimismo, me parece que -semánticamente- lo más correcto es hablar de “interrupciones del embarazo”, porque ello remite a una toma de decisiones y valoraciones que la mujer hace sobre sí misma, tanto de su cuerpo como de su proyecto de vida, ya sea sola o en compañía de su pareja.
    Creo que si se despenaliza, podriamos llegar a un avance tal como lo ha tenido Suecia cuando lucho contra la prostitucion, su propuesta fue muy acertada, devolverle la libertad a las mujeres.
    Que Dios les bendiga siempre,
    saluti per tutti i amici peruviani e per favore pregate per me perche non riceva la Ex-comunione latae Sententiae…
    da GERUSALEMME Fray A. (ofm)

  3. Fr. Gustavo Moreno dijo:

    Querido Raúl, me parece que la exposición de la necesidad de separación entre religión y estado es suficientemente clara y, en realidad, estoy totalmente de acuerdo. Solamente quisiera añadir una cosideración sobre el problema de la exclusión social: lamentablemente, no siempre todos los grupos están suficientemente representados a nivel político. En la realidad se da el caso que ni A, ni B, ni C quieren velar por los derechos de un pequeño grupo D que también tiene derecho a las condiciones fundamentales para buscar libremente lo que consideren bueno.
    Lo traigo a colación simplemente para considerar que no siempre todos los interlocutores en un debate político son los que van a sufrir las consecuencias de la decisión que se tome, y que cuando se dice que la ley debe legislar para todos, no para un grupo particular, se debe incluir también a los que no tiene voz en el debate en ese “para todos”

  4. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Querida Frida, en principio estoy de acuerdo con lo que dices. De lo que no estoy muy seguro es de en relación a qué punto lo sugieres, quizá con esa aclaración te pueda responder alguna cosita más consistente.

  5. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Calculo, más bien, que es un problema de expresión mío. Me refiero a que un argumento de orden confesional no resuelve encrucijadas públicas. En el escenario de las guerras de la religión al que hacía referencia todos estaban de acuerdo en que Jesucristo era la verdad; sin embargo, resulta claro que la coincidencia en esa materia no condujo a una coherencia con el acontecimiento-Cristo, como lo llama Badiou: la caridad, la misericordia, la esperanza, etc. Fue más bien un motivo de masacres masivas en función a quién tenía el derecho de decir esas palabras (“Jesús es la verdad”) de modo verdadero. Por eso digo que se trata de una afirmación con demasiado contenido como para ser pre-condición del acuerdo. La tesis liberal fue, por el contrario, que toda afirmación demasiado sustancial, fuese puesta en un segundo plano con la idea de que podamos ver las cosas en las que sí podemos estar de acuerdo.

    Sobre lo del aborto, no podría estar más de acuerdo. Sobre todo, con el asunto de “la opción que no obliga” y con el tema de que es un “debate sobre la realidad”. Comentarios muy atinados y lúcidos. De hecho, estoy tan de acuerdo que casi no tengo mucho más que decir sobre el tema, colgaré un último post, sin embargo, sentando más claramente mi posición. Mil gracias por tus aportes, son super significativos!

  6. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Totalmente de acuerdo, aunque para decir “ampay me salvo”, preciso que mi ejemplo era de corte formal con la idea de apuntar al tema de la separación Iglesia/Estado. La inclusión de D, está fuera del sentido de mi ejemplo. Eso no hace, claro, que esté fuera del sentido de la realidad y allí le doy la razón a Tavo.

  7. Emilio Novis dijo:

    Interesante y complejo asunto el que tratas. Un comentario aparentemente tangencial al respecto.
    Me parece ideal y razonable la concepción de liberalismo que sostienes, y veo más o menos por donde vas. La idea sería: no importando a que cosmovisión se adhiera uno, los problemas públicos deben ser examinados teniendo en cuanta “el bien común”; lo que no implica negar nuestras propias posiciones, sino que, confiando en la universalidad de la razón, con la que, de uno u otro modo, nuestras diferentes cosmovisiones se construyen, lleguemos a un consenso aceptable para todos, o por lo menos, para la mayoría.
    Esto sería ciertamente lo ideal, pero me temo que prácticamente imposible. Pues lo que se propone con eso es un reto, que consiste sobre todo, en pensar por sí mismo. Y pensar por sí mismo o con libertad (viene a ser lo mismo), como Rousseau sabía muy bien, implica estar dispuesto a renunciar a los intereses propios (o a los intereses de la colectividad a la que se pertenece) y negarse a verse movido por las pasiones (tanto personales, pero sobre todo colectivas), para dar espacio a que la razón realmente opere con libertad. Rousseau pensaba que la democracia era algo deseable sólo si los hombres pensaban con libertad- es decir, movidos no por sus intereses ni pasiones- sino sólo por el deseo de justicia y verdad; pensaba que sólo bajo esas condiciones los hombres podrían coincidir, pues su razón es común, y por lo tanto, lo que la mayoría opinara como justo, sería probablemente lo más cercano a lo justo.
    Como sabía bien Rousseau pues, lo indispensable para pensar libremente, para tener la posibilidad de alcanzar lo más justo en un problema cualquiera, es simplemente desear la justicia y la verdad, desechando los demás móviles incompatibles (como el interés propio y las pasiones colectivas).
    Esa era su idea de democracia, y también, nada está más alejado de ello que nuestra democracia actual.
    Nuestra democracia actual se basa en la competencia entre partidos, y como nota muy bien Simone Weil, un partido se caracteriza sobre todo por tener un interés propio y particular (el de crecer ilimitadamente) y de generar pasiones colectivas. Es decir, el sistema de partidos de ahora, cumple exactamente con las dos condiciones que Rousseau pensaba que eran nocivas para una democracia sana, donde la justicia, el bien público, estén siempre en primer lugar.
    Me tomo el trabajo de exponer este pequeño análisis, porque pienso que mientras nuestro sistema se base en la lucha de partidos, un liberalismo dialógico es prácticamente utópico y por ello mismo utópico que la justicia sea la principal motivación. Dada la característica de los partidos, por lo general, la gente que llega a tener un lugar en la política, ha renunciado previamente a pensar por sí mismo y por lo tanto, ha renunciado a su vez a la justicia. A su vez, difícilmente alguien que ame de verdad la justicia, dada la misma característica de los partidos, ocupará alguna vez una posición de poder. A eso se reduce, a fin de cuentas, la fuente de la desgracia de nuestra época. Claro que pueden haber excepciones, claro que pueden haber buenas voluntades que lleguen al poder, pero el sistema mismo esta estructurado de tal forma que esas buenas voluntades encontrarán una cantidad tal de limitaciones, que aunque sean jefes de Estado, no podrán ser superadas, pues implicaría rebelarse contra aquello, que para empezar, a posibilitado que uno llegue al poder.
    ¿Qué hacer entonces con los problemas públicos, si el sistema en sí mismo, por su actitud, está prácticamente imposibilitado de tratar esos temas, que superan la capacidad y el compromiso de su inteligencia? Y ¿qué hacer si se anhela la justicia, pero no se puede actuar desde el gobierno, sin aplastar la inteligencia? pues es mentira que alguien que anhela la justicia no busque trasladar ese deseo a la realidad por medio de las acciones. Pienso que lo único que se puede hacer es, cumplir cada uno de nosotros mismos con no comprometer la inteligencia más que al deseo de verdad y justicia, es decir, ser democráticos y pensar libremente, en el sentido de Rousseau, y empezar por tratar de aliviar las injusticias que padecen los seres de nuestro entorno más próximo. Eso es también ser auténticamente revolucionario. Y no existe otra forma de serlo, pues el cambio de las estructuras sociales no depende de una voluntad fuerte o de la violencia, sino que se produce lentamente, por las relaciones que los de la especie tienen con el entorno y entre sí mismos. Sólo podemos cambiar el mundo en una pequeña proporción, de manera indirecta, pero para que existan esperanzas de revolucionarlo en gran medida, hay que empezar a revolucionarse uno mismo, como Wittgenstein decía.
    Ahora bien, entonces, no teniendo tanto en mentes nuestras distintas inclinaciones religiosas o políticas, sino deseando sobre todo alcanzar la justicia y la verdad (todavía no conocidas) podemos empezar a tratar los problemas públicos y cualquier problema, como el del aborto (aunque no exista mucha esperanza de que nuestros resultados sean alguna vez escuchados, no por ello lo que se dice tiene menos valor). Podemos errar, pero manteniéndonos en esa actitud, hay esperanza siempre de salir del error.
    Emilio Novis.

  8. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Un comentario valioso, Emilio. Creo que puedo decir un par de cosas. En primer lugar, como Kant, diré que el carácter normativo-ideal de una postura no la invalida aunque su aplicación sea difícil o muy difícil. En efecto, una mirada como la que el Estado liberal propone es ideal y prescriptiva y por eso falla a veces en su intento; sin embargo, falla en Perú, no en todos los lugares. Mi impresión es que se trata de una cuestión de tiempo, de maduración nacional y de esfuerzo conjunto. Es en ese sentido que introduzco un segundo elemento, que es de “devenir revolucionario”, tema caro a Gilles Deleuze. La idea es pensar menos en una macro-política y dedicarse más a una política micro, que tenga como finalidad el desarrollo de la persona para hacerla capaz de ser parte del proceso más global de lo político. Yo creo que se trata de dos procesos complementarios: no habrá jamás ese desarrollo de uno mismo si es que las libertades básicas no están cauteladas (i.e., sin un modelo liberal, de un corte o de otro); no habrá liberalismo que funcione, sin un compromiso básico, al menos, de aquellos que se adscriben a ese sistema de gobierno. Espero responder con eso, gracias por las sugerencias😉

  9. Cristina Medina dijo:

    Estoy maravillada de haber llegado a éste blog. Caí por un tema político y ya no puedo dejarlo. Sé que este tema en particular está posteado hace buen tiempo, sin emabargo es tan actual como controversial. Voy por la segunda parte, y estoy entusiasmada por terminarlo, pero no podía dejar de comentar en este punto ya que el aporte de Emilio me parece vital, y sobretodo el comentario de Raúl, que de manera brillante me devuelve las esperanzas, esperanzas que de seguro recobraría por medios propios, pues no puedo evitar ser optimista por definición, o por cansancio…
    El tema tiene muchas aristas, e involucra a una cantidad grande de personas, profesionales e instituciones. Aunque en este blog se limitó a religion-estado, por motivos académicos seguramente, la distinción es buena y necesaria toda vez que acoge gran parte del tema.
    Esto me toca, como mujer, como madre, como profesional, soy ingeniera… “nada que ver” pero creo que tengo un grado de influencia sobre quienes me rodean y sobre quienes eventualmente por motivos profesionales estan a mi cargo, en ese sentido es bueno tener siempre una posición informada y reflexionada, y procurar, desde mi lugar, la base de la micro-política que menciona Raúl, con la búsqueda del alivio de las injusticias de la reflexión de Emilio.

  10. Raúl Zegarra dijo:

    Gracias por tu intervención, Cristina. Siéntete libre de comentar siempre. El blog tiene algunas cosas más en torno al aborto y a la relación Iglesia-Estado, quizá las encuentres de interés. Un abrazo!

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