“Una defensa del aborto”: la versión de Judith Thomson (II)

violin

Volvamos sobre nuestro argumento y tratemos de reactivar con ello las ideas que conforman la tesis de Thomson.  De acuerdo con lo expuesto, todo hace indicar que al menos en ciertos casos uno se ve racionalmente inclinado a pensar en ciertas excepciones cuando analiza el derecho a la vida. Ese es el propósito del experimento con el violinista. Sin embargo, pensemos en el caso de una violación —que es el que análogamente podría corresponder al del violinista—. Buena parte de los opositores al aborto se oponen también a abortar cuando ha habido violación sexual. Argumentan ellos, que el derecho a la vida es inalienable y que la cuestión de la fuente que dio origen a esa vida es irrelevante. Pero noten que lo más probable es que estaríamos dispuestos a desconectar al violinista dadas las circunstancias y que, si se pretende que ello no debe hacerse, deben ofrecerse tan buenas razones como para que apliquen a ambos casos. La autora es aún más crítica:

“Ni tampoco harían una excepción (el ala radical de los llamados “pro-vida”) para un caso en que la madre tiene que pasar los nueve meses de su embarazo en cama. Ellos estarían de acuerdo en que sería una gran pena, y algo duro para la madre; pero al mismo tiempo, todas las personas tienen derecho a la vida, el feto es una persona, y así sucesivamente. Sospecho que, de hecho, no haría una excepción para un caso en el que, milagrosamente, el embarazo se prolongó durante nueve años, o incluso el resto de la vida de la madre.

Algunos ni siquiera hacen una excepción para un caso en que la continuación del embarazo puede acortar la vida de la madre, consideran el aborto como inaceptable incluso para salvar la vida de la madre. Estos casos son hoy en día muy raros, y muchos opositores del aborto no aceptan este punto de vista extremo”.

En suma, es claro que existen casos extremos sobre esta materia; pero cualquier persona más o menos sensata es capaz de ver las diferencias. El último de los escenarios no creo que sea uno que una persona inteligente podría defender. Así que, Thomson debe vencer a los que argumentan con más sensatez que estos últimos para así probar su tesis a favor del aborto.

A pesar de ello conviene denunciar lo perverso del argumento que sostiene que no se debe practicar el aborto en ningún caso.  Observen una versión común del mismo:

“Se nos dice que la realización del aborto asesina directamente al  niño; mientras que no hacer nada no sería matar a la madre, sólo dejarla morir. Por otra parte, al matar al niño, se estaría matando a una persona inocente, porque el niño no ha cometido ningún delito y no está destinado para dar muerte a su madre. Y, así, hay una variedad de maneras en que esto podría continuar. (1) Pero como matar directamente a una persona inocente es siempre y absolutamente inadmisible, el aborto no puede ser realizado. O, (2), matar directamente a una persona inocente es asesinato, y el asesinato es siempre y absolutamente inadmisible, el aborto no puede ser realizado. O, (3), el deber de abstenerse de matar directamente a una persona inocente es más estricto que el deber de evitar la muerte de una persona, el aborto no puede ser realizado. O, (4) si las únicas opciones son matar directamente a un inocente o dejar morir a una persona, uno debe preferir dejar que la persona muera, y por lo tanto el aborto no puede ser realizado”.

Como se ve, este argumento esconde una lógica perversa. Muchos objetarán que no es eso lo que se está diciendo en la argumentación corriente. Estoy de acuerdo. Ahora los invito a pensar si no existen, en parte al menos, este tipo de sugerencias de modo tácito. ¿Están tan seguros como en su primera objeción? Yo no tanto.

Mucha gente, sostiene la autora, cree que no hace falta esta precisión de las premisas ya que lo relevante es que la conclusión se deriva del hecho de lo inalienable de la vida. Sin embargo, ella cree que esa suposición es un error. Así, nos pide que elijamos (2), por ejemplo. Matar directamente es cometer asesinato y ello es inaceptable. ¿Pero acaso se puede hablar seriamente de asesinato si se practica un aborto para salvar la vida de la madre? O, de otro modo, ¿se  te puede acusar de asesinato por desconectar al violinista si el médico te informa que mantenerlo conectado a ti implicará salvar su vida pero acabar con la tuya? Luego, concluye la filósofa, “si hay algo cierto en el mundo, es que no cometes un asesinato y que no haces lo que no es permisible, si logras darte la vuelta y alcanzas a desconectar al violinista para salvar tu vida”.

Ahora bien, hay otro elemento de juicio entre las múltiples variables del aborto. Uno de ellos es el que incorpora el rol de un agente externo, de un “tercero”. Es casi obvio que una mujer, en ciertas condiciones no puede practicarse un aborto a sí misma y que necesita de la asistencia de un tercero, generalmente (aunque no en el Perú) un médico. ¿Cómo debe actuar esta persona? Thomson acepta la posibilidad de que uno plantee el recurso de la objeción de conciencia para no intervenir;  lo que no acepta es que eso valga como un argumento para inhibir la acción de la madre: si su vida está en peligro y el aborto es lo único que puede salvarla, no se puede argüir que está cometiendo homicidio si lo lleva a cabo.

Esto, evidentemente, no justifica, como sostendrán algún despistado, cualquier forma de autodefensa. Si alguien te amenaza de muerte, salvo que tortures a otra persona hasta que esta muera, sostiene Thomson, eso no te legitima a torturarla. Sin embargo el caso presentado es diferente: son dos las partes en conflicto y sólo una de ellas es amenazada por la otra. Ambas partes son inocentes: nadie amenaza o es amenazado por voluntad propia. Por eso se justifica que un tercero pueda abstenerse, pero ello no nos da el derecho de decirle a la mujer que no puede tratar de defender su vida.

Hasta aquí, entonces, la autora pretende haber probado lo insostenible de las posiciones más radicales en contra del aborto. Al menos hasta donde hemos llegado, no parece haber justificaciones de razón para impedir su práctica, según ella indica. En la siguiente entrada me dispondré a analizar casos donde parece que la figura es más compleja que esta.

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3 respuestas a “Una defensa del aborto”: la versión de Judith Thomson (II)

  1. Laura dijo:

    Hasta qué tiempo de gestación se puede realizar un aborto sin mayores riesgos para la madre?

  2. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    No sé si me competa responder esa pregunta, Laura. Uno, porque no tengo la autoridad para hacerlo en tanto mi especialidad no es la medicina, sino la filosofía; dos, y sobre todo, porque yo estoy en contra del aborto salvo que este se deba a una situación de riesgo real para la vida de la madre. Por ambas razones, aunque no es tan difícil darte una respuesta muy simple y breve, me abstengo de responderte.

  3. Pingback: ¿Debería el Papa Francisco reconsiderar su posición sobre el aborto? | Sagrada Anarquía

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