G. W. Leibniz, una lectura posmoderna (Introducción)

Después de varias semanas dedicadas a algunos comentarios de diferente orden sobre la problemática del aborto, creo que conviene dejar un poquito la coyuntura para examinar alguna materia de orden un poco más teórico, de paso que variamos un poco. En ese sentido, quisiera compartir con ustedes un trabajo de investigación que hiciera hace algunos meses en torno a la filosofía de uno de los pensadores más eminentes de Occidente, pero menos estudiados. Al menos en la PUCP, de donde obtuve mis grados y donde enseño y estudio el posgrado, se le ve muy poco.

Me refiero a G. W. Leibniz, un pensador moderno al que no se le ha prestado suficiente atención, a pesar de que el devenir de la filosofía moderna –e incluso de la contemporánea– hubiera sido impensable sin su decisiva influencia. Elementos que merecen, pues, una especial consideración son: su inserción sui generis en la tradición racionalista moderna (crítico de Descartes y Spinoza), reintroduciendo elementos griegos y aristotélicos en sus argumentaciones; su peculiar aporte a la hoy llamada concepción “representacionalista” del conocimiento; sus debates con la tradición empirista –especialmente en relación a la distinción entre el problema del “origen de las ideas” y el de la “validez” de nuestros conocimientos–; el método deductivo aplicado no sólo a la pura lógica y matemática sino a la metafísica, física, jurisprudencia, y teología; y su crítica a Newton (a través del debate con su discípulo Clarke), entre otros. Asimismo, merece tomarse en cuenta su notable influencia histórica en el desarrollo de la escuela racionalista de Wolff, y en Kant; en la concepción teleológica y espiritualista de Hegel; en la temática del fundamento en Schopenhauer; en la evolución del neo-Kantismo anti-naturalista del siglo XIX; en la transformación de la lógica hacia fines del siglo XIX e inicios del XX a través de su De ars combinatoria y la idea de un lenguaje universal matemático simbólico (una characteristica universalis), anticipando la lógica simbólica; y, finalmente, en el desarrollo de la filosofía analítica (Russell) así como de la filosofía husserliana y heideggeriana del siglo XX, entre otras influencias [Todo este fragmento corresponde al apartado “Antecedentes y Justificación” del syllabus del curso Seminario de Temas de Filosofía Moderna 4, dictado por la Dra. Rosemary Rizo-Patrón].

El trabajo que les iré presentado en las semanas que siguen, constituye una exploración global por el pensamiento de Leibniz, pero que pondrá especial énfasis en su teodicea y, por ello, en su concepción de el mundo como regido por el principio de razón de suficiente: la idea de que en la realidad todo se encuentra ordenados según causas. La pregunta que surge de modo inmediato para un filósofo de la religión es la que refiere al problema del mal en el mundo. ¿Cómo puede haber mal si todo está ordenado según la razón que, además, proviene de Dios? ¿Cómo puede haber un Dios bueno en medio de la patente miseria de este mundo? Leibniz se propone responder estas preguntas, lo que conviene examinar es si lo hace de un modo suficientemente feliz. Sea como fuere, me encargaré de insertar esas preguntas dentro de una obra mucho más amplia y comprehensiva como lo fue la suya.

Mi mirada, sin embargo, tendrá un corte crítico. Mi intención es ofrece un estudio riguroso y detenido, para no caer en la ingenuidad del crítico poco informado; pero a pesar de ello, propondré mis reservas al lector para que cada quien pondere y saque sus propias conclusiones. La propuesta crítica la desarrollaré apoyándome en un autor que ya ha de ser más o menos conocido para los lectores de este blog: John D. Caputo. Su teología débil nos permitirá una reflexión más detenida sobre la teodicea leibniziana y una entrada que creo puede ser más explicativa y satisfactoria que la del incomparable genio de Leibniz. Corresponderá poner las cosas en contexto, esa será una de las tareas de este artículo.

Finalmente, me excuso con las personas que prefieren artículos cortos y con poco trabajo textual: este no será el caso. Lo que verá el lector son notas abundantes y, algunas, muy extensas. Estudiar a Leibniz requiere rigor y detenimiento, en ese sentido,  me resultó imposible prescindir del aparato crítico. Era el único modo de hacerle justicia a nuestro autor. Me excuso también por las citas en inglés no traducidas. La verdad es que nos las traduje en el original y sería demasiado demandante hacerlo ahora con la gran cantidad de labores que tengo pendientes.

Espero, entonces, su lectura paciente y generosa, como lo ha sido siempre. Espero también sus comentarios y críticas. Quizá hablar de Leibniz no sea tan “marketero” como hacer lo propio con el tema del aborto; sin embargo, es labor del filósofo estudiar diversas materias para poder pronunciarse sobre más temas con más rigor. Ese fue el criterio por el cual llevé un curso sobre este autor en la maestría y, espero, sea el que los lectores que sigan el texto elijan también. ¡Saludos y suerte con la lectura!

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2 respuestas a G. W. Leibniz, una lectura posmoderna (Introducción)

  1. over dijo:

    estimado raul.

    me puedes explicar en palabras sencillas en que consiste el cogito ergo sum

  2. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Explicarlo de ese modo, Over, es algo que prefiero no hacer. Es una idea compleja y, como tal, merece digerirse bien. Si quieres algo sencillo, puedes ir a Wikipedia, por ejemplo. Todo depende de para qué necesites la explicación, también.

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