Hannah Arendt sobre el problema del juicio (V)



Dicho esto, creo que conviene pasar a las últimas conferencias que Arendt ofrece sobre Kant, ya que ellas tienen el tratamiento más directo de algunos de los parágrafos centrales de la CFJ. No obstante esto último, la argumentación precedente ya ha puesto en contraste buena parte de las tesis de Kant con las de Arendt, razón por la cual lo dicho hasta aquí no debe ser perdido de vista en los apuntes que se hagan ulteriormente.

En la duodécima conferencia, por ejemplo, Arendt inicia su análisis del juicio y lo hace deteniéndose en la noción de desinterés. La autora asocia allí, de un modo algo extraño, la condición de imparcialidad con el placer desinteresado. Dice a ese respecto:

“Al cerrar los ojos uno se convierte en un espectador imparcial de las cosas visibles, no afectado directamente: el poeta ciego. Y así, al transformar lo que se percibe mediante los sentidos externos en un objeto para los sentidos internos, se comprime y condensa la variedad de lo dado por los sentidos, se está en situación de «ver» con los ojos de la mente, esto es, de ver el todo que confiere sentido a las cosas particulares. La ventaja del espectador radica en percibir la representación como un todo, mientras que cada actor sólo conoce su papel o, si debiese juzgar desde la perspectiva de la acción, sólo la parte del todo que le concierne. El actor es, por definición, parcial”[1].

Aquí hay un nuevo punto de relevancia y es la valoración que Arendt hace del desinterés. Arendt asocia esta noción que Kant trabaja en la Analítica a la imparcialidad, pero de un modo bastante distinto al del autor de la CFJ. Para Arendt este desinterés alude a la posibilidad de tener una percepción integral de los hechos como espectador. Es imparcial no en el sentido de carente de elementos que contaminen la pureza del juicio (como en Kant); sino en el de poder tener una aproximación no parcial (como la que sí tiene el actor) a los sucesos históricos, acontecimientos sociales. Kant no piensa en eso cuando trabaja esa noción, se esmera en mostrar que su mención tiene que ver con la posibilidad de fundamentar la posibilidad de un juicio de gusto puro. Y, además, Arendt sugiere que el juicio tiene que ver con valoraciones, aprobaciones, desaprobaciones; pero al hacerlo enfatiza demasiado el carácter deliberativo del juicio, cosa que Kant hace contadas veces en la CFJ[2] y, en todo caso, no en los fragmentos que ella consigna. En el juicio de gusto, efectivamente, se tiene una aprobación o desaprobación, pero esta está supeditada a una estructura formal que permite su comunicabilidad.

El siguiente asunto que trata la autora es la cuestión de la comunicabilidad de la sensación (§ 39), materia que de algún modo ya hemos tratado en lo precedente y que en el parágrafo que aborda Arendt no ofrece mayor novedad respecto de la Analítica. El siguiente punto corresponde al § 40 que es donde se retoma el sensus communis. El siguiente fragmento puede ser muy esclarecedor tanto para las pretensiones de Kant como para la interpretación sugerida por Arendt:

“Por sensus communis hay que entender […] la idea de un sentido común a todos, esto es, de una facultad de juzgar que en su reflexión tiene en cuenta, en pensamiento (a priori), el modo representacional de cada uno de los demás, para atener su juicio por así decirlo, a la entera razón humana y huir así de la ilusión que, nacida de condiciones subjetivas privadas que pudiesen fácilmente ser tenidas por objetivas, tendría una desventajosa influencia sobre el juicio. Ahora bien: esto último sucede por atener el propio juicio a otros juicios, no tanto efectivamente reales, como más bien meramente posibles, y ponerse en el lugar de los otros, en la medida en que simplemente se hace abstracción de las restricciones que están asociadas de modo casual a nuestro propio enjuiciamiento; lo cual, a su vez, se lleva a cabo mediante la omisión —todo lo posible— de aquello que es materia, es decir, sensación en el estado representacional y prestando atención únicamente a las peculiaridades formales de la propia representación o del propio estado representacional”[3].

Este pasaje, me parece, es el centro de la orientación que Arendt hace del problema del juicio. He sostenido hasta aquí que Arendt confunde algunas materias de relevancia y creo que este fragmento ofrece las razones de la confusión, pero a la vez motivos para un mayor esclarecimiento de la cuestión. Lo que muestra el texto es algo de sustento para la intuición arendtiana. Efectivamente, el sensus communis es un sentido común a todos y cada de uno de los que juzgan y, además, implica el poder ponerse en el lugar del otro, como Arendt enfatiza bien. El problema es que esta forma de intersubjetividad, sigue siendo formal y no material. Es por ello que trasladarla al ámbito de la política o de lo social en concreto se hace muy difícil. Arendt asume, como lo indica en la Decimotercera Conferencia, que “cuando se juzga se hace como miembro de una comunidad”[4]; el problema es que ella piensa en la deliberación concreta de un sujeto inserto en la praxis social, y ese no es el caso que Kant tiene en mente, al menos no de modo explícito. Basta con atender al final del pasaje citado, se trata no de ponerse de plano en el lugar de los otros, sino de pensar tal posibilidad a priori. Y esto se hace posible, como bien señala Kant, no por el proceso efectivo de tener en cuenta al otro en su concreción; sino, solamente, tomando en cuenta “las peculiaridades formales de la propia representación o del propio estado representacional”, pues son estas las que compartimos con la comunidad de los juzgantes y son ellas las que permiten la universal comunicabilidad. Una vez más, Kant no renuncia a su formalismo, aun en un pasaje clave como el del sensus communis.


[1] Arendt, H. Op. cit. p. 127.

[2] Cosa que sí hace, más bien, en la Fundamentación. Es sumamente extraño que Arendt no tomase en cuenta, por ejemplo, el rol deliberativo que surge en el proceso de la universalización de la máxima que implica el imperativo categórico y que prefiriese, en cambio, esta tan compleja apropiación del juicio estético de Kant. Las razones, como ya se dijo, se sostienen por el énfasis en lo particular; sin embargo, no parece un proceder justificado en ese solo hecho.

[3] Ibid. § 40.

[4] Arendt, H. Op. cit. p. 134.

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4 respuestas a Hannah Arendt sobre el problema del juicio (V)

  1. Zimmerman dijo:

    Hola Rául. La crítica del juicio es una obra que confieso no haber revisado en lo absoluto. Sin embargo, me parece que la reflexión que hace Kant en el pasaje citado (reflexión ciertamente teórica y formal) no excluye la parte material, que Kant trata más en otras obras, y sería un craso error pensar que no la tuvo en mente.

    Por ejemplo, en su Antropología, obra tardía, pero producto de dos décadas de enseñanza (o sea, mientras que escribía las tres críticas, siempre tuvo la investigación antropológica presente), Kant nos habla de la sabiduría práctica y dice lo siguiente:

    “La sabiduría, entendida como la idea del uso práctico de la razón con perfecta obediencia a la ley, es reiteradamente pedida del hombre; pero ni siquiera en un grado mínimo puede infundirla otro en él, sino que él tiene que sacarla de sí mismo. El precepto que manda llegar a ella encierra tres máximas conducentes a conseguirlo: 1) pensar por su cuenta, 2) ponerse en el lugar del prójimo (al comunicar con él), 3) pensar en todo tiempo acorde consigo mismo”.

    De ahí es necesario resaltar la segunda máxima, que nos pide ponernos en el lugar del otro no en el sentido estrictamente formal o “monólogico”, sino en la comunicación efectiva con esa persona, o como dirá más adelante: “acomodarse a los conceptos de los demás”.

    No hay que menospreciar las implicancias que tiene aquella segunda máxima en el actuar ético y político.

  2. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    Es un buen comentario, Martín y, obviamente, no tengo un tan buen manejo de Kant como el tuyo como para migrar de modo cómodo a muchas otras obras del maestro; sin embargo, creo que eso no excluye lo que digo. La CFJ es una obra que he leído con bastante detenimiento y sí creo que el pasaje citado tiene una clara intencionalidad formal. Ahora, eso no quita lo que dices en lo más mínimo; no obstante, no me parece que Kant esté apuntando a eso. Su entrada en esta Crítica, me parece, tiene una impronta muy formal, similar a la de la CRP. Esto, sin duda, no excluye la dimensión ética; pero no la pone en un primer nivel de reflexión. Recuerda, además, que mis precisiones se de orden crítico al uso que Arendt hace de Kant, no a los alcances posibles de la filosofía kantiana en sentido comprehensivo. En ese sentido, como indico en el primer post, mi crítica va al uso innecesariamente problemático de Kant por parte de Arent y a su rechazo, igualmente problemático, de tesis aristotélicas fundamentales.

    Me gustaría que sigas leyendo los posts para que sigas el argumento. Tu opinión sobre este tema me parece importante.

  3. Zimmerman dijo:

    Lo seguiré haciendo. En todo caso, creo que mi comentario iba dirigido en el fondo más a la lectura de Arendt que a tu post, pues parecería que le estuviera pidiendo a Kant un enfoque que él reserva para otros momentos.

    Saludos.

  4. Raúl E. Zegarra Medina dijo:

    No podría estar más de acuerdo. En cierto sentido es lo que yo trato de sostener también.

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