Hannah Arendt sobre el problema del juicio (VI)

Quisiera, en lo que sigue, presentar algunos pasajes que Arendt no toma demasiado en cuenta en sus conferencias sobre Kant, pero que, me parece, sugieren algunos puntos de conciliación con la propuesta crítica desarrollada hasta ahora. Se trata básicamente de los parágrafos que van del 41 hasta los que terminan de desplegar la llamada teoría del genio. El primero de esos pasajes, que es el último que Arendt examina, refiere al interés empírico en lo bello. Kant indica allí que “no se sigue de ahí, tras haber sido dado como juicio estético puro, que no pueda ser ligado a él interés alguno. […]. Empíricamente interesa lo bello sólo en la sociedad; y cuando se concede como natural al hombre el instinto de sociedad y, en cambio, la aptitud y la propensión a ella, esto es, la sociabilidad […] no puede tampoco faltar entonces el que se deba considerar el gusto como una facultad del enjuiciamiento de todo aquello a través de lo cual puede uno comunicar incluso su sentimiento a cada uno de los otros y, con ello, como medio de fomento de aquello que la inclinación natural de cada uno demanda” (§ 41).

En este parágrafo, por primera vez, Kant da algo de contenido a la sugerencia interpretativa de Arendt respecto de las implicancias sociales del juicio. Pero no hay que perder de vista que se trata de un interés posterior, subordinado. El juicio de gusto procede de modo a priori; ya en una segunda instancia se puede hablar del modo en que puede contribuir al fomento de la sociabilidad, pero solo de modo subalterno.

Otro parágrafo que considero de utilidad para conciliar la perspectiva de Arendt con la kantiana es el 47, que refiere al genio como productor de arte bello. Allí se hace énfasis en una idea que en la Analítica no estuvo presente debido a la más fuerte consideración trascendental. Aquí, y algo antes también, se introduce la idea de comunidad artística como espacio de cultivo del gusto, lo cual resulta interesante porque da un giro importante hacia lo comunitario. Por primera vez, Kant empieza a poner énfasis en que el gusto implica también un ejercicio y menciona que el producto del arte bello, que es el arte del genio, pone a prueba el talento de la comunidad artística[1] e incluso puede suscitar en ella el nacimiento de nuevos genios.

Como indica Kant, “el genio no puede proporcionar más que rico material para productos del arte bello; la elaboración de ese y la forma exigen un talento formado por la academia, para hacer de aquél un uso que pueda sostenerse ante la facultad de juzgar”[2]. Es necesaria la presencia de una escuela, de la academia, para que pueda extraer del arte bello los patrones que permitan su imitación y, a la vez, la puesta a prueba del temple del artista con la finalidad de que surja un talento tal que sea capaz de crear nuevo material, nuevo arte bello. Como digo, este pasaje me parece que apoya mucho más que otros, la tesis de Arendt; aunque, no nos conduce directamente a lo político. Pero lo que sí ofrece, a diferencia de los parágrafos anteriores, es la presencia concreta de una comunidad que juzga, tal como la que Arendt parecería sugerir. El único problema, es que el juicio sigue siendo aquí, como en los demás pasajes de la CFJ, pensado en los términos del proceso que acaece en la Analítica y por ello el énfasis que pone Arendt en una suerte de deliberación interna y comunitaria no es precisamente lo que tiene Kant en mente.

Por otro lado, hablamos aquí de un restringido y selecto grupo, la Academia. No corresponde trasladar esta experiencia a toda la humanidad, al menos no en cuanto hablamos de la producción de arte bello desde la perspectiva del genio. Baste con lo hasta aquí presentado para que se comprenda el porqué de la necesidad de este seguimiento crítico de la propuesta de Arendt. Sin embargo, como ya se indicó, esta era sólo una reflexión respecto de la legitimidad del uso de la noción de juicio de Kant, lo cual no hace que las consecuencias sacadas de esta sean inválidas, a lo sumo se sugiere que deben ser redirigidas a otra fuente.

Las páginas que siguen tratarán de mostrar que la idea que tiene Arendt respecto del juicio coincide mucho más con la noción de phrónesis que desarrolla Aristóteles en la Ética nicomáquea (EN)[3] que con el juicio en la CFJ. Con esos apuntes finales concluiremos este trabajo sugiriendo que esa coincidencia no es cuestión novedosa, sino que se encuentra ya en obras tempranas y que, quizá, un tratamiento más detenido de Aristóteles, y no de Kant, hubiese dado más fuerza a una teoría del juicio que, si bien nunca fue escrita, ya en las conferencias sobre Kant, más allá de la crítica que podamos hacer del uso de la CFJ, ofrecía sugerentes reflexiones sobre nuestro mundo.


[1] Como también indica Beiner: “El gusto, la actividad que discrimina, discierne y juzga, y que emana del amor de la belleza, es la cultura animi […]” (Arendt, H. Op. Cit. p. 182). Efectivamente, el gusto se cultiva, implica un ejercicio de confrontación con el gusto sedimentado a través del tiempo. No obstante, como ya se enfatizó, esta es una cara del asunto y no la totalidad del mismo. Lo más relevante en la CFJ ha sido siempre probar que es posible apelar a un juicio de gusto universalizable y esto se da en virtud de criterios a priori.

[2] Kant, I. Op. cit. § 47, B 186.

[3] Aristóteles. Ética nicomáquea. Madrid: Gredos, 2003. Traducción de Julio Pallí Bonet.

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