Kearney, Richard y Eileen Rizo-Patrón (eds.). Traversing the Heart. Journeys of the Inter-religious Imagination

Recientemente ha sido publicado un interesante texto, Traversing the Heart (TH), sobre las potencialidades escondidas en el diálogo interreligioso, el mismo que ha sido editado por Richard Kearney y Eileen Rizo-Patrón. Mi interés en los posts que siguen será hacer una suerte de reseña del texto; sin embargo, no se trata de una reseña general, sino más bien de un ejercicio de reseña de cada uno de los ensayos que conforman el libro. Mi intención es doble: por un lado, recorrer con detenimiento el libro imponiéndome la disciplina de hacer un resumen y balance  de cada capítulo; por el otro, preparar material para una reseña, esta vez sí general, que prepararé para su publicación en una revista académica. Esta última, evidentemente, será notoriamente más breve que el acumulado de información que les ofrezca por el blog; así que digamos que por esta vía tendremos un acercamiento algo más profundo al texto, aun cuando mi intención es hacer solo breves reseñas de cada ensayo, ya que se trata de 27!!!

A continuación los dejo con el primer ensayo del ejercicio del que les hablaba. Mi presentación de la Introducción del texto.

Introduction: A pilgrimage to the heart (Richard Kearney)

La introducción de Kearney tiene un tono particular. No es, de hecho, la típica forma de introducir un texto, menos aún uno de ensayos; no obstante, si uno atiende al sentido todo de dichos ensayos, el asunto toma una forma más clara: esta no es solamente una obra académica, es un ejercicio de peregrinación espiritual. Se trata de una peregrinación cuyo objetivo es el corazón, atravesar los corazones, como sugiere el título del libro. Si uno cae en la cuenta de esto, el estilo de la introducción de Kearney no sólo se hace más comprensible, sino que termina por ser el modo más honesto y consecuente de presentarnos el cuerpo de textos o, mejor, experiencias, que se narran en los 27 ensayos que conforman el libro. Lo que nos narra Kearney es una travesía por los senderos de la imaginación religiosa cuando esta es capaz de ponerse en contacto con el fuego que enciende el corazón del creyente y lo invita a la apertura y el diálogo tolerante con el otro.

Quizá una de las ideas más interesantes que aporta el texto se encuentra hacia el inicio, a saber, que así como las religiones han sido causa de gran parte de la hostilidad y violencia en la historia de la humanidad, ellas también pueden ser la fuente de la hospitalidad y el consuelo. Muchas veces, como sostiene el autor, el más efectivo remedio para curar el espíritu enfermo se encuentra en la raíz misma del veneno que genera la enfermedad (p. 1). Esta duplicidad de la religión y, sobre todo, el poder curativo de la misma es uno de los temas centrales de la obra: cada ensayo, desde su enfoque particular, pretende mostrarnos la intensidad de la experiencia religiosa, sobre todo, cuando esta deja el sectarismo y se abre al diálogo con experiencias distintas, superando las barreras institucionales y doctrinales.

De algún modo, como indirectamente sugiere Kearney, estas ideas encuentran su punto de convergencia en lo que en sánscrito se conoce con el nombre de guha. Un espacio escondido en la profundidad del corazón (y también de la tierra) en el cual tanto el ser humano como la divinidad se reciben el uno al otro como huéspedes (p. 2). Esta hermosa imagen de mutua hospitalidad es recordada por el autor en atención a las cuevas de Ajanta y Ellora, al noreste de Bombay, visitadas por varios de los colaboradores del libro que reseñamos. El rol de las imágenes, hay que dejarlo claro, es determinante en TH: no son nunca meros objetos, siempre tienen el rol de catalizadores de experiencias, de liberadores de eventos insondables que despiertan, precisamente, la profundidad de la imaginación religiosa.

Termino con otra de las cuestiones más resaltantes del texto de Kearney, me refiero a la mención de don conceptos fundamentales (entre otros más) para la perspectiva interreligiosa de TH: la pertenencia doble o múltiple (pp. 4, 9) y la lectura cruzada (p. 6). A partir de la narración de la experiencia de varios de los autores que contribuyeron con el texto, Kearney nos muestra la centralidad de aprender a enriquecer la experiencia espiritual no sólo mediante el contacto con otras tradiciones religiosas, sino con la genuina incorporación de la sabiduría de estas en el ritual, la liturgia, el arte y la oración de la propia. De tal suerte, la figura de ser parte de una sola religión se diluye, de algún modo nuestro corazón se hace ciudadano de todas las religiones de cuyas fuentes deseemos beber. Esto tiene que ver también con la idea de una lectura cruzada de los textos canónicos de las distintas religiones: aprender a interpretar la propia tradición a partir de elementos de otras nos permite engrandecer nuestros horizontes hermenéuticos pero, sobre todo, engrandecer el corazón. Y es que es en el corazón, en el nivel de la imaginación, de lo prejudictativo, en donde las primeras semillas y los primeros signos de la guha dan fruto, son escuchados y sentidos (p. 7). Y es básicamente sobre esa experiencia transformadora y combativa de la intolerancia y de la cerrazón de lo que trata este libro.

 

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