Comentario de Marcos 2, 23-28

Caminando Él a través de las mieses en día de sábado, sus discípulos, mientras iban, comenzaron a arrancar espigas. Los fariseos le dijeron: Mira, ¿cómo hacen en sábado lo que no está permitido? Y les dijo: ¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y los suyos? ¿Cómo entró en la casa de Dios, bajo el pontificado de Abiatar, y comió de los panes de la proposición, que no es lícito comer sino a los sacerdotes, y los dio asimismo y a los suyos? Y añadió: El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y dueño del sábado es el Hijo del hombre.

Este es un pasaje breve, pero de profunda significación. Quizá el mejor modo de interpretarlo sea afirmando algo que me dijera un amigo teólogo hace poco que, aunque pueda sonar paradójico, no lo es: el cristianismo es una religión centrada en el mundo. A primera vista esta puede parecer una tesis que a muchos les podría resultar hasta herética, pero hay que mirar con cuidado. El fenómeno central de la experiencia cristiana es la encarnación de Jesús, junto a la muerte y resurrección que siguieron a su vida pública comunicando la buena noticia. El hecho de que Dios se encarne tiene una fuerza teológica fundamental: cambia el sentido todo de la historia y reconfigura la dinámica de las relaciones humanas. Así sucede al menos en la revelación cristiana. Es por ello que podemos hablar del cristianismo como una religión centrada en el mundo: no se trata de un Dios exterior a nuestra experiencia que requiere reverencia y subordinación, hablamos de uno que se hace carne en la historia humana para mostrarle al hombre cuál es el verdadero horizonte de su humanidad. En atención al mensaje revelado por Dios, claro, pero se trata de un mensaje acerca de cómo es que debemos ser-humanos y allí radica la “mundanidad” del cristianismo. Es en ese contexto en el cual conviene insertar el pasaje citado.

Lo que Jesús nos propone es una confrontación abierta de lo sagrado con lo profano teniendo como clave hermenéutica la necesidad del ser humano. Jesús pretende liberarnos de esa mirada tan proclive a la acusación y a la identificación de lo malo en los otros y, más bien, nos urge a que aprendamos a ver con ojos distintos la necesidad del hermano. En este caso, el hambre es el ejemplo; pero podría ser cualquier otro. El tema central es que aprendamos a ver en perspectiva la experiencia religiosa, que aprendamos a distinguir qué es lo importante según el contexto. Los ritos, las doctrinas y demás formulaciones  posteriores tienen una relación de segundo grado respecto a la claridad del mensaje cristiano: una opción de amor a Dios que sólo se manifiesta realmente en el amor al prójimo, sobre todo aquel en necesidad, aquel que sufre. Es lo que Gutiérrez ha llamado con toda propiedad la opción preferencial por el pobre. Dios opta gratuitamente por amarnos y, preferencialmente, por amar al más vulnerable. Eso es lo que nos muestra la Escritura, de eso se trata la experiencia cristiana. Lo demás no deja de ser importante, pero es claramente secundario. De ahí que Jesús confronte permanentemente a los fariseos, doctores de la ley y sacerdotes; de ahí que nosotros debamos estar siempre atentos para comprender que el sábado es para el hombre y no al revés.

*Imagen tomada de http://respuestasdefe.blogspot.com/2012/01/evangelio-del-martes-ii-del-t-ordinario.html

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