Dos semanas en Notre Dame

El Golden Dome, distintivo clásico de ND

Quisiera disculparme por la ausencia de publicaciones en las últimas semanas, de hecho ya va a cumplirse un mes, o quizá más, desde el último post. Honestamente, entre una cosa y la otra, no ha habido tiempo para tener un rato tranquilo para sentarme a escribir. Hoy tengo un poquito de tiempo, felizmente.

La Basílica del Sagrado Corazón

No creo que todos los lectores de este blog estén al tanto de mi itinerario reciente, así que me permito una breve nota personal a modo de transición. Sucede que fui admitido a la Universidad de Notre Dame, en los Estados Unidos y me vine a vivir aquí por los próximos dos años hace, casi exactamente, dos semanas, aunque, si sumo mi estadía previa en Buford, Georgia, ya se va a cumplir mi primer mes en estas tierras. He iniciado aquí los estudios para obtener mi segundo título de maestría, esta vez en la disciplina de teología. El Departamento de Teología de Notre Dame es, casi sin duda, el mejor de su especie en los Estados Unidos y ha sido un honor haber sido admitido en el mismo, además de un verdadero desafío intelectual. No puedo sino estar agradecido con todos aquellos que hicieron esta admisión posible de una manera u otra. Desde los profesores que leyeron mi aplicación y que hasta hace muy poco eran perfectos desconocidos, hasta personas que se fueron haciendo cercanas o que ya lo eran.  Mi gratitud para Catherine Hilkert, Maggie Pfeil, Cheron Price y, por supuesto, para el siempre generoso Gustavo Gutiérrez, motor de buena parte de esta empresa intelectual. Debo unas líneas de agradecimiento, también, a mi querido amigo Manuel Seifert, quien me animó a postular aun cuando yo tenía muchas dudas. Y debo, cómo no, disculpas a todos aquellos que de alguna manera me apoyaron en este proceso y que hoy no menciono por mi propia negligencia.

La Gruta, espacio de encuentro de la activa comunidad religiosa de ND

Comento, a modo de primera impresión, algunas de las cosas que más me han sorprendido de ND. Por un lado, la ciudad universitaria. Se trata, sin duda, de un Campus bellísimo, rodeado de bosques y de dos grandes lagos que lo adornan. De las universidades que conozco aquí es, sin duda, la más hermosa, aún cuando no la más grande. Los que conocen mucho más que yo se atreven a decir que se trata del campus más bonito de los EEUU. Otra cuestión que llama la atención es la hospitalidad con la que se trata a los alumnos, particularmente a los extranjeros que recién llegan a ND. Esto se puede ver a través de cosas simples: desde la cantidad de recepciones y talleres a los que hemos sido invitados hasta la cantidad de almuerzos y polos gratis que nos han regalado. Pero más allá de eso, que podría deberse, simplemente, a que la universidad tiene mucha plata, se percibe un genuino sentimiento de fraternidad que, por ignorancia, claro, no sé si sea tan intenso en otros lugares. Hay algunas otras cosas, quizá no tan relevantes, pero que son aquí muy llamativas: la imponente Biblioteca Central, con nada menos que 14 pisos y 24 horas ininterrumpidas de servicio; la experiencia casi ritual que se tiene aquí con el football (o sea el fútbol americano para los peruanos como yo); la Basílica, simplemente impresionante; las instalaciones deportivas, de lo más variadas y todas gratuitas; la multiplicidad de institutos y centros que hacen de la vida académica una cuestión verdaderamente emocionante.

La Biblioteca Central Theodor Hesburgh, nombrada en honor al presidente (rector) más representativo de ND, vivo y lúcido aún a sus 94 años.

El ritmo académico, eso sí, es sumamente intenso. No es vano se trata de una de las mejores facultades de teología del mundo. Hay que leer mucho, escribir mucho y seguir leyendo. Es desafiante, aunque a la vez es algo muy emocionante. Los profesores son realmente excelentes, casi todos forman parte del más selecto grupo de scholars en sus respectivas materias y es, sin duda, un honor poder participar de sus clases. Este semestre estoy llevando un curso sobre el Antiguo Testamento, otro sobre Zizek y su relevancia para la teología, uno sobre el sentido teológico de la liturgia (que resultó ser sumamente más interesante de lo que pensé), y uno sobre teología sistemática (que será mi especialidad al egresar) que es también excelente.

El Estadio del Joyce Center, el día de la misa que inauguró el año académico

Decía, pues, que este es un breve post de transición. En lo sucesivo, cuando el tiempo me lo permita, no sé si haya mucho, trataré de colgar notas de mis clases, reviews de libros y esbozos de papers que presentaré en clase o en los coloquios. A partir de ahora, entonces, este blog se dedicará casi de modo exclusivo a la teología, aunque, como siempre, habrá algún espacio para hablar de uno que otro tema diferente.

El presidente de ND, John Jenkins

Espero que su lectura continúe y que nuevos lectores, interesados en la teología pueden participar de este espacio, esta vez mucho más riguroso y renovado, de conversación teológica.

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