Una elección capaz de engendrar esperanza

En un texto pequeño pero que siempre he creído muy importante, el filósofo Michael Walzer habla de lo que él denomina minimalismo moral. Según indica el profesor de la Universidad de Princeton, son los momentos de grave crisis los que nos invitan a hacer un ejercicio moral en el cual por un momento dejamos algunas de nuestras más importantes convicciones con el afán de ir a aquellas que son más básicas, más fundamentales, las raíces de incluso aquellas que se muestra como las más importantes. Hay, pues, ciertos mínimos morales (de ahí el nombre “minimalismo moral”) que son capaces de unir a las personas más diversas por objetivos comunes. Esto no quiere decir, por supuesto, que pasada la tempestad las diferencias desaparecerán. Todo lo contrario. Como es de esperarse, ellas volverán a emerger. Y eso está bien; está, de hecho, muy bien. Pues no hay nada peor que una sociedad donde todo se ha vuelto uniforme, donde no hay lugar para las diferencias de ideas, para la discusión saludable.

Las últimas encuestas (publicadas hace pocas horas) indican que la candidatura de PPK ha superado a la del fujimorismo. Todo sugiere que mañana será un día de alegría y cierto retorno de una esperanza que por largas semanas pareció esquiva. La celebración para mí y muchos otros que nos alineamos políticamente más cerca de la izquierda no es, evidentemente, por el contenido de todas las propuestas de PPK. PPK no me representa políticamente, así como no representa a la gran mayoría de la población. Pero PPK sí representa una alternativa en tiempo de crisis. PPK sí representa ciertos valores mínimos que no son negociables y que toca defender a toda costa. Mucho se ha dicho ya y no tengo interés en repetir. Baste con señalar una vez más que el riesgo de la elección de mañana es la posibilidad de elegir a Keiko Fujimori. No a su padre, aunque mucho de él la rodee y la substancie. Keiko es la amenza y lo es por las cosas que ella misma ha hecho y ha dejado de hacer. El problema es ella y su presente; aunque su pasado, por supuesto, importe y mucho. Para más sobre ello, basta con ver el formidable documental Su nombre es Fujimori (adjunto abajo).

Mañana, todo así lo sugiere, PPK ganará una elección por la cual a veces no pareció luchar lo suficiente; pero la ganará porque, a pesar de todo, en este momento de crisis él representa una opción viable para la preservación de la institucionalidad democrática. Esa opción ha sido capaz de engendrar esperanza allí donde por semanas hubo tristeza y desolación ante lo que parecía el triunfo inminente del fujimorismo. Mañana parece que brillará la esperanza y eso es motivo de sobra para estar contentos. Contentos por el coraje de la gente que supo organizarse cuando parecía irse la fuerza. Contentos por el coraje de Verónika Mendoza para tragarse las diferencias y apelar a los mínimos morales que la unen a PPK. Contentos porque en un país al cual el fujimorismo le hizo tanto daño parece que hemos podido contenerlo cuando amenazaba con tomarlo todo.

Mañana, sin embargo, no acaba la historia. El fujimorismo tiene la mayoría del congreso, PPK no tiene un aparato organizacional inmenso y requerirá de alianzas para gobernar. PPK enfrentará un país dividido y un congreso que seguro tratará de bloquear sus reformas sociales. PPK tendrá que conceder, y si es fiel al mandato popular que las urnas impondrán sobre él mañana, tendrá que tratar de gobernar más cerca de la izquierda y de la centro izquierda que de la derecha. Todo esto será difícil y de ahí la importancia de entender esta elección con la gravedad que corresponde. Mañana es un día para recuperar la esperanza, pero mañana también es un llamado para permanecer vigilantes. Del fujimorismo, sobre todo, porque sabemos lo que representa; pero también de PPK mismo que solo nos representa a muchos mínimamente.

Dicho eso, no obstante, vayamos a votar con alegría y esperanza por PPK. Lo de mañana no es cosa menor, amigos lectores. A fuerza de coraje y organización parece que se ha volteado una elección y se la ha volteado por un trabajo orgánico y de conjunto. Gente muy diferente y con visiones incluso opuestas del país ha sido capaz de hacer causa común teniendo claro que hay valores supremos, como la democracia, que vale la pena defender por encima de nuestras diferencias. Eso, en el Perú, no es poca cosa. Eso solito ya es un motivo de esperanza. Mañana ganará la derecha. Eso toca aceptarlo y respetarlo porque así votó la mayoría del Perú. Pero mañana muy probablemente ganará la derecha democrática y eso sí debe darnos esperanza. Vendrán otras elecciones y la izquierda podrá organizarse de nuevo, quizá con Verónika, para tentar democráticamente la presidencia. Pero la posibilidad misma de que esa organización pueda darse y de que ella o Julio Guzmán o Alfredo Barnechea puedan ser parte del espectro electoral es algo que requiere la democracia que PPK nos garantiza.

Mañana, entonces, votemos por PPK en una elección que parece devolvernos la esperanza. Mañana, además, vigilemos el voto, si es posible, como personeros de PPK. Necesitamos toda la fuerza que podamos. El fujimorismo juega sucio y hay que saber contrarrestarlo. El lunes será otro día; pero de los problemas del lunes ocupémonos el lunes por la mañana. Mañana domingo votemos temprano, esperemos la tarde y abramos una cerveza que nos refresque tras la larga jornada que, confiemos, habrá traído la victoria.

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