La tragedia y la promesa de “America first” (La República)

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Imagen tomada de The Washington Post

Amigos, se publicó hoy en La República este texto con mis ideas sobre la coyuntura política de hoy en los EEUU. Ojalá les interese.

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Donald J. Trump acaba de juramentar como cuadragésimo quinto presidente de los EEUU. Su discurso inaugural ha sido a la vez predecible y sobrecogedor. Predecible porque Trump nos ha acostumbrado ya a no seguir libretos preestablecidos, pero sobrecogedor por el nivel de confrontación que ha traído a una alocución pública que, al menos por corrección política, siempre invita a la concertación frente a una nación dividida. Trump prefirió seguir fiel a su estilo, anticipándonos así a lo que parecen ser cuatro años absolutamente inusuales para los EEUU y el mundo.
 

El discurso inaugural estuvo lleno de elementos genuinamente preocupantes, pero todos ellos se resumen en su enérgico llamado a darle prioridad a los EEUU: “America first!”. Por supuesto, todo gobernante legítimamente elegido tiene derecho a llevar a cabo la agenda que planteó a su electorado y la obligación de dar prioridad a los intereses nacionales sobre los foráneos. No obstante, la arenga America first de Trump tiene otros tintes y ellos son los que realmente alarman.
El de Trump es un nacionalismo confrontacional basado en una mentalidad de “nosotros vs. los otros”. La relación de Trump con el Islam lo hace patente, algo que podemos ver al contrastarla con la de George W. Bush. En un momento mucho más crítico, después de los ataques de 11 de septiembre, Bush invitó a diferenciar entre el terrorismo y el Islam, entre unos cuantos radicales y una religión de paz. Trump no ha hecho nada parecido. Por el contrario, contra toda prudencia, Trump ha asociado directamente el Islam con radicalismo azuzando temores que alimentan la xenofobia. Pero la lista de problemas sigue casi sin lugar a término.
Trump se ha esforzado en recrear ficciones sin sustento en la evidencia, pero enormemente peligrosas: los inmigrantes nos quitan los trabajos (y los mexicanos entre ellos son violadores), las zonas urbanas empobrecidas han llegado a niveles de crimen exorbitantes (algo falso, pero que genera estereotipos sobre las poblaciones negra y latina), el calentamiento global es una mentira creada por China, etc. Habría que añadir su implacable capacidad para ofender a las mujeres y, en general, a todo aquel que no le rinda pleitesía. Hay que decirlo con claridad: America first es una America blanca y masculina y, en el fondo, no es más que una estrategia para esconder la verdadera prioridad del nuevo presidente: Donald first!
Felizmente, escenarios de terror tienen la potencia para despertar también lo mejor de los seres humanos. Tan sólo al día siguiente de la inauguración, se calcula que más de tres millones de personas salieron a las calles en los EEUU (y muchas más en otras partes del mundo) en un gesto de protesta contra esta nueva presidencia de tenor orwelliano.
La gente se está organizando y se prepara para resistir por todos los medios posibles lo que parece ser una arremetida de impredecibles dimensiones en contra de muchos de los avances de los últimos años. No es cosa menor, cabe notar, que esta primera y masiva movilización fue convocada por mujeres, quienes mayoritariamente abarrotaron las calles. Mujeres valientes y corajudas que se oponen a una retórica de mentiras, confrontación y desprecio por ellas y por los demás.
Pero junto al liderazgo de las mujeres, se destacan otros. La población negra, latina, musulmana y muchas otras, han tomado renovada conciencia de la importancia de una resistencia activa y solidaria. Y esto último es lo fundamental. En un contexto de precariedad, los grupos en la periferia se están uniendo solidariamente para crear un nuevo centro. Este nuevo centro, con el apoyo de aquellos que entran en solidaridad renunciando a sus privilegios, es una gran fuente de esperanza.
La esperanza de que la división creada por America first sea reemplazada por un espíritu de solidaridad mutua entre aquellos en los márgenes de la sociedad en alianza con aquellos que están dispuestos a dejar de lado sus privilegios. Así, con entereza y perseverancia, quizá sea posible movernos de esta America first, blanca y masculina, a simplemente America: un país inclusivo donde aquellos en los márgenes se ponen en el centro. Más aún, una America que no es solo los EEUU, sino que mira también en solidaridad al resto de las Américas y al resto del mundo, retomando aquello que recordara el hagiógrafo: que para ser primero hay que volverse último (Mt. 20,16) y servidor de los otros (Mt. 23, 11).
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