Una nota sobre “Todos educamos al feminicida” de Marilú Martens

Las últimas semanas en Chicago han tomando gran parte de mi tiempo y recién ahora encuentro algo más de libertad. Esto me permite por fin escribir una nota sobre el notable artículo de opinión de la Ministra Martens, publicado hace unos días en El Comercio. Aquí un pequeño extracto:

“El primer paso es reconocer que en nuestra conducta altamente machista se cultivan la discriminación, denigración y violencia contra las mujeres. Cuando limitamos las posibilidades y aspiraciones de nuestras hijas por ser mujeres, les enseñamos a sus hermanos y a ellas mismas que son menos y merecen menos. Cuando hablamos del cuerpo de una mujer como un objeto, no reconocemos el dolor, la alegría, el sufrimiento, la ilusión que también encierra esa mujer como cualquier humano. Cuando tomamos pequeñas conductas machistas, emitimos un mensaje con grandes repercusiones: que los hombres y las mujeres no valemos lo mismo y que el maltrato hacia las mujeres no solo es comprensible, sino justificado”.

Después de su diagnóstico, Martens añade que el Ministerio de Educación está avanzando con firmeza una agenda que impulsa la igualdad de género. No se trata de algo menor, porque es dicha igualdad la que se viene atacando como “ideología de género” y la que, en buena cuenta, le costó el puesto a Saavedra.

Que Martens se mantenga firme es muy importante. La historia nos demuestra que las democracias, especialmente las más frágiles como la nuestra, no solo requieren de leyes e instituciones; ellas requieren de actitudes, de liderazgo, de inspiración. No pretendo decir aquí que Martens encarna la plenitud de todo esto. Tampoco de lo hace Del Solar o que lo hacía Saavedra. Lo cierto es, sin embargo, que con toda la debilidad política que el gobierno de PPK tiene, él ha sabido escoger a un pequeño puñado de ministros notables que están peleando por una agenda de inclusión y respeto de derechos en nuestro país.

Uno puede estar de desacuerdo en relación a las políticas económicas o medidas de otro tipo, pero creo que es difícil desestimar que se está dando una dura batalla en el frente de derechos humanos. La batalla es dura porque el fujimorismo es poderoso en el congreso y con la gente. En el caso concreto al que nos referimos, además, porque el machismo del que todos adolecemos está demasiado inserto en nuestro imaginario colectivo. Erradicarlo tomará tiempo, pero Martens y otros están sumándose de modo decisivo a ese esfuerzo.

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