Creo que esta es la mejor reseña que he leído sobre el Papa Francisco

Ahora que por fin ando un poco más libre he empezado a leer un poco más cosas que animan mi interés pero que a veces me alejaban de otros asuntos que tenían prioridad. Entre mis nuevas y recientes lecturas encontré una extraordinaria reseña del Papa Francisco en National Geographic. El texto está muy bien hecho, bien investigado y creo que da un balance perfecto de la situación. Los animo mucho a su lectura. Es un poquito largo para los estándares de internet, pero de veras que vale la pena. ¡Disfruten!

http://ngm.nationalgeographic.com/2015/08/vatican/draper-text

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La carta que el Papa Francisco escribió en honor a Monseñor Óscar Romero

 

Amigos, gracias a The Tablet me enteré (tarde) de esta bellísima carta que el Papa Francisco escribió en honor de la beatificación de Monseñor Romero. La carta, dirigida al actual Arzobispo de San Salvador, es un homenaje tan bien puesto y tan lleno de convicción que decidí copiarla para que puedan leerla. La única versión que encontré en español es de ACI Prensa, cosa que me pone un poco incómodo  dada la mínima estima que tengo por esta fuente. He revisado la versión inglesa antes y no parece haber ninguna alteración, sin embargo. Así que creo que esta vez podemos confiar en el reporte de este medio. Disfruten la carta, aunque más que una misiva ella con toda justicia debería pertenecer al género de los salmos, al de esas oraciones que salen de lo profundo del alma:

“Querido Hermano:

La beatificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez, que fue Pastor de esa querida Arquidiócesis, es motivo de gran alegría para los salvadoreños y para cuantos gozamos con el ejemplo de los mejores hijos de la Iglesia. Monseñor Romero, que construyó la paz con la fuerza del amor, dio testimonio de la fe con su vida entregada hasta el extremo.

El Señor nunca abandona a su pueblo en las dificultades, y se muestra siempre solícito con sus necesidades. Él ve la opresión, oye los gritos de dolor de sus hijos, y acude en su ayuda para librarlos de la opresión y llevarlos a una nueva tierra, fértil y espaciosa, que «mana leche y miel» (cf. Ex 3, 7-8). Igual que un día eligió a Moisés para que, en su nombre, guiara a su pueblo, sigue suscitando pastores según su corazón, que apacienten con ciencia y prudencia su rebaño (cf. Jer 3, 15).

En ese hermoso país centroamericano, bañado por el Océano Pacífico, el Señor concedió a su Iglesia un Obispo celoso que, amando a Dios y sirviendo a los hermanos, se convirtió en imagen de Cristo Buen Pastor.

En tiempos de difícil convivencia, Monseñor Romero supo guiar, defender y proteger a su rebaño, permaneciendo fiel al Evangelio y en comunión con toda la Iglesia. Su ministerio se distinguió por una particular atención a los más pobres y marginados. Y en el momento de su muerte, mientras celebraba el Santo Sacrificio del amor y de la reconciliación, recibió la gracia de identificarse plenamente con Aquel que dio la vida por sus ovejas.

En este día de fiesta para la Nación salvadoreña, y también para los países hermanos latinoamericanos, damos gracias a Dios porque concedió al Obispo mártir la capacidad de ver y oír el sufrimiento de su pueblo, y fue moldeando su corazón para que, en su nombre, lo orientara e iluminara, hasta hacer de su obrar un ejercicio pleno de caridad cristiana.

La voz del nuevo Beato sigue resonando hoy para recordarnos que la Iglesia, con vocación de hermanos en torno a su Señor, es familia de Dios, en la que no puede haber ninguna división.

La fe en Jesucristo, cuando se entiende bien y se asume hasta sus últimas consecuencias genera comunidades artífices de paz y de solidaridad. A esto es a lo que está llamada hoy la Iglesia en El Salvador, en América y en el mundo entero: a ser rica en misericordia, a convertirse en levadura de reconciliación para la sociedad.

Monseñor Romero nos invita a la cordura y a la reflexión, al respeto a la vida y a la concordia. Es necesario renunciar a «la violencia de la espada, la del odio», y vivir «la violencia del amor, la que dejó a Cristo clavado en una cruz, la que se hace cada uno para vencer sus egoísmos y para que no haya desigualdades tan crueles entre nosotros». Él supo ver y experimentó en su propia carne «el egoísmo que se esconde en quienes no quieren ceder de lo suyo para que alcance a los demás». Y, con corazón de padre, se preocupó de «las mayorías pobres», pidiendo a los poderosos que convirtiesen «las armas en hoces para el trabajo».

Quienes tengan a Monseñor Romero como amigo en la fe, quienes lo invoquen como protector e intercesor, quienes admiren su figura, encuentren en él fuerza y ánimo para construir el Reino de Dios, para comprometerse por un orden social más equitativo y digno.

Es momento favorable para una verdadera y propia reconciliación nacional ante los desafíos que hoy se afrontan. El Papa participa de sus esperanzas, se une a sus oraciones para que florezca la semilla del martirio y se afiancen por los verdaderos senderos a los hijos e hijas de esa Nación, que se precia de llevar el nombre del divino Salvador del mundo.

Querido hermano, te pido, por favor, que reces y hagas rezar por mí, a la vez que imparto la Bendición Apostólica a todos los que se unen de diversas maneras a la celebración del nuevo Beato.

Fraternamente,

FRANCISCO

Vaticano, 23 de mayo de 2015”.

El texto ha sido tomado de: https://www.aciprensa.com/noticias/texto-papa-francisco-mons-romero-alienta-reconciliacion-en-el-salvador-90415/

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Gustavo Gutiérrez: el coraje de mirar lejos

Hace unos días publiqué en la Revista Ideele un artículo de homenaje a Gustavo Gutiérrez. Se trata de una breve nota que trata de poner el trabajo de Gustavo y su persona en perspectiva más amplia, sobre todo en perspectiva eclesial. Si se animan, acá les dejo el link para que puedan acceder al texto:

http://revistaideele.com/ideele/content/gustavo-guti%C3%A9rrez-el-coraje-de-mirar-lejos

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Una esperanza capaz de hacer historia

Una de las frases más hermosas que uno encuentra en la Evangelii gaudium del Papa Francisco, al menos a mi juicio, aparece bien entrados en el texto. Como toda frase que nos toca, es ambigua y profunda. En el numeral 181, el Papa escribe: “La verdadera esperanza cristiana […] siempre genera historia”. ¿Pero qué significa “generar historia” y cuál es la naturaleza de la “esperanza cristiana”? Evidentemente hay muchas maneras de leer esto. Me gustaría proponerles una a manera de breve reflexión sobre dos profundamente poderosos acontecimientos recientes: los asesinatos en Charleston, EEUU, y la decisión de la Corte Suprema del mismo país según la cual el matrimonio entre parejas del mismo sexo es un derecho inalienable en todo el país y ya no más una potestad de los estados.

La esperanza es siempre una cuestión compleja. Ella indudablemente requiere fe. La fe puede ser religiosa o no. En el caso del cristiano se trata en efecto de una fe religiosa y de una que tiene a Cristo y al reino que él proclama en el centro. De hecho, la frase que he citado dice en la línea que omití “esperanza cristiana, que busca el Reino escatológico, ..”. La esperanza, cristiana o no, se encuentra siempre a la expectativa de algo por venir. Aquella de raíz cristiana, sin embargo, espera el reino; el reino que viene en el final del tiempo (escathon). ¿Pero qué es lo que define al Reino? Esta es, por supuesto, una cuestión de debate teológico que no me interesa de momento. Una lectura básica del texto bíblico, base de la fe de los cristianos, no da mucho espacio para las dudas: el cristiano se encuentra a la espera de un reino de paz, de amor, de justicia. En suma, se encuentra a la espera de la llegada del Reino de Dios. Así los profetizaba Isaías claramente y así lo deja claro Jesús cuando lee Isaías 61 en el templo: el Reino de Dios es un acontecimiento, no un lugar; el el acontecimiento del año de gracia del Señor. Lo más interesante, no obstante, es que si uno presta atención al texto nota que la gracia del Señor es su justicia: buenas noticias para los pobres, sanación para el corazón herido, libertad para los cautivos, consuelo para los afligidos (Is. 61: 1-3). Ignacio Ellacuría lo dice bellamente en un largo ensayo titulado “Fe y justicia”: la manifestación histórica del amor de Dios es su justicia.

Pero esto nos lleva a la segunda parte, quizá la más enigmática, de mi referencia a la Evangelii gaudium: el hacer historia. Las observaciones que acabo de ofrecer, sin embargo, pueden ayudarnos a esclarecer lo que el Papa nos dice y, así, conectarnos con los acontecimientos que estimulan este breve post. Si la esperanza es una esperanza en un Reino de amor y de justicia y si el amor se ha de manifestar en la historia como la búsqueda permanente de justicia en un mundo que la experimenta tan pocas veces; creo que es justo pensar que “hacer historia” significa encarnar el amor en la historia, esto es, hacer que se materialice la justicia entre nosotros. Paulo Freire lo decía con gran agudeza en otro contexto: una verdadera transformación, una que acabe con la opresión en la que tantos viven, solo es posible como un acto de amor. Esto, por supuesto, requiere esperanza. Una esperanza, como decía San Pablo, contra toda esperanza; una esperanza que casi casi se encuentra al borde del absurdo pues lo que vemos casi todo el tiempo son acontecimientos que enmudecen nuestra voz y aniquilan nuestra esperanza.

Pero hay días que nos devuelven la esperanza y que nos hacen pensar que el amor trasciende las incontables injusticias que vemos todos los días. Ayer la Corte Suprema de los EEUU hizo historia, esa historia que es la consecuencia de la verdadera esperanza (cristiana o no). Y esto hay que verlo en perspectiva histórica, de hecho. La lucha de la comunidad LGTB ha sido larga y tenaz en los EEUU. Ella ha costado muchas vidas, muchos maltratos físicos, psicológicos, estructurales. Muchos murieron en el camino sin poder siquiera anticipar lo que pasó ayer; quizá muchos de ellos murieron sin esperanza. Ayer, sin embargo, la esperanza hizo historia, esto es, se encarnó como un amor que es a la vez justicia. Al menos eso es lo que pienso cuando veo en las redes sociales el #Lovewins: ganó el amor porque en un mundo donde no abunda la justicia, el amor se manifiesta precisamente como un re-establecimiento de aquello que se ha perdido. En este caso, lo que se había perdido es la capacidad de ver que el amor es una cuestión de libertad, de entregarse al otro profundamente, arriesgadamente, quizá permanentemente. Para que ganara el amor, no obstante, tocaba re-establecer la justicia que permite amar. Ayer la Corte Suprema hizo historia haciendo precisamente eso. Es un día para celebrar.

Existen eventos trágicos, en contraparte, que nos muestran el rol de la esperanza en su naturaleza indescriptible, en su forma más extrema. Eso es lo que vimos en Charleston. Cuando Dylaan Roof, un muchacho de tan solo 20 años, asesinó brutalmente a esa comunidad de lectura de la Biblia (mientras, precisamente, hacía eso, leer la Biblia) uno solo puede hacerse preguntas por el sentido de ser-humano y sentir que tener esperanza es una cuestión irracional o al menos inconducente. Y luego, un día o dos después de este trágico acontecimiento, cuando los familiares de las víctimas fueron entrevistados por la prensa, uno no puede sino quedarse sin palabras: “nunca podré abrazarla de nuevo, pero te perdono” sostuvo la hija de una de las víctimas dirigiéndose a quien la asesinara; “no hay lugar para el odio, tenemos que perdonar”, dijo una hermana; “hago oración por tu alma”, afirmó otro de los familiares pensado en el victimario. Por supuesto, siempre podemos ser cínicos y sugerir que estas personas no sienten lo que dicen, que lo hacen porque se trata de declaraciones públicas. O, como un muy querido y bien intencionado amigo dijo por allí, al menos deberíamos considerar que estos son sentimientos prematuros y que lo que estas personas deben hacer es darse tiempo para procesar lo que ha pasado.

Todo esto es posible; mas la otra opción lo es también: quizá en efecto ellas le ofrecen al asesino el don de su perdón. Y el don, como bien ha dicho Jean-Luc Marion es pura gratuidad, excede el orden de las causas. Quizá lo que ellos han hecho es ofrecer el puro donarse de su perdón, como un regalo, como un don que no nos toca comprender, sino aceptar, abrazar, como un don para nosotros también: el don de ver la esperanza actuando en medio del dolor, la miseria y la injusticia.

Seamos cuidadosos, sin embargo, porque el lector apresurado podría pensar que este segundo ejemplo se olvida de la importancia del amor que reestablece la justicia: Dylann Roof merece ir a la cárcel porque hizo algo innombrable y porque es un peligro para la sociedad. Y, dicho esto, sin merecerlo, ha recibido el perdón de a quienes más daño hizo. El don del perdón, que es otra forma de hacer historia, es, pues, siempre inmerecido. Amor y justicia son una unidad y ofrecer el don del perdón en medio de la injusticia es otra forma de hacer este mundo un poco mejor, un poco más justo, un poco más lleno de esperanza en que las cosas no son tan horrendas incluso cuando lo son. Ese don es una gracia impresionante, que nos deja perplejos. Así lo interpretó el Presidente Obama también, cuando entonó Amazing Grace al final de su discurso en honor de las víctimas de Charleston.

En estos días cuando parece que el sol sale y se oculta a la vez, toca tener esperanza. No sé si los motivos nos sobran, pero tenemos aquí dos muy distintos y muy poderosos. Que se avive nuestra esperanza y que ella, si es verdadera, nos anime a hacer historia.

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The Brauer Seminar

En el trimestre de invierno en la Universidad de Chicago se ofreció un seminario que cautivó mi interés de gran manera: The Brauer Seminar. El seminario de este año estuvo dedicado a las respuestas que cristianismo y judaísmo han dado a los estudios críticos de la biblia. Este es, por supuesto, un problema de corte histórico; pero mi aproximación a él fue siempre filosófico-teológica: ¿cuál es el estatus epistemológico de la biblia?, ¿podemos aún hablar de revelación bíblica sin caer en ingenuidades?, ¿cuál es el sentido de la palabra “crítico” cuando hablamos del “estudio crítico de la biblia”?, etc. Esta clase tuvo como objetivo discutir varias de estas preguntas y muchas otras más a través de la lectura detenida de material muy diverso: desde las críticas tempranas que encontramos, por ejemplo, en Spinoza, hasta autores muy recientes que discuten el problema con profundidad. Cada semana tuvimos como tarea escribir un pequeño ensayo en respuesta a las lecturas asignadas, articulando una posición, plateando problemas, etc. En ese sentido, lo que iré colocando aquí a manera de posts son mis ensayos. Por motivos obvios, no puedo reproducir aquí las lecturas que hicimos para escribir tales ensayos, pero indicaré siempre la bibliografía cubierta para que el lector interesado pueda acceder a los textos. Estoy seguro, sin embargo, de que los textos logran entenderse por sí solos y que eso dará perspectiva al lector. De otro lado, sin bien los textos son autónomos en su gran mayoría, cada uno constituye un ejercicio de progresión en mis ideas. De ahí que sea recomendable leerlos en orden para ver cómo los últimos refinan el argumento y dan mejor forma a lo que podríamos llamar una visión de conjunto. Empiezo mañana, entonces, con esta serie de posts que tomará, anticipo, un buen número de semanas. ¡Saludos!

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Francisco, una cuestión de perspectiva

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Amigos, ¡es tiempo de volver a escribir! Hoy les dejo una columna que se publicó hoy en el diario La República (Perú). Se trata de una breve nota sobre el Papa Francisco y sobre cómo comprender su role frente a las exigencias que le plantea nuestro tiempo. En los días que siguen empezaré a organizar el blog de modo que pueda empezar a compartir con ustedes el material en inglés que prometí semanas atrás. ¡Saludos!

Este es el link para el texto sobre Francisco:

http://larepublica.pe/politica/8730-francisco-una-cuestion-de-perspectiva

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Tiempos de transición (o repensando la orientación del blog)

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Hace ya varios meses vengo batallando con una pregunta que se posa sobre mí como la espada de Damocles: ¿cómo darle continuidad al blog durante los años que estaré fuera del Perú llevando a cabo mis estudios doctorales? Quizá, de modo más preciso, ¿cómo darle continuidad al blog sabiendo que el tiempo no abunda y que a pesar de que sigo escribiendo muy seguido para otros fines, no lo hago más en español?

Después de darle varias vueltas y consultarlo con otros amigos en situaciones similares, he tomado una decisión que, con sus dificultades inherentes, considero la mejor: voy a empezar a publicar en inglés.

En ese sentido, este pequeño post supone una cierta despedida respecto de una temporada en la que el blog tuvo como única audiencia lectores en español. Por supuesto, este cambio no supone que no escribiré en español nunca más, pero sí que la mayor parte de lo que publique de ahora en adelante será en inglés puesto que todo mi trabajo se desarrolla en ese idioma hace ya un par de años y darme tiempo para escribir material especial en español para el blog no es realista.

Sé muy bien que un buen número de mis lectores habituales no tendrán problema con este cambio y que, más bien, lo verán con buenos ojos dado que podré compartir con ellos mis trabajos más recientes. Con aquellos que encontrarán dificultades con esta transición, no me queda sino disculparme. Esta no ha sido una decisión sencilla y entiendo bien que implicará perder algunos lectores. No obstante, Sagrada Anarquía se ha convertido en un blog bastante infértil ya debido a mi falta de publicaciones, razón por la cual he decidido tomar el riesgo de perder algunos lectores que puedan tener dificultades con el inglés a perderlos a todos por falta de frecuencia en las publicaciones. De todos modos prometo escribir siempre un párrafo de contextualización en español (a modo de una sumilla) para introducir el texto. Con suerte ello facilitará la lectura para aquellos que sabiendo inglés no están muy habituados a la lectura en ese idioma.

Llegado a este punto, solo me queda pedir la indulgencia de los lectores que me toque perder y, a aquellos que permanezcan o más bien recién empiecen, solo me toca pedirles su compañía generosa en esta nueva etapa. Escribir en la segunda lengua siempre tiene limitaciones, así que desde ya me disculpo por cualquier problema gramatical o idiomático que puedan encontrar. Esta es, pues, una aventura conjunta con riesgos que nos implican mutuamente. Ojalá sea una oportunidad para crecer en conversación. El tiempo lo dirá.

Los invito, entonces, a la lectura de esta nueva versión del blog. Empezaré a postear material muy pronto. ¡Saludos!

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Conferencia en Chicago

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Queridos amigos,

Tengo hace buen rato el blog bastante abandonado. Me apena mucho, pero me ha tocado ser realista con el tiempo y aceptar que no puedo darle prioridad. Sin embargo, sigo trabajando muy activamente en muchos proyectos relacionados con el blog y escribiendo tanto como puedo, pero para contextos diversos que no me permiten hacerlo también en este espacio que aprecio tanto.

Esta vez, como notarán, no escribo en realidad para desarrollar ideas, sino para anunciar una pequeña presentación que tendré en la Universidad de Chicago, donde desarrollo mis estudios de doctorado hace ya algunos meses. La conferencia, que se basa en un capítulo de un libro que saldrá publicado en unos meses, tiene como objetivo ofrecer una mirada teológica de conjunto a lo que va del papado de Francisco. Lo que planteo es que una buena manera de entender las intervenciones públicas del Papa así como su Evangelii gaudium es a través del desarrollo de un método teológico que ponga en diálogo crítico cristianismo e historia teniendo como clave hermenéutica el problema del pobre. Desafortunadamente, no puedo publicar el capítulo del libro por esta vía, así que solo hago referencia a la propuesta que en él desarrollo.

Sé, por supuesto, que la gran mayoría de ustedes no podrá atender la presentación. La anuncio, sin embargo, para renovar un compromiso de trabajo asumido en este blog, haciendo notar que aunque a la distancia y lleno de responsabilidades, las cosas en lo más profundo no han cambiado, los mismos temas se siguen desarrollando y los compromisos que dieron vida a este blog se van ahondando también. Posiblemente la próxima semana, sin embargo, publicaré unas líneas más substanciales con alguna información sobre mi proyecto para el doctorado y algunas otras ideas. ¡Conversamos pronto!

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Traducción al español de John D. Caputo’s The Weakness of God

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Queridos lectores, me reporto después de algo de tiempo debido al atareado ritmo de trabajo del doctorado en la Universidad de Chicago. Tengo algunos temas pendientes de publicación en el blog, como por ejemplo una versión revisada de mi proyecto de investigación doctoral que, después de un semestre en clases con Martha Nussbaum, ha tomado algo más de forma. Sin embargo, esta vez escribo solo una nota de anuncio: se ha publicado finalmente mi traducción de The Weakness of God y ayer me llegó vía correo la copia física del libro. El texto ya se encuentra a la venta en Argentina, donde se publicó vía Prometeo Libros. Me imagino que en las próximas semanas copias serán enviadas a diferentes partes de América Latina.

Me pasé buena parte del día de ayer revisando la edición y, la verdad, la encuentro excelente. Un texto muy bien cuidado en la corrección, de elegante presencia y diagramación. Me toca agradecer a mi editor, Ricardo Álvarez, por el empeño puesto en la publicación. Aprovecho para agradecerles a Sue Ellen Olivares y  a Luz Ascárate por su ayuda, un agradecimiento que está también por escrito en el libro.

Sin más, los invito a leer el texto cuando tengan oportunidad. Me parece que se trata de un libro muy importante de Caputo. Según él mismo, el más importante. La debilidad de Dios, me parece, es una pieza decisiva para la teología y la filosofía de la religión contemporáneas y ahora, disponible en nuestro idioma, creo que no hay excusa para no incorporarla en el debate en nuestra región. El texto cuenta, además, con dos adiciones significativas: por un lado, me tocó escribir una introducción para situar el pensamiento de Caputo, la misma que, cercana a las 40 páginas, pretende ofrecer una mirada comprehensiva de su obra; por el otro, Jack accedió a escribir un nuevo prefacio a mi traducción, en el cuál él mismo hace una suerte de autobiografía intelectual de gran valor y, para los interesados, allí también discute con Slavoj Zizek, haciendo patentes sus importantes diferencias teóricas a la hora de hablar de Dios.

¡Buena lectura!

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In memoriam

Los últimos días han sido días de duelo para mí y para mi familia. En menos de dos semanas hemos visto partir a por lo menos cuatro personas queridas, pero entre ellas dos se destacan notoriamente: John y Saúl Suárez. Estar tan lejos del Perú, inevitablemente, lo convierte a uno en espectador de dolores, en un sufriente lejano incapaz de estar al lado de los que lloran, de darles un abrazo, de decirles cuánto siento la partida de estos amigos queridos que nos han precedido en el camino. Que sean estas breves líneas, entonces, una forma de dar ese abrazo, de conmoverme con ustedes a la distancia, de decirles cuánto John y Saúl marcaron mi vida y cuánto serán siempre extrañados.

Quizá la mejor manera de honrar su memoria sea, precisamente, recordarlos avivando el recuerdo de cómo impactaron mi vida. John tenía la edad de mi padre; Saúl era algo más de diez años menor. Uno en sus 50, el otro en sus 40: dos hombres jóvenes que nos dejaron muy pronto. Su presencia, sin embargo, se recuerda con fuerza. Menciono su edad porque es ella, justamente, la que me hace pensar en la alegría que siempre me dieron con su presencia. Recuerdo que alguna vez una tía lejana se preguntaba con cierto asombro en la Peña porqué me gustaba tanto sentarme a conversar con “los tíos”. No recuerdo si aquella vez tuve una buena respuesta. La tengo con toda claridad hoy: porque John y Saúl casi siempre estaban presentes.

Todo el que los conoció sabe bien cuánta alegría siempre llevaban a toda reunión estos dos primos. Gente llena de energía, llena de buen humor, rebosante de una alegría que contagiaba hasta al más adusto señorón. Pero quizá pocos entiendan cómo esto se volvió para mí y para algunos otros un puente entre generaciones. Gente como John y Saúl hizo tantas veces que yo pudiese estar sentado en una mesa con amigos de la generación de mi abuelo, de la de mi padre y de la mía, compartiendo una cerveza, una broma, una buena historia con una naturalidad que despertaba la extrañeza de esta tía y seguro la de algunos otros. Y es que es verdad, ¿con qué frecuencia personas de edades tan disímiles y con historias tan distintas comparten por tantas horas, tan feliz y espontáneamente? A veces me pregunto si mi cariño por Caravelí, me perdonará mi familia, no creció enormemente gracias a estos dos grandes hombres y no necesariamente gracias a mis padres o abuelos. No tengo una respuesta clara para eso, pero sé muy bien que John y Saúl tuvieron un rol decisivo en ese proceso de acercamiento y amor al Club, a la provincia, a su gente. Eso, de suyo, ya constituye una razón para recordarlos siempre, con alegría y con una gratitud indescriptible.

Quizá lo último que quisiera hacer es traer una memoria muy viva, una memoria que como tal contribuye a celebrar la vida. Pues, tocaría preguntarse, ¿qué es la muerte sino una ocasión para celebrar la vida, para recordar a quien nos dejó y, en ese dolor, celebrar todo lo que nos dio, todo el amor que nos dejó? No tengo un recuerdo claro de mi último buen rato con mi tío John, pero sí tengo uno muy nítido de mi tío Saulito. En este último me gustaría concentrar lo que los dos siempre representaron para mí: motivos de inmensa alegría. Era el cumpleaños de mi padre, primero de enero, y Saulito vino de visita a la playa. Comimos, bebimos, bromeamos. La pasamos tan bien que en un arranque de entusiasmo, o quizá en un exceso de él, Saúl y yo decidimos irnos a Lima a ver a dónde nos llevaba la noche. Terminamos, finalmente, cerca de mi casa, cantando en un karaoke como tanto le gustaba a él. Eramos de los pocos en el lugar. Allí lo conocían bien. Saulito era un caserito. Cantamos, bromeamos, bebimos. Fue un día lleno de alegría, una forma maravillosa de empezar el año. Esa no fue la última vez que nos vimos, pero sí la última que compartimos un largo rato entre bromas, abrazos y cariño. La última vez que estuvimos juntos fue en mi cumpleaños, hace poco más de un año. Saulito me regaló una botella de pisco. Un Portón, “es un piscazo, sobrino –me dijo”.

Qué curiosa es la vida. Hoy, en Chicago, sentado en mi escritorio a pocos días de su partida, tengo esa botella frente a mí, muy cerquita. No la dejé en Lima, preferí traérmela conmigo. Nunca la abrí, sin embargo. Quise esperar siempre un momento oportuno, un momento digno de quien me había regalado ese pisquito. En esta noche fría, fría por la ausencia del calor de John y Saulito, toque quizás abrirlo y servir un poquito para calentar este frío, para recordarlos en estos días tristes, para decirles “salud” siempre, queridos tíos y amigos. Descansen en paz. Nosotros nos encargaremos de honrar su memoria y de compartir con los demás su alegría.

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