Las serpientes de la educación

Amigos, olvidé compartirles esta columna que salió en La República hace algunos días.

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En su imprescindible comentario al libro del Génesis, Martín Lutero, con la agudeza de intérprete que siempre lo caracterizó, hizo notar un elemento por casi todos desapercibido en la tentación de la serpiente. En dicha escena (Gen 3:3), señala Lutero, el pecado no consiste propiamente en haber comido de la manzana, sino en haberse coludido con la serpiente subrepticiamente negando a Dios.
 

Lutero nota esto (en el texto en latín) en la versión alterada que Eva da de la prohibición divina. En el relato, Dios dice que si Adán y Eva comen del fruto del árbol morirán. Eva, no obstante, inserta el condicional y le dice a la serpiente que si lo comen podrían morir («ne forte moriamur»). La serpiente, sutilmente, ha logrado ya su cometido. Ha generado en ellos confusión haciendo que de modo casi imperceptible se deje de decir la verdad. La trampa está en la sutileza, pues casi no se nota la gravedad de lo que está sucediendo. Parece tan natural y, sin embargo, se trata de la negación de la voluntad divina.
Me parece que la reflexión de Lutero ofrece luces para pensar en buena parte del debate reciente sobre la educación nacional. El problema del que me quiero ocupar es el de la llamada “ideología de género”. Esta vez, sin embargo, a diferencia de un texto anterior, no quiero concentrarme en el dogmatismo de algunos críticos, sino en su genuino temor.
En las semanas previas empezó a circular con cierta fuerza el hashtag #ConMisHijosNoTeMetas. Con él se pretendía aglomerar a padres preocupados por sus hijos y la educación que reciben en los colegios. Y, claro, ¿qué padre o madre responsable no se preocupa por sus hijos?, preguntan las serpientes. Pero no es sólo preocupación general, sino el temor de que cierta “ideología” deforme la identidad de los niños. Y los niños son tan vulnerables, por supuesto. ¿Quién querría ponerlos en riesgo?, interrogan las serpientes nuevamente.
Utilizando preocupaciones genuinas y motivaciones inicialmente bien intencionadas, numerosos padres de familia están siendo engatusados por las serpientes de la educación peruana. Líderes religiosos se han sumado también a esta desafortunada causa, en muchos casos producto de su ignorancia, pero, en varios otros, como consecuencia de su complicidad con un sistema que aduciendo defender “valores” no hace más que perpetuar los privilegios de algunos a expensas del bienestar de muchos.
Si me animo a escribir otra vez sobre este tema no es con la esperanza de convencer a quienes no escuchan razones, sino con la de invitar a aquellos que sienten genuino temor por la educación de sus hijos a pensar si en verdad hay razones para temer. Quisiera decir con firmeza que no. Lo que sucede, en cambio, es que gente con intereses económicos se quiere aprovechar de la genuina preocupación de las familias. Gente a la que no le interesa más que su propio beneficio quiere usar el amor que usted siente por sus hijos para alimentar el fuego de sus venganzas políticas.
Porque si se trata de defender a los chicos, le pregunto: ¿no es la mejor defensa aquella que busca que a sus hijos se les trate por igual, independientemente de si son chicos o chicas? ¿No le gustaría que si su hija quedase embarazada el sistema educativo le asegure respeto y cuidado en vez de estigmatización o la interrupción de sus estudios? ¿No preferiría usted que sus hijos sepan cuidar su cuerpo y denunciar cualquier abuso? Me sorprendería profundamente que usted se opusiese a estos valores.
Pues todos ellos son los que defiende explícitamente el Nuevo Currículo Nacional. Señor, señora, no se deje engañar. Esta discusión está llena de serpientes que quieren confundirnos mezclando mentiras con verdad. Por supuesto que tenemos que proteger a nuestros niños, pero protegerlos no supone aliarnos con aquellos que solo procuran su propio interés.
Hoy parece que la suerte está echada y que la censura del ministro Saavedra procederá, pero mi punto va más allá de una persona y de un ministerio. La cuestión de fondo es una invitación a ir más allá de nuestros miedos en busca de información honesta y balanceada, en busca de la verdad. La batalla por la educación es sólo una de varias que nos esperan y no debemos permitir que las serpientes nos engullan ocultando como siempre la verdad.

 

http://larepublica.pe/politica/830808-las-serpientes-de-la-educacion

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